Polémica por
la opinión de Narbona de evitar la muerte del toro en las corridas
Las asociaciones taurinas y las ecologistas han mostrado dos
reacciones totalmente distintas por la propuesta
Varios miembros del Gobierno y del PSOE han salido al paso de las
palabras de la ministra de Medio Ambiente asegurando que la posibilidad
de introducir cambios legislativos para prohibir la muerte del toro de
lidia en la plaza no está en la agenda del Ejecutivo.
La propia ministra de Medio Ambiente ha negado haber hecho ninguna
propuesta concreta sobre esta materia o que se esté planteando incluirla
en el programa electoral del Partido Socialista, aunque la noticia
publicada ha motivado que se sucedieran las reacciones de partidos
políticos, de grupos ecologistas y de gremios ligados al mundo del toro.
Desde algunos sectores ecologistas han celebrado que la noticia haya
servido para generar un debate público sobre las corridas de toros y la
muerte del animal en la plaza, y han concluido que la mejor manera de
combatir lo que consideran "tortura" del animal es prohibir las corridas
de toros.
El presidente del PP, Mariano Rajoy, ha instado a la ministra de Medio
Ambiente a ocuparse de resolver el problema del agua en lugar de hacer
propuestas como la de la regulación de las corridas de toros, y ha
considerado que se trata de "una broma y una improvisación más de este
Gobierno". En el mismo sentido se ha pronunciado el portavoz
parlamentario del partido, Eduardo Zaplana, lamentó que Narbona dedique
su tiempo a "ocurrencias" y "genialidades".
Desmentidos por el Gobierno y el PSOE
Además de la propia ministra de Medio Ambiente, el titular de Interior,
Alfredo Pérez Rubalcaba, ha dicho hoy al ser preguntado por la polémica
durante una entrevista en RNE que ese asunto "no está en la agenda del
Gobierno". También el secretario de Organización del PSOE, José Blanco,
ha dicho que esa prohibición no forma parte de los compromisos
electorales de los socialistas, y aseguró que trabajará para que en las
próximas elecciones eso no forme parte de la propuesta socialista.
El coordinador general de IU, Gaspar Llamazares, se ha mostrado
contrario a que las medidas legales previstas por el Gobierno en defensa
de los animales pudieran afectar a las corridas de toros. Llamazares ha
dicho no ser aficionado a la tauromaquia, pero ha expresado su rechazo a
acabar con este festejo por su "profunda raigambre cultural", aunque el
otro portavoz del grupo de IU-ICV, Joan Herrera, expresó una opinión
distinta, al entender que "la costumbre atávica de matar el toro debe
ser eliminada".
El mundo taurino, en contra de la propuesta
También reaccionó a la información publicada la Unión de Criadores de
Toros de Lidia, cuyo presidente, Eduardo Miura, manifestó que las
corridas de toros son una tradición muy arraigada en España y que
constituyen "un rito completo" que incluye la muerte del animal. El
grupo "Ecologistas en Acción" ha difundido un comunicado en el que
mantiene que las corridas de toros están basadas en "la tortura, el
dolor y el ensañamiento" con el toro, así como en el "desprecio" hacia
los derechos de los animales.
En la sede principal del PSOE en Madrid se concentraron una veintena de
personas para reclamar la abolición de las corridas de toros, que se
endurezca el Código Penal para combatir cualquier forma de maltrato de
los animales y que las televisiones no retransmitan corridas.
La Fiesta se desangra

Javier Ansorena.
Táctica de despiste, globo sonda, declaración de intenciones... Nadie es capaz
de dar una definición exacta de las declaraciones realizadas ayer por la
ministra de Medio Ambiente, Cristina Narbona, sobre las corridas de toros.

Narbona aseguró, según El Mundo, que es partidaria de
prohibir la muerte del toro, al igual que sucede en Portugal. “Hay que hacerlo
gradualmente y quizá ya en la próxima legislatura, pero tenemos que intentar
evitar, al menos, ese momento sangriento final del toro”.
Aunque la ministra retrocedió ayer y aseguró que se trataba de un comentario
“a título personal”, y que no se ha planteado ninguna “propuesta electoral” al
respecto, sus palabras han encendido al mundo taurino.
A pesar de las graves consecuencias que tendría la prohibición de matar a las
reses en el ruedo, las declaraciones de la ministra no pasan de una anécdota
en el momento agridulce que vive la Fiesta.
