Refranes Toros I

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Y      El toro que me corneó a mejor prado me echó [And.].

Y      El toro y el melón, como salen son.

Y      El toro y el gallo, en el mes de mayo.

Y      El toro y el vergonzoso, poco duran en el coso.

Y      El toro y el vino, debe ser fino.

Refrán recogido en la Antología de dichos y refranes taurinos del que sin embargo, no he podido constatar ningún uso real. Es bien sabida la relación del mundo del vino con el mundo del toro, que también ha sabido ligarlo en una imagen la casa Osborne. Este refrán, independientemente de su significado, nos trae evocaciones de las ferias de Jerez y Puerto de Santa María, y bien pudiera ser que este fino no sea otro que el vino fino que se bebe en esas y otras ferias andaluzas.

Por otro lado tenemos un precioso artículo de Antonio Díaz Cañabate [1] referido a Curro Romero en que la metáfora con el vino oloroso es continua y completa:

Estamos en la plaza de toros de Jerez. Son las siete de la tarde. ¡Qué hermosura de color y de color! ¡Qué buena amalgama la del calor y el calor de la Baja Andalucía! Tenemos sed. ¡Qué bien vendría una copita de vino! Curro Romero está en el ruedo. Clarines del último tercio. Curro Romero no coge la espada ni la muleta, sino una botella y un catavino. ¿Cómo va a torear con un catavino y una botella? ¡Ah!, es que el catavino tiene la forma de una muleta y la espada es la botella. Tenemos sed. Estamos sedientos por ver el arte del toreo que duerme hace tiempo en las soleras de muy poquitos toreros. Curro Romero nos lo va a servir. ¿Fino? ¿Oloroso? ¡Vaya por el oloroso! Empieza a torear; cada pase un sorbo. El vino de Jerez, como todo lo exquisito, es preciso saborearlo lentamente, lentamente torea Curro Romero. Al cuarto o quinto pase, ya baila y brilla en nuestros ojos la embriaguez que se deriva de lo bello. Los pases se suceden con espacio y despacio. El toro es noble, acude dócil, pero es necesario tirar de él, templarle. El toro tiene su temple. El torero tiene el suyo. Se unen los dos. Arte puro. Ni una sola vez, una postura forzada o violenta. Ni por asomo aparece el mal gusto. Los pases se suceden variados. Su remate no es el de pecho. Cada remate es distinto. A cuál más graciosos y garbosos. A cual más torero. el vino oloroso de Curro Romero ya se nos ha subido a la cabeza. La plaza de toros de Jerez está borracha de euforia. ¡Qué a punto grita el ole! ¡Ole! ¡Qué buen son el de las palmas! ¡Vino del toreo oloroso! ¡Aromas de la solera del toreo! La solera del pase natural de Curro Romero que se va desparramando en el aire como el perfume que se expande al descorchar una botella de vino de Jerez. El toro y el torero a compás giran parsimoniosamente. La muleta parece que quiere abrazar al toro. El toro la esquiva no con brusquedad, sino blandamente. es inútil que me embale en acumular metáforas. El pase natural de Curro Romero hay que verlo.

Llevo varios años clamando en contra de la monotonía de las faenas de muleta. Faenas de muleta como el vino ordinario y espeso. El público las acepta porque, a falta de vino oloroso, bueno es el espeso. ¡Ah! Pero cuando un torero destapa la solera del toreo variado, en los ojos de la gente baila y brilla la embriaguez de lo bello. Tenía que ser en Jerez, Tenía que ser en Jerez donde el toreo de Curro Romero se convirtiera en vino oloroso. Toda la plaza borracha de entusiasmo, y Curro Romero tranquilo, sirviendo las copas de los pases. ¿No lo ha catado? Creíamos que no, pero nos equivocamos, Curro Romero se perfila, arranca recto y clava media espada en la yema. Rueda el toro sin puntilla. El toro y el torero también estaban borrachos. Las dos orejas y el rabo. Bueno, ¿y qué? ¿Qué es eso? ¿Qué es eso al lado de los brincos del corazón emocionado por el arte puro, por el arte de torear olorosamente? Cada pase un efluvio.

