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RECORTADORES

 

 

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RECORTADORES: Su única arma es la habilidad y la sangre fría, es el toreo a cuerpo limpio, el primer toreo que se conoce, una tradición centenaria.

 

        Tan antiguos casi como las primeras tauromaquias, los recortes aparecen en las primeras corridas de toros celebradas a pie, en las que se realizaban sin capa o con ésta liada al brazo ( recorte capote al brazo) y que el mismo Pepe-Hillo (1754-1801 ) recomendaba que se realizara sólo a los toros boyantes mientras que Francisco Montes ( Paquiro) aseguraba poder realizarse a todos los toros.

Fuertemente extendidos por toda España y quizá con mayor tradición si cabe en Levante y zona centro, se practica habitualmente con toros o novillos en concursos y en festejos populares en calles y plazas.

        La ejecución de esta suerte requiere excelentes condiciones físicas, en la cual se cita de frente y se intenta salir del engaño de la forma mas limpia posible, incluso andando. Como ya he dicho se cita de frente (gran dificultad con vacas que ya estén toreadas ) y se describe una trayectoria circular tomando como punto de referencia el toro, curva que ha de trazar el recortador para ganarle terreno al animal que pasara apenas a unos centímetros de la espalda del recortador. También son muy comunes los quiebros y saltos, ya bien con garrocha o a cuerpo limpio. Aquellos toros prontos en su embestida, son mas espectaculares, ya que el cite se puede ejecutar a mayor distancia, y por lo tanto, mayor es la carrera hasta el encuentro.

        Si presenciamos en algún pueblo de La Rioja, Navarra o Aragón un encierro o suelta de vacas en plazas de arena, nos damos cuenta que no tiene nada que ver los recortes que vemos con los que yo comento anteriormente. En esta zona no se recorta de una forma artística ni tan espectacular como anteriormente cito, sino que se busca tocar los pitones o colocarle anillas en ellos, normalmente a vacas con defensas muy desarrolladas, algo que es fundamental para este espectáculo.

        Este tipo de recorte, requiere quizás mejores condiciones físicas que el recorte artístico, ya que las vacas exigen mucho mas, vacas en muchos casos con oficio, a las cuales no es conveniente ceder terreno. Su cite, por lo ya comentado, rara vez se produce de frente, sino con la vaca semivuelta, de modo que cuando la llame el recortador esta se vuelva y vaya hacia él, el cual también describe un semicírculo para ganarle terreno, a esta tipo de cite se le denomina a la media vuelta. En el encuentro del recortador con la vaca, cara a cara, entra en juego el temple del recortador para aguantar en la cara de la vaca y su destreza para meter la anilla en el pitón.

        Las anillas son simplemente un aro metálico, de 7-8 cm. de diámetro con una cinta atada de colores vistosos para poderse ver a cierta distancia y contabilizarlas. En los concursos de recorte artístico la participación es individual, no como en los concursos de anillas, que se participa por parejas, lo cual requiere una gran compenetración para hacer los recortes uno detrás de otro llegando a dominar a la vaca, siendo necesario hacerlo rápido por el corto periodo de tiempo con el que se cuenta. En Zaragoza tenemos la suerte de tener quizás el mas importante concurso de recortadores con anillas de España, seguido de los celebrados en Pamplona y últimamente Castellón, en los cuales sale un ganado muy encastado, el cual obliga solo a presentarse a las mejores parejas de la zona.

        Hay una idea equivocada la cual tenemos que eliminar respecto a los festejos populares, esto no es simplemente un espectáculo mañanero después de una noche de fiesta, ni un ganado que va de feria en feria como un tiovivo, aunque también hay algo de esto, como también hay toreros que piden que les afeiten sus toros y ganaderos que lo hacen, pero quedémonos con esos ganaderos serios que hacen las cosas bien y con toda esa gente que con una tauromaquia popular fuertemente arraigada, arriesgan incluso su vida de una manera desinteresada, simplemente por afición, con porteras, roscaderos en Aragón, las pirámides en Levante o a cuerpo limpio en los encierros y suelta de vacas, siendo alguno de ellos verdaderos maestros en estas suertes y que gracias a ellos, todavía hoy en el siglo XXl, podamos disfrutar de estos espectáculos con todo su esplendor.

Fuente: La Cañada Brava

 

 

    Vaquillas, vacas menores de cuatro años que son las que se corren en los encierros de muchas fiestas de localidades del planeta de los toros, ya sea por las calles o en plazas de toros. En tauromaquia, se denomina vaca a la utrera, es decir, al animal de cuatro años que ya ha parido. Las vaquillas son ágiles y nerviosas, por lo que estas reses bravas se prestan muy bien para festejos populares, toreo cómico y mojigangas.

   

    Mojigangas (Siglo XIX), pantomimas cómicas que se realizan en un coso taurino y que acaban con la salida al ruedo de un novillo que es lidiado, de manera más o menos ortodoxa, por los mismos actores que han intervenido en la representación. Nunca han alternado con corridas de toros serias; en tiempos pasados, a veces, se daban como entremés en novilladas. Tuvieron su apogeo durante el siglo XIX.

    Sus argumentos proceden de una obra de teatro u otro texto escrito, siempre de gran popularidad, que sirve de pauta para el desarrollo del espectáculo. Pero no se busca arte sino diversión zafia y chabacana, tanto en gestos como en ropas, por lo que estas manifestaciones siempre han sido despreciadas no sólo por los aficionados a los toros, sino por cualquier persona de buen gusto.

    Para entender en qué consiste una mojiganga baste este ejemplo sobre El Quijote: aparecen unos actores vestidos a la manera cervantina, supongamos don Quijote y Sancho Panza, que recorren el ruedo entre caídas y ademanes hasta que llegan a una venta donde se pantomima una escena tabernaria y de mal gusto. Después, caballero y escudero se marchan de nuevo —mesas y sillas que representaban la venta se retiran—. De repente don Quijote, de frente al toril, comienza a hacer grandes gestos para que el público comprenda que está observando los molinos que el caballero andante cree gigantes, y en ese momento sale el novillo a la plaza con el que el actor y su escudero tendrán que vérselas.

    Unos cuantos títulos de mojigangas pueden servir para terminar de comprender el espíritu que las animaba: Una corrida en el infierno (1848), Hazañas del Cid Campeador (1870), Los polvos de la madre Celestina (1841), Los contrabandistas de la sierra Morena (1841), El doctor y la enfermera (1848), El sultán y las odaliscas (1841), El triunfo del corsario (1848) o La cueva de Fierabrás (1879).

 

 


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