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SÍNTOMAS DE LOS TOROS MANSOS
Salen barbeando las tablas y si pueden saltan queriendo huir. Levantan las manos poniéndolas por delante. No se arranca de largo y a veces se va del cite.
A los
caballos no se arranca, si no se le tapa la salida. No aprieta y sale
suelto.
Se para, escarba y olfatea. Coge querencias a chiqueros y tablas. Embiste con la cara alta Da la vuelta al revés. Se rajan. No humillan y hay que darles los adentros. Hacen extraños, reculan y se van de la suerte. Estas características son síntomas con los que se mide la "bravura suficiente" de algunos toros de lidia, toros que por las cosas que hacen, no embisten tan bien como nos gustaría para disfrutar del buen hacer de un torero. Los toros que presentan esta bravura defectuosa que no permite un buen lucimiento artístico. Embisten mal, pero embisten, y cuando el torero los entiende se pueden lidiar casi siempre. En algunos casos se les puede realizar una "lidia" tan eficaz que también agrada al publico. Además no debemos confundir genio con casta, que son cosas diferentes, ni tampoco toro sin fuerzas con, el toro que se raja. El toro que se queda sin fuerzas porque está muy herido, pero que es bravo, seguirá queriendo coger y herir, pero lo hará de una forma artera, tirando cornadas, venciéndose sin nobleza. Sin humillar, embistiendo para levantar la cabeza valientemente al alcanzar al enemigo, porque no lo puede hacer ya cuando le faltan las fuerzas, emplea otras formas sucias de atacar para lograr ese objetivo que le sigue imponiendo su instinto. El toro que «se raja», es el que se para, anda para atrás, escarba y busca un sitio por donde huir... Se para y cuando acude al engaño, lo hace «distraído» como si quisiese apartarlo porque le estorba, pero no le provoca. Renuncia a la lucha, está acobardado, busca la puerta de los chiqueros y «camina» hacia la barrera queriendo huir. La casta, que es todo lo contrario, le hace seguir al toro los engaños muy deprisa, no quiere perderlos y vence la inercia de su masa revolviéndose rápidamente, sin seguir hasta donde el torero quería mandarlo. No se aparta del capote y la muleta, siguiendo su recorrido para que el torero pueda colocarse y ligar bien el siguiente pase, son pegajosos y muy molestos para el torero, que le resulta muy difícil dominar la situación. Si se consigue, las cosas lucen mucho.
En cualquier caso los toros con estas características presentan problemas muy difíciles para el torero. Tiene que recurrir a toda su seguridad y para suavizar esas embestidas tiene que «pelearse con él», cortarle el viaje con la muleta, revolverse más aun, ganarle distancia y tiempo para volverle a meter en la muleta y cansarlo. Esta pelea es difícil y requiere mucha seguridad y valor, pero si se consigue estos toros mejoran su forma de embestir. La casta, en la plaza se admite para los toros que embiste como hemos dicho. Cuando un toro de cualquier ganadería reúne estas características se dice que tiene «mucha casta», que es algo así como el piropo que dedican los mejicanos a alguien que hace algo bien y a su gusto, que dicen que es de «buena madre» aunque no la conozcan, pero le aplican ese calificativo por sus actos.
Y esto es algo elemental y básico, con los que si quieren ser toreros pueden hacerse una idea de a lo que se van a enfrentar alguna vez.
TOREAR
Se ha dicho que torear es conducir la embestida al toro por donde interesa al torero. Para eso cuenta con tres elementos fundamentales que son: los capotes, las muletas y el propio cuerpo.
La muleta se hace de un paño, generalmente rojo, que extendido tiene prácticamente la misma forma que el capote y que se dobla y se apoya en un palo (estaquillador) con una punta metálica, para sujetar el palo sobre el que se dobla la tela. Este palo permite manejar este engaño con una sola mano. Cuando se usa la muleta para torear, siempre se lleva también la espada (normalmente simulada con un material más ligero que el acero, para que pese menos). La espada, que nunca debe salir de la mano derecha. La muleta puede estar en las dos manos, indistintamente, de forma que cuando pasa a la mano derecha, la espada sigue allí y los derechazos, redondos y doblones por bajo y todos los muletazos que se dan con esta mano son con la muleta apoyada en la espada, con lo que se aumenta la superficie que provoca al toro.