Vendimia en Jerez. Pronto las soleras empezarán a colmarse. Dentro de unos años el vino será embotellado. Habrá un vino oloroso que se llamará de Curro Romero. Cosecha de 1966».

Curioso, por otra parte, el paralelismo entre la crianza del vino y el toro, que uno de los más prestigiosos ganaderos del momento, Victorino Martín, hizo al periódico riojano, La Rioja, cuando le pidieron opinión sobre los afamados vinos riojanos: «Todo el mundo sabe que la crianza de los buenos vinos necesita de varios aliados necesarios e imprescindibles: el tiempo, la paciencia necesaria para que en las barricas el vino vaya creciendo y aquilatando sus mejores esencias; las buenas materias primas y el conocimiento de las técnicas apropiadas para que el proceso vaya a buen término. Curiosamente, en las ganaderías de toros bravos se necesitan los mismos ingredientes: una paciencia a prueba de bomba para conseguir los toros como el criador desea; la materia prima que en las ganaderías pasa por un concepto clave y fundamental que es la casta y la utilización adecuada de las mejores técnicas, que en mi mundo es la prueba de la tienta».  

Y      En Madrid murió Granero y en Sevilla Valerito, por encima de Pedro Maraña, vive Enrique el Chiribito [Porcuna (Sevilla)].

Y      En mayo, toro y caballo.

Trozo de un refrán mucho más largo, en realidad una serie de refranes encadenados, que va recorriendo los meses del año y las cosas idóneas o típicas de ellos: En enero, el gato en celo; febrero, merdero; marzo, sol como mazo; en abril, aguas mil; en mayo, toro y caballo; en junio, hoz en puño; en julio, calentura y  aúllo; en agosto, frío en el rostro; en septiembre, el rozo y la urdimbre; en octubre, uñe los bueyes y cubre; en noviembre y diciembre, coma quien tuviere y quien no tuviere siembre.

Mayo es, sin duda, uno de los meses más típicamente taurinos en los que se dan importantes fiestas. En Madrid, la feria de San Isidro ocupa su segunda mitad.

Y      En medio del coso, es donde ha de hacerlo el valeroso.

Y      Encarador como toro tuerto [Arg.].

Y      Eso queremos los de á caballo, que salga el toro (Sbarbi).

Uno de los refranes recogidos por Sbarbi: «Explica el deseo que tiene alguno de lo que mira como útil, aunque á costa de alguna dificultad ó peligro».

Y      Estreno de alcalde, novillos y baile.

Y      Esto huele a cuerno quemado.

Y      Hasta el rabo todo es toro.

 Corresponde a la serie de refranes que indican que un negocio, trabajo o tarea no debe considerarse concluido hasta que se ha llegado al final, pues pueden surgir imprevistos. Hay que tener, por lo tanto, firmeza y tesón para terminar las tareas empezadas.

En el ámbito taurino además el peligro acecha hasta el final, el toro puede volverse en mitad de un pase, por lo que el torero no puede confiarse.

Y      Hay que agarrar al toro por los cuernos, y al hombre por la lengua [Méx.].

Y      Haber sido "toriao" en muchas plazas.

Y      Hay que coger al toro por los cuernos.

Y      Hijo de toro matrero, siempre sale marrullero [Méx.].

Y      Huyendo del toro, cayó en el arroyo.

A veces queriendo huir de un peligro se cae en otro mayor. Hay otro que dice: Huyendo de la sartén, dio en las brasas el pez.

Y      Irse con la capa al toro, no es para todos.

Y      La mujer como la vaca, se busca por la raza.

Y      La mujer, el toro y el melón, como salen son.

El toro y el melón como salen, son.
Tres cosas hay que nadie sabe cómo han de ser: el melón, el toro y la mujer.
El melón y la mujer, difíciles son de conocer.