Por un lado, con todos sus detractores, los espectáculos taurinos siguen
siendo la base de muchas fiestas populares, las grandes ferias disfrutan en su
mayoría de buena salud y, en definitiva, un porcentaje alto de las plazas se
sigue llenando. De hecho, el de los toros es el segundo espectáculo con más
audiencia en España, después del fútbol.
El problema está en el futuro. Para empezar, hay serias dudas sobre la
viabilidad de un cambio generacional en la afición taurina. José Luis
Moreno-Manzanero, presidente de la Unión Taurina de Abonados de España,
calcula que “los abonados a espectáculos taurinos en España menores de 20 años
no llegan al 5%”.
Estos datos se confirman en la última encuesta del Ránking de toreros e
interés por las corridas de toros, elaborado por Gallup, que refleja que el
81,7% de los jóvenes entre 15 y 24 años no tiene ningún interés por la Fiesta.
Y la tendencia no es halagüeña: en 1971, el 55% de los españoles tenía interés
por los toros; en 1993, ese porcentaje bajó al 38%, en 2002 era del 31% y en
la actualidad se encuentra en el 26,7%.
La espantada juvenil tiene mucho que ver con el cambio de las costumbres y del
ocio de los jóvenes, pero también con la incapacidad por despertar su atención
por lo taurino. Esto se debe, por un lado, a la progresiva desparición de los
toros de los medios de comunicación: apenas subsisten secciones taurinas en la
prensa diaria; en los telediarios sólo hay lugar para cogidas espectaculares y
los medios especializados son muy minoritarios.
Por otro lado, las compañías taurinas no han sabido conquistar a este público.
Por ejemplo Taurovent, la empresa elegida en diciembre de 2004 para gestionar
Las Ventas, la plaza más importante del mundo, aseguraba que atraer a los
jóvenes iba a ser una de sus prioridades y que dedicaría un millón y medio de
euros a promoción y publicidad. Los resultados, por el momento, no son
visibles.
Futuro económico
Una preocupación similar se vislumbra desde el punto de vista económico. El
crítico taurino Javier Villán explica que “las estructuras económicas de la
Fiesta están ancladas en una especie de paleocapitalismo que, a la postre, da
a los empresarios mejores beneficios que la modernidad”. El problema es hasta
cuándo.
El negocio taurino está ahogado en un excesivo intervencionismo político en
las plazas de titularidad pública y en una endogamia que se traduce en un
bosque de contratos verbales, contabilidad precaria o secretismo sobre los
pagos a toreros, cuadrillas y corridas.
La fiscalidad tampoco ayuda. Una vieja reivindicación es la reducción del IVA
de los espectáculos taurinos, que es del 16%. “Si se reinvirtiera en la Fiesta
tan sólo un 15% de lo que contribuimos sería un gran avance. Ese dinero se
podría dedicar a campañas de márketing para atraer a nuevos públicos”, afirma
Eduardo Canorea, empresario de la Maestranza de Sevilla.
La situación en el campo no es mucho mejor. El estudio Economía de la
ganadería de lidia en España, del Instituto de Estudios Económicos, es uno de
los pocos análisis serios sobre la Fiesta. En él, José Ramón Caballero de la
Calle, catedrático de la Universidad de Castilla-La Mancha, pronostica que el
modelo ganadero actual tiene un tiempo de vida aproximado de cuarenta años.
Este experto asegura que su rentabilidad anual es negativa: existen pérdidas
reales aunque, en muchos casos, el no considerar como tales los costes de
gerencia y los de oportunidad del capital maquilla los resultados. Para que
fuera rentable, el precio de las reses debería ser mucho mayor. El problema
está en que la oferta ha evolucionado mucho más que el precio del ganado (el
censo de vacas ha aumentado un 271% entre 1986 y 2002 y la variación del
precio ha sido mucho menor).
COMENTARIO EDITORIAL
En los informativos de TVE Internacional de ayer a las 9:00
(15:00 en España), unos políticos debatían sobre las corridas de toros
y si se debían prohibir o no. Quiero añadir al debate la opinión de un
experto: el gran torero Ignacio Sánchez Mejías (dramaturgo,
periodista, mecenas de la Generación del 27, etc.) en su conferencia
titulada El pase de la muerte, pronunciada en el Instituto de
las Españas de la Universidad de Columbia de Nueva York, el 20 de
Febrero de 1930, dice textualmente: "No tengo inconveniente en que se
clasifiquen a las corridas de toros entre las crueldades
universales...