El
torero, con esos elementos, tiene que conducir el recorrido del toro.
Es como si en la mano que Para que este toque tenga efecto y enganche el hilo que conducirá al toro, hay que colocarse en el sitio. Los toros bravos se arrancar a una determinada distancia. Cada uno tiene la suya y depende de lo que cada toro valore como «su espacio». Pero además están los terrenos, que son los diferentes sitios de la plaza y que influyen en la manera de embestir de cada toro, según sea su grado de bravura y su dependencia de las querencias. La querencia, es la tendencia que tienen algunos toros a irse a algún sitio donde se encuentran más seguros. Los toros muy bravos embisten igual en cualquier sitio de la plaza y entonces no hay que tener en cuenta los terrenos, pero habrá que averiguar «el sitio» y acertar con la distancia. La distancia es una mediada que hay que adivinar. Varia para cada toro y en cada momento de la lidia. Según la bravura el toro va a "sentir" la provocación del enemigo a una distancia que en ese momento invade su "territorio". El torero debe tantear esta distancia en muchos casos. Así cuando el torero y el toro están solos, sin nada que distraiga ni llame la atención del toro, el torero puede andar bastante separado del toro acercándosele despacio y moviendo suavemente la muleta para esperar a que el toro preste atención al engaño, el toro en un momento inicia un gesto y es el momento en que habrá que darle el "toque", para que el toro centre su embestida en el engaño. Al llegar cerca, iniciará el pase que se le vaya a dar. El engaño deberá moverlo el torero suavemente, lo mas cerca que pueda del toro, pero sin dejarlo que lo toque nunca. Este movimiento que se dice "correr la mano al toro" habrá que calibrarlo para que el toro siga en su recorrido hasta un sitio, donde el torero lo quiere "mandar", donde el toro girará. Los pases siguientes, se podrán ligar solo girando el torero o bien tendrá que buscar una nueva distancia, donde el toro admita la provocación de un nuevo "toque".
EL TOQUE
"El
toque", es como enganchar el hilo del que se tira todo lo suavemente que se pueda
y el toro, muy cerca del engaño, lo seguirá y En el toreo, no para nada, siempre hay algo en movimiento, muleta, capote, brazos y el toro, que con la composición de tanto movimiento es como se consiguen esos conjuntos armónicos que son, en muchos casos, un arte plástico muy notable. Otra cosa es estarse quieto, sin casi mover el cuerpo y las piernas, toreando con los brazos y la cintura, salvo en los casos de cargar la suerte, adelantando una pierna para alargar el lance y el recorrido del toro.
CON EL CAPOTE
Son los brazos los que marcan la trayectoria del toro y la mano la que mueve el hilo imaginario que indica su desplazamiento. La mano «de fuera». La mano que está por delante del torero y se mueve marcando el desplazamiento del toro. La mano «que mueve los hilos». Incluso con el capote, se dice que a los toros se les «corre la mano» para esto. La mano de dentro esta sujetando la otra mitad del capote, al extremo de un brazo inerme pero manteniendo que el engaño se extienda, acompañando el movimiento del toro.
A veces, con el capote no se trata de lucirse, hay sólo que desplazar al toro, para llevarlo al caballo, quitarle o colocarlo en el sitio más indicado para banderillearlo. Es decir, moverlo y cambiarle de terreno. Cuando se trata de quitar al toro de un sitio, hay que distinguir, entre los quites de auxilio, que son los que se hacen en defensa de otro torero o un picador que tiene el toro apretándole, o los quites de lucimiento, que son los que se hacen sólo para exhibir un buen toreo de capote ante el público. En estos lances de lucimiento el torero se está quieto y hace pasar al toro realizando cada lance con los tres tiempos que definen el buen hacer del toreo. Cuando se trata de cambiar al toro de sitio, el torero tratará de embarcar al toro en el capote, haciéndole embestir hacia él, después, con el toro siguiendo muy de cerca el capote, el torero se moverá, corriendo, normalmente hacia atrás, de forma que el toro siguiendo el engaño se desplace hasta donde queremos llevarle. Esto es la brega.