Comparados a menudo el toro, el melón y la mujer, pero aplicado sobre todo al mundo taurino, significa que por muy buena presencia que tenga el toro, por muy bueno que sea el encaste o afamada la ganadería, al final lo que importa es cómo se comporte durante la lidia. De la misma manera, el melón exige cala y cata. Algunos comentaristas taurinos echan mano de esta comparación propiciada por el refrán para recordar que «lo mismo que ahora se pueden encontrar en el mercado en todas las épocas del año melones, pero que llevados a la mesa resultan insípidos, lo mismo llegan a las plazas toros aún por hacer».

Y      Las figuras, poco toro y mucha guita.

Y      Llamar al toro desde la barrera, eso lo hace cualquiera [Méx.].

También en el Refranero mexicano. Declara lo que enuncia, que sintiéndose a resguardo, cualquiera puede ser bravucón.

Y      Los toros bravos descubren a los toreros malos.

Y      Los toros se ven mejor desde la barrera.

Y      Llegó el momento de la verdad.

Y      Más arrugado que pescuezo de toro.

Y      Más bolas que un torero ciego.

Y      Más cornás da el hambre.

Otra de las frases míticas del toreo que hace referencia al origen humilde de muchos toreros, que antes de conseguir fama y dinero tuvieron que pasar muchas necesidades.

Se atribuye esta frase a Manuel García y Cuesta, el Espartero, respuesta que dio cuando le preguntaron si no temía arrimarse al toro.

Y      No es de bravo señal buena, toro que escarba en la arena.

Ya que es señal de desconfianza y mansedumbre. De igual forma no son signos de bravura, el echar la cara al suelo, brincar, cangrejar o andar de costado.

Y      No es lo mismo hablar de toros que estar en el redondel [Méx.].

Y      No es lo mismo torear que ver los toros desde la barrera.

Y      No es miedo al toro, sino al final del cacho.

El cacho en Hispanoamérica es el cuerno. Por otro lado, en el mundo taurino, es muy usual la expresión fuera de cacho para referirse al torero que ejecuta la faena, especialmente la de muleta, fuera de la jurisdicción del toro. Torear fuera de cacho es muchas veces sinónimo de 'torear con miedo'.

El toro y sus cachos aparecen como asustachicos según esta nana andaluza recogida por García Lorca («Canciones de cuna españolas »).

Dórmite niño,
que allí viene el toro
con la cola e'plata
y los cachos de oro.

Y      No hay toro valiente para tanta garrocha [Méx.].

Refrán popular del Refranero mexicano que en forma declarativa significa lo que enuncia: que hasta el más valiente se achica cuando el peligro es grande, está protegido y no ofrece una lucha leal, como el picador que usa una garrocha larga para mantener lejos al toro.

Y      No hay quinto malo.

Refrán que ha pasado también al habla general y que tiene su origen en los tiempos en los que no había sorteo y los ganaderos reservaban para ese lugar aquel toro que creían que iba a dar mejor juego.

Hacían el número cinco de la lidia los toros: Bailador, que mató a Joselito en Talavera en 1920, e Islero, el miura que corneó a Manolete en la plaza de Linares acabando con su vida.

