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POLÉMICA TOROS

el gobierno no la comparte

Polémica por la opinión de Narbona de evitar la muerte del toro en las corridas

 

Las asociaciones taurinas y las ecologistas han mostrado dos reacciones totalmente distintas por la propuesta

La Fiesta se desangra
Javier Ansorena.

Táctica de despiste, globo sonda, declaración de intenciones... Nadie es capaz de dar una definición exacta de las declaraciones realizadas ayer por la ministra de Medio Ambiente, Cristina Narbona, sobre las corridas de toros.

 

Narbona aseguró, según El Mundo, que es partidaria de prohibir la muerte del toro, al igual que sucede en Portugal. “Hay que hacerlo gradualmente y quizá ya en la próxima legislatura, pero tenemos que intentar evitar, al menos, ese momento sangriento final del toro”.

Aunque la ministra retrocedió ayer y aseguró que se trataba de un comentario “a título personal”, y que no se ha planteado ninguna “propuesta electoral” al respecto, sus palabras han encendido al mundo taurino.
A pesar de las graves consecuencias que tendría la prohibición de matar a las reses en el ruedo, las declaraciones de la ministra no pasan de una anécdota en el momento agridulce que vive la Fiesta.

Por un lado, con todos sus detractores, los espectáculos taurinos siguen siendo la base de muchas fiestas populares, las grandes ferias disfrutan en su mayoría de buena salud y, en definitiva, un porcentaje alto de las plazas se sigue llenando. De hecho, el de los toros es el segundo espectáculo con más audiencia en España, después del fútbol.

El problema está en el futuro. Para empezar, hay serias dudas sobre la viabilidad de un cambio generacional en la afición taurina. José Luis Moreno-Manzanero, presidente de la Unión Taurina de Abonados de España, calcula que “los abonados a espectáculos taurinos en España menores de 20 años no llegan al 5%”.

Estos datos se confirman en la última encuesta del Ránking de toreros e interés por las corridas de toros, elaborado por Gallup, que refleja que el 81,7% de los jóvenes entre 15 y 24 años no tiene ningún interés por la Fiesta. Y la tendencia no es halagüeña: en 1971, el 55% de los españoles tenía interés por los toros; en 1993, ese porcentaje bajó al 38%, en 2002 era del 31% y en la actualidad se encuentra en el 26,7%.

La espantada juvenil tiene mucho que ver con el cambio de las costumbres y del ocio de los jóvenes, pero también con la incapacidad por despertar su atención por lo taurino. Esto se debe, por un lado, a la progresiva desparición de los toros de los medios de comunicación: apenas subsisten secciones taurinas en la prensa diaria; en los telediarios sólo hay lugar para cogidas espectaculares y los medios especializados son muy minoritarios.

Por otro lado, las compañías taurinas no han sabido conquistar a este público. Por ejemplo Taurovent, la empresa elegida en diciembre de 2004 para gestionar Las Ventas, la plaza más importante del mundo, aseguraba que atraer a los jóvenes iba a ser una de sus prioridades y que dedicaría un millón y medio de euros a promoción y publicidad. Los resultados, por el momento, no son visibles.

Futuro económico
Una preocupación similar se vislumbra desde el punto de vista económico. El crítico taurino Javier Villán explica que “las estructuras económicas de la Fiesta están ancladas en una especie de paleocapitalismo que, a la postre, da a los empresarios mejores beneficios que la modernidad”. El problema es hasta cuándo.

El negocio taurino está ahogado en un excesivo intervencionismo político en las plazas de titularidad pública y en una endogamia que se traduce en un bosque de contratos verbales, contabilidad precaria o secretismo sobre los pagos a toreros, cuadrillas y corridas.

La fiscalidad tampoco ayuda. Una vieja reivindicación es la reducción del IVA de los espectáculos taurinos, que es del 16%. “Si se reinvirtiera en la Fiesta tan sólo un 15% de lo que contribuimos sería un gran avance. Ese dinero se podría dedicar a campañas de márketing para atraer a nuevos públicos”, afirma Eduardo Canorea, empresario de la Maestranza de Sevilla.

La situación en el campo no es mucho mejor. El estudio Economía de la ganadería de lidia en España, del Instituto de Estudios Económicos, es uno de los pocos análisis serios sobre la Fiesta. En él, José Ramón Caballero de la Calle, catedrático de la Universidad de Castilla-La Mancha, pronostica que el modelo ganadero actual tiene un tiempo de vida aproximado de cuarenta años.

Este experto asegura que su rentabilidad anual es negativa: existen pérdidas reales aunque, en muchos casos, el no considerar como tales los costes de gerencia y los de oportunidad del capital maquilla los resultados. Para que fuera rentable, el precio de las reses debería ser mucho mayor. El problema está en que la oferta ha evolucionado mucho más que el precio del ganado (el censo de vacas ha aumentado un 271% entre 1986 y 2002 y la variación del precio ha sido mucho menor).
 