El
capote se emplea fundamentalmente, para «parar» el toro, cosa que así se conoce.
En realidad, como los toros en la mayoría Hay otro tópico que se emplea con frecuencia, posiblemente mal, cuando se refiere a esos momentos en que el toro pasa muy cerca del torero, y se dice en el "embroque" con el toro... El Diccionario de la Real Academia describe "embrocar" en la acepción de Tauromaquia como el acto de coger el toro al lidiador entre las astas. Para aclarar interpretaciones en el mismo Diccionario se explicita que el significado de la palabra coger es: asir, agarrar, tomar. En el Cossio (Tomo I) se describe "embroque" como la disposición en que el torero se halla cerca respecto del toro, cuando si no se moviera recibiría una cornada. Por su parte Sánchez de Neira, lo define así: Momento de ganar el toro el terreno al diestro, metiéndose en su jurisdicción, teniéndole como único objeto al dar la cabezada. Estas dos últimas definiciones correspondían a lo que se hacía a los toros en el siglo XV, donde era normal salir corriendo para evitar la cogida, se estaba inventando el toreo y a los toros no se les "corría la mano". En los tiempos en que vivimos, en lugar de "embroque" debería decirse: El "cruce" del toro con el torero fue muy cerca, o al pasar rozando, o bien "el encuentro" o la "reunión" entre toro y torero en la suerte de ... Todos los tópicos se dicen, y se seguirán diciendo y los aficionados sabemos a que se refieren. Pero si su forma de expresión correcta es, en mucho casos otra, bueno será que los taurinos empecemos a llamar a las cosas por su nombre correcto en honor a nuestros grandes del talento.
La Suerte de Varas, que es ahora el primer tercio, es casi el origen del toreo. Antes que a pie, los picadores estuvieron durante muchos años siendo cabeza de cartel y de ahí les viene el derecho de usar la chaquetilla bordada en oro. La Suerte de Varas, como todo en el toreo y ha pasado de las lanzas a las puyas de detener y de usar caballo con armadura, pasando por los caballos a cuerpo limpio, hasta el peto actual, útil pero muy pesado. El picador tiene problemas porque no puede mover al caballo bien y además las dos rayas continuas no le dejan pisarle el terreno al toro para que embista cuando quiera el picador. También en las plazas de primera, hay que darle por lo menos dos puyazos al toro, sin atender a su condición física.
De esta forma la suerte no se puede ejecutar de acuerdo con las normas básicas del toreo y los toros salen muy dañados del caballo, sin fuerzas para continuar la lidia bien. De tal manera que esto hace pensar que: A) O los toros de ahora no sirven para la suerte de varas. B) O la suerte de varas no está bien pensada para los toros de ahora. En cualquier caso, la Fiesta tiene que seguir y no es difícil predecir, que LAS COSAS CAMBIARAN. Con la suerte de varas, se pretende ahormar a los toros, quitarles la violencia y la aspereza y ver algo de su bravura. Lo que se consigue, en la mayoría de los casos, es que los toros salgan tan heridos, sobre todo los más bravos, que han ofrecido el espectáculo de su valor, a costa de no poder embestir a la muleta. El público empieza a aburrirse. ¡Habrá que cambiar algo!
CON LA MULETA
La
muleta surgió como elemento auxiliar para entretener al toro con la mano
izquierda y meterle la espada con la derecha.