Espartero, nació en Sevilla el 18 de enero de 1865 y murió el 27 de mayo de 1894 en Madrid, cuando el toro Perdigón le cogió al entrar a matar. Fue enterrado en Sevilla y pronto corrieron muchas coplas por toda España sobre su figura.
Tomó la alternativa en su Sevilla natal de manos de Antonio Carmona, Gordito, el 11 de octubre de1885 con un toro de Miura. Confirmó la alternativa en Madrid tres días después teniendo como padrino a Fernando Gómez, el Gallo. En la década que estuvo en activo Espartero alternó grandes triunfos pero también graves cornadas; se quedaba quieto ante las embestidas del toro y solo en el primer año como matador sufrió 15 cornadas, pero como él mismo decía «más cornás da el hambre».
Compitió con Guerrita, considerado el mejor torero de la época, pero poco querido por la afición que prefería, sin duda a Espartero, mucho más popular.  Reproducimos a continuación parte de la entrada de Iribarren respecto a este refrán: [Según el publicista taurino Luis Fernández Salcedo] Antes de que Mazzantini impusiese el sorteo que, por ser cosa justa, llegó hasta nuestros días, los ganaderos fijaban libremente el orden en que habían de pisar el ruedo los toros . Y convencidos de lo mucho que influyen en el éxito los factores psicológicos, reservaban para quinto lugar el toro de más confianza, a fin de dejar buen sabor de boca.
Al pronto, parece que esto se conseguiría mejor con el último, pero no es así, porque en aquellos tiempos sobre todo, muchos aficionados se marchaban después de picado el sexto, o cuando el matador le daba los tres o cuatro primeros muletazos.  (Hay que tener en cuenta que la faena de muleta no interesaba con exclusividad, como ahora, y que las plazas estaban más alejadas de las ciudades, y con menos medios de comunicación).  Por todo ello, la pelea del sexto pasaba más desapercibida que la del quinto, y además era raro que al acabar el festejo el público se quedase para aplaudir el último toro en el arrastre o exigir la vuelta al ruedo del mismo .
Aunque parece cosa baladí, la acertada combinación de lo bueno y lo menos bueno tiene una importancia extraordinaria; tanto es así, que cuando un ganadero lleva una corrida mal presentada, el mayoral procura desencajonar los toros de modo que los fallos se disimulen: por ejemplo, reservando para segundo y cuarto lugar los de menos bulto y empezando bien para acabar mejor». Mazzantini —añadiré yo [Iribarren] como explicación— impuso el sorteo en la época de su competencia con Guerrita (es decir, en el postrer decenio del siglo último), Mazzantini se quejaba —y con razón— de que los ganaderos, al señalar el orden de salida de sus toros, reservaban los mejores para Guerrita, Y era explicable que hiciesen esto, porque el célebre diestro cordobés, que toreaba, banderilleaba y muleteaba como nadie en su tiempo, lucía los toros y sabía sacarles partido, mientras que Mazzantini, «el rey del volapié», no sabía más que matarlos, pues como lidiador era basto, torpón y de pocos recursos.
Coincide con la opinión de Fernández Salcedo la de mi amigo [de Iribarren] el célebre escritor norteamericano Ernest Hemingway (Premio Nobel de Literatura de 1955), el cual, en su novela taurina Death in the afternoon («Muerte en la tarde») (New York-London, 1932, tras de explicar el proverbio «No hay quinto malo», dice así:
Probablemente originado cuando los ganaderos decidían el orden en que debían ser lidiados sus toros. Más tarde, los toros eran muertos por lotes, como lo son ahora; pero anteriormente los ganaderos colocaban en quinto lugar el toro que consideraban mejor».

Y      O tú matas al toro, o el toro te mata a ti.

Máxima taurina en el que muchos encierran la esencia del toreo e incluso de la existencia del torero.

Y      Pa los toros del Jaral, los caballos de allá mismo [Méx.].

Se conocen distintas variantes: Pa las mulas del Jaral, los caballos de allá mismo, entre otros.

Refrán mexicano, de la zona de Guanajuto, muy citado todavía hoy en día y que significa que para entenderse con los bravos, los difíciles de una zona, lo mejor es alguien de su misma tierra, de sus mismos orígenes. Es equivalente a este otro: La cuña, para que apriete, ha de ser del propio palo.

El Diccionario breve de mexicanismos incluye la siguiente entrada: «pa' los toros de El Jaral, los caballos de allá mesmo. (El Jaral  fue una hacienda en el estado de Guanajuato, cuyos caballos y toros eran famosos.) ref. Tal para cual; para un listo, otro listo; para ciertos fines es mejor alguien del mismo oficio o de la misma familia [el DRAE 1956 tiene un refrán de sentido opuesto: no hay peor cuña que la de la misma madera]».

Miguel de Berrio y Zaldívar fuen nombrado en 1774 Primer Marqués del Jaral por el Rey Carlos III, en aquella época la hacienda era considerada de las más grandes de Nueva España.

El Refranero mexicano, por su parte, recoge las siguientes variantes: P'a los toros de Tecuán, los caballos que allí dan; P'a los toros del Tecuán, los caballos de allá mesmo; Para los toros de El Jaral, los caballos del mismo corral; Para los toros del Tecuán, los caballos de allá mismo, todos ellos bajo la entrada: p'a los toros de El Jaral, los caballos de allá mesmo (s.v. toro).