 

COMENTARIO EDITORIAL

En los informativos de TVE Internacional de ayer a las 9:00 (15:00 en España), unos políticos debatían sobre las corridas de toros y si se debían prohibir o no. Quiero añadir al debate la opinión de un experto: el gran torero Ignacio Sánchez Mejías (dramaturgo, periodista, mecenas de la Generación del 27, etc.) en su conferencia titulada El pase de la muerte, pronunciada en el Instituto de las Españas de la Universidad de Columbia de Nueva York, el 20 de Febrero de 1930, dice textualmente: "No tengo inconveniente en que se clasifiquen a las corridas de toros entre las crueldades universales...

En verdad, en la realización de las corridas de toros, la crueldad es vista y no vista. La educación artística de un individuo, de una sociedad o de una nación no puede improvisarse, es cuestión de siglos. Por eso España, país de artistas, presencia las corridas de toros sin dar importancia a la sangre derramada porque están en juego, sobre todo, valores artísticos y vitales irrenunciables. El torero se juega la vida a cara o cruz sin más ventaja que su inteligencia. Todas las ventajas son del toro. El toro dispone de la muerte y tiene la intención de utilizarla. El toro es la bala que viene derecha a matarnos. La virtud del torero es no asustarse de la muerte. La ciencia de la tauromaquia consiste en el arte de burlar la bala.

Hablemos mucho más claro: antes de aceptar, sin más, la crueldad de la corrida de toros habrá que discutir sobre la guerra, sobre la caza, sobre el boxeo y otras muchas cosas que la cortesía me impide enumerar. Cuando la humanidad esté en un grado tal de civilización que no quede ninguna crueldad, entonces sería cosa de hablar de suprimir las corridas de toros. Pero mientras los seres humanos hablen tranquilamente del número de hombres que cada nación puede matar en un momento determinado, hablar de la crueldad de las corridas de toros es ridículo. Dentro de las crueldades humanas no se puede tomar ni un pequeño detalle que compita en belleza con la realización artística del toreo...".

La conferencia de Sánchez Mejías ha sido publicada por la revista Quites, n. 6, 1987. Diputación provincial de Valencia. Se trata de un estudio filosófico, en lenguaje poético, de gran interés.


 

Hay que acabar como sea

 
Hay que acabar como sea con la fiesta de toros. En ese empeño hay más de cuatro políticos, a los que molesta, o duele, que la llamada, quizás mal llamada, fiesta nacional siga viva, a pesar del trato, mal trato, que le dan muchos de los que viven de ella, llámense profesionales en sus diferentes estatus, ganaderos, empresarios, toreros y los que les rodean.
Los que me conocen saben que mi respuesta a la pregunta sobre la salud de la fiesta más española de todas las fiestas ha sido desde hace muchos años la misma: «Tienen que ponerse todavía peor las cosas para que haya una reacción que la ponga nuevamente en candelero». Respuesta que encierra numerosas reflexiones. Uno, que ha leído algo del tema taurino, puede decir sin miedo a equivocarse que en la revista 'La Lidia' que se editaba en los primeros años del pasado siglo se decía lo mismo que decimos los aficionados cien años después, pero es verdad que el 2006 termina y en lo taurino no sale por la puerta grande porque ni ésta temporada, ni muchas, muchísimas, atrás han sido buenas para el aficionado exigente, y eso que en el tema principal, el toro, ciertamente se ha mejorado porque los empresarios se han dado cuenta de que la fiesta estaba en una pendiente cuesta abajo de porcentaje elevado y muy peligroso para el descarrile hacia el precipicio.

Faltan muchas cosas en esta fiesta de nuestros amores y desdichas, pero pocas son fundamentales y pueden reducirse a dos: toro y torero. Si el toro que crían los ganaderos vuelve a tener casta, fiereza, bravura, fuerzas y defensas intactas, sería ir por el buen camino. Si sale uno o dos toreros con casta, ambición, oficio y arte, que se complementen, miel sobre hojuelas. Si añadimos que los empresarios serios, generacionales, no de esos que salen debajo de las piedras y duran menos que un caramelo a la puerta de un colegio, buscan el equilibrio económico necesario para no abusar del precio de las entradas, tendríamos ganado un buen trecho.

La fiesta con tradición de varios siglos, tal que como la entendemos en estos tiempos, tiene muchos enemigos, los llamados defensores de los animales, que no son precisamente ecologistas aunque se autodenominen así, ciertos políticos incultos, pero los mayores enemigos los tiene la fiesta dentro de su propia estructura, aunque lo nieguen y todos digan que son sus salvadores. Lo de menos es lo dicho por la ministra Narbona, lo peor es lo que hacen muchos taurinos: fomentar el fraude.

 

 

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