Después se han dado forma a todas las combinaciones, hasta ahora posibles, para desplazar al toro en esa dirección que al torero interesa, llevándolo con esos movimiento lentos de la muleta, que con la derecha son redondos y de pecho por el pitón izquierdo y con la izquierda son naturales y de pecho por el pitón derecho. Los pases de pecho son correrle la mano por alto, para que pase todo el toro por debajo de la muleta. Para alargar la embestida del toro es bonito cargar la suerte adelantando la pierna y llevando la mano, lo más «larga» y lo más lejos posible para aumentar al recorrido del toro. Al terminar un pase, si ha obedecido la intención de la muleta y el toro se vuelve, donde se quería mandar, se le podrá dar otro, sólo girando el cuerpo y la muleta, para enganchar el siguiente muletazo. De esta forma el toreo «se liga» y las tandas de muletazos, son más continuadas y las faenas más ligadas, emocionantes y bonitas. Cuando no es así, y el toro no queda en ese sitio ideal hay que buscarle la distancia y moverse hasta donde se le pisa al toro el terreno en que va aceptar la provocación del engaño y dar el muletazo siguiente, que hay que dárselo y el toreo tiene que medir en cada momento lo que el público está sintiendo. De acuerdo con la forma de apreciar este sentimiento del público y su capacidad de hacer las cosas, el torero se moverá y construirá su faena, buscando el éxito.
Todo esto hay que conocerlo, de forma que el torero, teniendo toda la preparación física y mental necesaria para dominar la situación, pueda con ella. Con un toro por delante casi nunca tendrá tiempo para pensar , tiene que traerlo asimilado para que sus reacciones sean un reflejo instintivo. Además debe estar totalmente libre de ese enemigo que es el miedo. La locura es querer hacer algo en contra de lo que dicta la razón y la experiencia. El miedo es algo que sufren todos los que se ponen delante de un toro y hay que familiarizarse con el, saber que va unido a esta forma de vida y sobrepasarlo. La locura es no tener miedo. Y dicho que el miedo forma parte del hecho de torear, vamos a situarlo. Algunos toreros lo sienten desde antes, quizás desde el día que saben cuando y donde tienen "fecha" para una corrida. Otros lo pasan después, incluso con dolores de cabeza, trastornos de carácter, etc. En fin con síntomas patológicos. Pero en estos casos desaparecerá sin dejar rastro. Donde no se puede sentir miedo es delante de un toro. Y siempre es así, cuando suenan los clarines el torero se concentra, coge el capote y sale hacia el toro. Lo hace libre de ataduras y complejos. Y todas sus facultades físicas y mentales convergen para realizar su toreo, y aplicará todo lo que sabe para buscar el éxito y resolver los problemas que el toro planteará, como siempre. Y los toreros lo consiguen todas las tardes. La experiencia, la voluntad, la afición y las ilusiones ayudan a conseguirlo. Si alguno tiene miedo delante del toro, se olvida de las reglas, se agarrota y dejará de torear. Es decir, los que lo han tenido no figuran en ninguna parte, porque no ha podido seguir y desaparecen del toreo. Ha habido casos extraños que parecen no dar la razón a este análisis. Pero este razonamiento es valido para los seres normales. Los que han sobrepasado esto han sido toreros geniales y están fuera de toda medida posible. Si los toros se torean bien, cada vez toman mejor la muleta y esto es muy importante para poder matarlo bien. Hay un momento en el que el toro va a cambiar su forma de embestir, es cuando se queda quieto, con una expresión distante y casi perfectamente cuadrado. Y es en ese instante justo, ni diez muletazos mas ni diez menos, cuando el torero debe tirarse a matar. Es cuando el toro va a colaborar mejor en su embestida, para realizar esta suerte. Es algo que el torero tiene que adivinar, empezará con la práctica intuyéndolo, pero en muchos casos podrá más su deseo de seguir dándole pases, a un toro que le ha embestido bien, que hacer caso a la razón. Hay muchas formas de matar mal, porque hay muchos toros que «se defienden», o han perdido las buenas maneras de embestir, o porque tiene algún defecto, por estar mal herido, o por lo que sea, la peor es que al propio torero le falle la voluntad y, en ese momento, no sea capaz de hacer las cosas bien, aunque sepa como.