Y      Pa los toros de Tecuán, los caballos de allá mesmo [Méx.].

Y      Pa los toros de Tepehuanes, los caballos de allá mismo [Méx.]

Y      Paciencia y barajar, hasta el rabo todo es toro y hasta segar todo es hierba.

Propio del juego del mus, reúne varios refranes conocidos.

Y      Pan y toros.

Este dicho, adaptado a la realidad española de los siglos XVIII  y XIX, tiene su origen en el conocido dicho latino panem et circenses con el que  el poeta Juvenal despreciaba a sus contemporáneos, ya en la decadencia del Imperio, por pedir solo trigo y espectáculos circenses gratuitos. Modernamente se han sustituido los toros por el fútbol: Pan y fútbol.

Unamuno en su conocido artículo «El espíritu castellano» (1895) ensarta el refrán en medio de su razonamiento de esta manera: «¡Pan y toros, y mañana será otro día! Cuando hay, saquemos tripa de mal año, luego... ¡no importa!».

Y      Pan y toros queremos, si falta algo que sea lo primero.

Y      Para decir que el toro viene, no es menester tantos arrempujones.

Y      Para ser un buen torero, antes hay que ser un buen toro [Arg.].

Y      Para torear y para casarse, hay que arrimarse.

Y      Pelean los toros, y mal para las ramas.

 Habla de que en las peleas el mal suele llevárselo el que está en medio.

Y      Por los cuernos se agarra el toro.

Y      Puedes jugar con el toro hasta que te meta el cuerno por un ojo [Inglaterra].

Y      Puesto está el castillo, ciertos son los toros.

Y      Que lo cuerne el toro [Méx.].

Y      Quien con toros anda, a torear aprende.

Y      Se coge al toro por los cuernos, al hombre por la palabra y a la mujer por el elogio (proverbio latino).

Y      Se le volvió la vaca toro [Arg.].

Y      Se levanta de las vacas para acostarse con los toros.

Y      Según es el viento, tal es el tiento.

Y      Si la vaca fuera honesta, cuernos no tendría el toro.

Y      Sólo los toros y las vacas van en un hato [Méx.].

Y      ¡Suerte y al toro!, y tiene usted un miura.

La conocida expresión ¡suerte y al toro! con la que se desea suerte en el desempeño de alguna tarea se ve potenciada aquí con la introducción de los míticos miuras, sin duda la ganadería más prestigiosa ahora mismo en España. Los miuras también intervienen en dichos como tener más peligro que un miura o tener más cuernos que un miura.

La ganadería Miura se fundó en 1842 por Juan Miura; añadiéndose durante los años siguientes otros encastes. En 1917, tras la muerte de su padre, Eduardo Miura (hermano del fundador) se hicieron cargo de la ganadería sus hijos que la anunciaron como Hijos de don Eduardo Miura. Tras sufrir otras sucesiones actualmente se anuncia como Hijos de Eduardo Miura Fernández.
Un miura, Islero, quinto de la tarde, cogió a Manolete en el momento de entrar a matar en la plaza de Linares el 28 de agosto de 1947 causándole la muerte.

Antes, en 1898, otro miura, Perdigón, había terminado con otro torero mítico, el Espartero:

Los toritos de Miura
ya no tienen miedo a nada,
que se ha muerto el Espartero,
el que mejor los mataba.

Y      Tabaco, toros, naipes y vino, llevan al hombre a San Bernardino.

Y      Tan cierto como los Toros de Castril [Castril (Granada)].

Y      Tarde de expectación, tarde de decepción.

Y      Tome el toro por las astas y no caiga en refranes comunes [Arg.].

Curioso refrán argentino sobre el dicho, con numerosas, variantes de que al toro hay que cogerlo por los cuernos. Se recuerda que el significado de coger en numerosos países suramericanos es el de cubrir el macho a la hembra; coger es, por tanto,  palabra malsonante y tabú.

Y      Todo es toro, y corre, que te coge.