En verdad, en la realización de las corridas de toros, la crueldad
es vista y no vista. La educación artística de un individuo, de una
sociedad o de una nación no puede improvisarse, es cuestión de siglos.
Por eso España, país de artistas, presencia las corridas de toros sin
dar importancia a la sangre derramada porque están en juego, sobre
todo, valores artísticos y vitales irrenunciables. El torero se juega
la vida a cara o cruz sin más ventaja que su inteligencia. Todas las
ventajas son del toro. El toro dispone de la muerte y tiene la
intención de utilizarla. El toro es la bala que viene derecha a
matarnos. La virtud del torero es no asustarse de la muerte. La
ciencia de la tauromaquia consiste en el arte de burlar la bala.
Hablemos mucho más claro: antes de aceptar, sin más, la crueldad de
la corrida de toros habrá que discutir sobre la guerra, sobre la caza,
sobre el boxeo y otras muchas cosas que la cortesía me impide
enumerar. Cuando la humanidad esté en un grado tal de civilización que
no quede ninguna crueldad, entonces sería cosa de hablar de suprimir
las corridas de toros. Pero mientras los seres humanos hablen
tranquilamente del número de hombres que cada nación puede matar en un
momento determinado, hablar de la crueldad de las corridas de toros es
ridículo. Dentro de las crueldades humanas no se puede tomar ni un
pequeño detalle que compita en belleza con la realización artística
del toreo...".
La conferencia de Sánchez Mejías ha sido publicada por la revista
Quites, n. 6, 1987. Diputación provincial de Valencia. Se trata
de un estudio filosófico, en lenguaje poético, de gran interés.
Hay que acabar como sea con la fiesta de toros. En ese empeño hay más
de cuatro políticos, a los que molesta, o duele, que la llamada,
quizás mal llamada, fiesta nacional siga viva, a pesar del trato, mal
trato, que le dan muchos de los que viven de ella, llámense
profesionales en sus diferentes estatus, ganaderos, empresarios,
toreros y los que les rodean.
Los que me conocen saben que mi respuesta a la pregunta sobre la salud
de la fiesta más española de todas las fiestas ha sido desde hace muchos
años la misma: «Tienen que ponerse todavía peor las cosas para que haya
una reacción que la ponga nuevamente en candelero». Respuesta que
encierra numerosas reflexiones. Uno, que ha leído algo del tema taurino,
puede decir sin miedo a equivocarse que en la revista 'La Lidia' que se
editaba en los primeros años del pasado siglo se decía lo mismo que
decimos los aficionados cien años después, pero es verdad que el 2006
termina y en lo taurino no sale por la puerta grande porque ni ésta
temporada, ni muchas, muchísimas, atrás han sido buenas para el
aficionado exigente, y eso que en el tema principal, el toro,
ciertamente se ha mejorado porque los empresarios se han dado cuenta de
que la fiesta estaba en una pendiente cuesta abajo de porcentaje elevado
y muy peligroso para el descarrile hacia el precipicio.
Faltan muchas cosas en esta fiesta de nuestros amores y desdichas, pero
pocas son fundamentales y pueden reducirse a dos: toro y torero. Si el
toro que crían los ganaderos vuelve a tener casta, fiereza, bravura,
fuerzas y defensas intactas, sería ir por el buen camino. Si sale uno o
dos toreros con casta, ambición, oficio y arte, que se complementen,
miel sobre hojuelas. Si añadimos que los empresarios serios,
generacionales, no de esos que salen debajo de las piedras y duran menos
que un caramelo a la puerta de un colegio, buscan el equilibrio
económico necesario para no abusar del precio de las entradas,
tendríamos ganado un buen trecho.
La fiesta con tradición de varios siglos, tal que como la entendemos en
estos tiempos, tiene muchos enemigos, los llamados defensores de los
animales, que no son precisamente ecologistas aunque se autodenominen
así, ciertos políticos incultos, pero los mayores enemigos los tiene la
fiesta dentro de su propia estructura, aunque lo nieguen y todos digan
que son sus salvadores. Lo de menos es lo dicho por la ministra Narbona,
lo peor es lo que hacen muchos taurinos: fomentar el fraude.
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