Y CON LA ESPADA
Matar bien, es meter la espada en su totalidad en el hoyo de las agujas. La forma correcta es:
El torero apunta su espada, con el brazo derecho, la mano a la altura del hombro izquierdo y la muleta, sujeta por el extremo del estaquillador, lo más cerca de las manos del toro, casi colgando. El torero, entonces se dará el «toque» al toro y girará el cuerpo poniéndose de frente. El toro al iniciar la embestida, enseñará «el sitio» donde herir y seguirá la muleta que arrastrándola por el suelo le hará seguir al toro, hasta que pase por debajo del brazo derecho del torero, se mandará al toro alejando su embestida, para que haga un recorrido y pase de largo, siguiendo la muleta como si fuese un pase de pecho.
Al mismo tiempo, el torero colocado de frente al toro, avanzará y alargará el brazo derecho para empujar la espada, que entrará muy suavemente y sin esfuerzo, esto es así, y así hay que hacerlo. Pero no siempre todo sale bien, pero el que se siente torero, siempre debe intentarlo así. Otra manera importante de realizar esta suerte es «recibiendo». Es igual al principio, sólo que cuando se ha dicho que, el torero avanzará y alargará el brazo, el torero, lo que hará es conducir la embestida del toro para que sea éste el que se mueva hacia él y clavarle la espada, dejándose caer prácticamente sobre el morrillo.
Y EL DESCABELLO
Cuando sea necesario descabellar a un toro, casi siembre el torero se ayuda con el capote de un banderillero y con la muleta, hay que conseguir que el toro, que estará muy herido, se quede con la cabeza quieta sin tener el hocico extendido, ni hacía dentro, con el perfil del morro vertical. La muleta se le pondrá debajo, y desde arriba, el torero que tendrá la pierna derecha adelantada y lo más cerca posible de la cara del toro, el torero verá que donde se unen los cuernos por debajo de la piel del toro, en el centro, en el testuz, hay un molinillo de pelo. Como dos dedos, o unos 30 mm detrás hay que clavar la punta del descabello. Para dar el descabello, éste debe de estar vertical, la punta muy cerca del sitio y entonces aplicar un golpe fuerte siempre apretando de arriba abajo, sin mover la mano y elevarla para tomar impulso, ni en ningún sentido, partiendo de cero, desde el sitio donde hemos tomado apuntado. Cualquier movimiento, que no sea el de apretar, desviará la espada y será un fallo para el torero. No es una suerte vistosa, pero si se falla el público no perdona y no tiene en cuenta los méritos anteriores.
Hay muchas formas de hacer las cosas en el toreo y muchos nombres con los que identificarlas, cada torero las interpreta con su propia manera de ser, como las sienta, les da su estilo y su sello. A veces se resuelven situaciones de una forma hasta entonces desconocida y entonces surge una manera nueva de hacer algo. El torero debe pensar en el público, que es el que a la larga, no mucho, clasificará a cada torero y además lo pagará. El torero tiene que pensar en no aburrir al público. Excitar su curiosidad y su interés para que quiera volver a verle. Cuando sale un toro, es el dueño de todo, es el que manda, exige y amenaza, el que se adueña de todo el respeto de la plaza. El torero, tiene que superar todo esto y hacerle embestir, humillar y mover-se por los terrenos y los sitios por donde el torero quiera para ser el quien manda y el toro el que obedece. Entonces el público respetará al torero. Los éxitos dependen siempre de esto... además de otras cosas. Si algo sale mal, el torero debe pensar siempre que algún fallo es suyo y modificar lo que sea para arreglarlo. El público ve al torero como si lo tuviese en un microscopio, averigua incluso lo que piensa. Hay que ser muy sincero delante del toro y estar plena-mente convencidos de lo que hacéis. El público lo sabrá. Y sabrá –como vosotros– cuando no os atrevéis a hacer algo, si evitáis exponer más, o si no sabéis lo que estáis haciendo, o si os entregáis de verdad para conseguir el lucimiento. ¡El público lo sabe! ¡Qué Dios reparta suerte!.
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