Refrán que suele aplicarse a los banderilleros, que desprovistos de capote o de otro engaño, tras haber citado al toro y clavado sus banderillas, con frecuencia denominadas garapullos, deben salir corriendo para que el toro no los coja, y o bien se refugian en el burladero o bien saltan con gran agilidad por encima de la barrera.

Y      Torito valiente, torito galán en la Plaza Nueva te van a matar [Losar de la Vera (Cáceres)].

Y      ¡Toros! Sólo su aliento te levanta un chichón.

Y      Toro muerto, vaca es.

Se dice para hacer ver que ciertas diferencias a la hora de la verdad ni se tienen en cuenta ni se notan. Probablemente tenga un origen gastronómico, basado en el hecho de que una vez muerto el toro servía para el puchero tanto o más que la vaca, pero también quizás esté en relación con la serie de refranes que hablan de la pérdida de la fiereza tras la muerte, ya sea animal o hombre.

Y      Toro veragüeño, honra a su dueño.

Referido a la ganadería del duque de Veragua

Toros de gran trapío y fuerza cuyo comportamiento era noble, destacando por su bravura a la hora de tomar varas. Fueron los preferidos de las grandes figuras del toreo en múltiples ocasiones, aunque según dice Teresa Rueda, Rafael Guerra, Guerrita, dijo en cierta ocasión que prefería los toros de casta navarra, más pequeños y fieros que a los veragüeños: «Le temo más a los  picotazos de los  mosquitos de Navarra que a los zarpazos de los tigres de Veragua». Según cuenta esta crítica taurina hoy son pocos los encastes con sangre veragüeña.

Los sucesivos duques de Veragua mantienen la  pureza vazqueña.  En 1833 falleció el rey Fernando VII,  pasando la Real Vacada a poder de su cuarta esposa y viuda, doña María Cristina de  Borbón de Nápoles, llamándose oficialmente a  partir de entonces Real Vacada de Su Majestad la Reina Gobernadora quien, en 1835, por un valor de 300.000 reales, precio similar al pagado por su regio marido, la enajena a los duques de Osuna y Veragua, que se estrenaron como ganaderos en Madrid el 4 de julio de 1836 y que la llevan juntos  hasta 1849, año en que el primero de ellos vende su parte al XIII duque de Veragua,  don Pedro de Alcántara y Colón de Larreategui, quedando éste como único criador y continuador de lo más selecto,  importante y puro de la raíz vazqueña. Su estreno en solitario como ganadero en Madrid data del 29 de septiembre de 1850.  Esta ganadería estuvo en poder de los sucesivos duques de Veragua desde 1849 hasta 1928, en que se enajenó a don Manuel Martín Alonso, vecino de la Alameda de la Sagra (Toledo) y abuelo por vía materna de los importantes y actuales empresarios señores Lozano. Dos años más tarde pasaría su propiedad a don Juan Pedro Domecq y Núñez de Villavicencio, trasladándola a Jerez de la Frontera, en la provincia de Cádiz. Pero esta historia la dejamos aquí y retomaremos el hilo de esta  narración más adelante.  En estos 79 años, fundamentales para la historia del toreo, pues abarcan desde la mitad del siglo XIX hasta el primer tercio del XX, estos toros llegaron a conocerse como veragüeños,o de Veragua y se mantuvieron con el estado puro de la raíz vazqueña, llegando incluso a superar a la fundacional. Solo se conoce un cruce, realizado entre un reducido número de vacas con un semental de Miura, a finales del siglo XIX.
A la muerte del XIII duque de Veragua, en 1866, le sucedió su hijo don Cristóbal Colón de la Cerda, quien con el título de XIV duque de Veragua continuó esmerándose en la crianza y selección, con los mismos resultados y éxitos. Su presentación en Madrid data del 24 de abril de 1867. De toda la familia fue el que más celo puso en el empeño ganadero. Para ello tentaba los utreros de cuatro hierbas todos los años, dejando para el matadero o para labor a los menos bravos. Lo mismo hacía con las vacas cada cinco o seis años. A la muerte de este último, en 1910, le sucede, al frente de la ganadería, su hijo don Cristóbal Colón y Aguilera, XV duque de Veragua, estrenándose en Madrid el 17 de septiembre de 1911, quien la mantiene hasta su enajenación, antes mencionada, en 1928.
El hierro de los toros de Veragua era una V con la corona ducal y la divisa encarnada y blanca».  Los toros de Veragua eran de gran trapío, elipométricos, no tan grandes ni cornalones como los de Cabrera ni tan recortados y cornicortos como los de Vistahermosa. Su capa o librea muy variada, negros y cárdenos principalmente, berrendos en negro o castaño, bastantes sardos (con distintos matices) y muchísimos jaboneros y flor de melocotón (produciendo una hermosa visión), capuchinos y paticalzados. El perfil entrante y las proporciones braquimorfas. Línea dorso lumbar ensillada. Palomilla alta, grupa redondeada, cola encimera e ijar lleno. La línea ventral ligeramente recogida y los atributos sexuales manifiestos. Extremidades cortas y bien aplomadas. La cabeza empastada, anchos de sienes, melenos y astracanados, con amplias encornaduras, tirando a veletos. El cuello muy musculado, con amplia cerviz, enmorrillados, la papada breve y casi degollados. El pecho amplio, los costillares muy desarrollados y de gran diámetro bicostal.
En cuanto a su comportamiento, se caracterizaban por su fuerza y nobleza. En la suerte de varas acometían ciegamente, con un enorme poder, recargando y propinando caídas monumentales. Especialmente a la salida de chiqueros, perseguían con tal bravura a los peones que se rompieron muchas veces las astas por sus cepas. Parece imposible que unos toros tan nobles produjesen tantísimas cogidas, sobre todo a los varilargueros, pero todo esto, sin duda, era debido a la fuerza que poseían en sus patas y pitones, revolviéndose con prontitud y volteando a caballos y jinetes. En la enciclopedia taurina de Cossío, la mayor cantidad de toros célebres allí citados son de Veragua.   La típica advertencia que figuró en los carteles durante muchos años de que: «...en el caso de inutilizarse los picadores anunciados, el público no tendrá derecho a exigir otros...» viene a partir de que un toro veragüeño mandase a todos los picadores a la enfermería, después de tomar veinte varas. Al no haber más gente de a caballo se formó un motín tremendo y por eso se ponía esta  advertencia.  A pesar de todo, cada vez que se producía un gran acontecimiento, como por ejemplo una alternativa de algún torero importante, se solicitaban para ello los toros de Veragua.  A título de ejemplo digamos que en 1875 Rafael Molina «Lagartijo» le dio la alternativa a José del Campo «Cara-Ancha»,  cediéndole el toro Apreturas y en 1902 don Luis Mazzantini hizo lo propio con Vicente Pastor, con Aldeano. Ambos eran veragüeños.

Y      Toros y fiestas, malos para las bestias.

Refrán que sintetiza el sentir de los defensores de los animales que ven en las corridas de toros el ejemplo más significativo de la crueldad hacia el animal tan propio de muchas fiestas y tradiciones populares.

Y      Tres cosas hacen al campesino salir de casa: procesiones, toros y personas reales.

Y      Tres cosas hay que nadie sabe cómo han de ser: el melón, el toro y la mujer.

Y      Vaca de Luzaga y mujer de Anguita, quita quita. 'Luzaga'

      Luzaga es un pueblo de Guadalajara (España) en el que hubo hace tiempo reses de mala calidad. Siguiendo con el modelo de tantos y tantos refranes, aprovecha para desacreditar a las mujeres de Anguita, una localidad vecina.

Y      Ver los toros desde la barrera, eso lo hace cualquiera.

Y      Ver los toros desde lejos, es mi consejo.

Y      Yo soy toro en mi rodeo, y torazo en rodeo ajeno [Arg.].

Y      Y aunque lo vean toro viejo, es padre de más de cuatro [Méx.].

Y      Y yo soy como el toro, si me apuran me cago todo [Arg.].

 

© 2003-2005 María del Carmen Ugarte.  Puede copiarse, distribuirse o modificarse bajo los términos de la GNU Free Documentation License, version 1.1

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