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HISTORIA Y ARQUITECTURA
En los tiempos del toreo caballeresco y su primera difusión popular, las
corridas se celebraban bien en las mismas calles, o bien en pequeñas plazas
públicas, cerradas con carros, tablados o talanqueras.
Más tarde, la nueva urbanística de las ciudades incluyó la construcción de
plazas ex profeso, de amplio perímetro y superficie, rodeadas de balconadas
desde las que asistir al festejo, como la plaza Mayor de Madrid, diseñada
por Gómez de Mora, arquitecto del rey Felipe III, en 1617.
Cuando se impuso el toreo profesional, se inició también la construcción de
plazas de fábrica, de uso exclusivo taurino. Así, y también en Madrid, la
luego llamada Plaza Vieja, de la Puerta de Alcalá —levantada donde estuvo,
desde 1743, una anterior, cuadrada, de madera—, donación en 1754 de
Fernando VI a la Real Junta de Hospitales. A
ésta la siguieron la Real
Maestranza de Sevilla, en 1761; la plaza de Zaragoza de 1764 (obra de Pignatelli); la de Ronda, en 1785, y la de Aranjuez, de 1796. La plaza de
toros de Barcelona es de 1834. El siglo XIX, sobre todo en su segunda mitad,
fue abundante en la construcción de plazas por la geografía nacional.
Aunque su primer modelo arquitectónico fueron los circos y coliseos romanos,
a imagen de los todavía conservados de Nimes y Arlés, en el sur de Francia,
el primer estilo propio de las plazas se corresponde con el gusto de la
época, predominando el neoclásico —así la plaza de Valencia, de 1859—, y
después el neomudéjar. En las primeras décadas del siglo XX se alzaron las
plazas monumentales, con aforos que superaban los 15.000 espectadores. En la
construcción de algunas de ellas intervinieron los propios toreros: Joselito
contribuyó al proyecto de la de Madrid, Monumental de las Ventas del
Espíritu Santo, inaugurada en 1931.
CATEGORÍAS
Las plazas de toros se clasifican además por categorías, de acuerdo a la
tradición, conforme al número de festejos que celebran año tras año y a las
obligaciones que se deben cumplir en cada una de ellas, según fijan los
reglamentos taurinos. En España son plazas de primera aquellas en las que se
anuncian más de 15 corridas anuales, 10 de las cuales han de ser de toros.
Tienen esa categoría las monumentales de Madrid y Barcelona y las plazas de
Bilbao, Sevilla, Valencia, Zaragoza, "Los Califas" en Córdoba, y La
"Malagueta" de Málaga.
El peso mínimo de los toros que se han de lidiar es de 460 kilogramos. La
ganadería, el peso de la res, el año y mes de su nacimiento han de exhibirse
al público en el orden de la lidia y antes de la salida de cada animal.
De segunda son las restantes plazas existentes en capitales de provincias y
también las de Algeciras (Cádiz), Aranjuez (Madrid), Cartagena (Murcia),
Gijón (Asturias), Jerez de la Frontera (Cádiz), Linares (Jaén), Mérida
(Cáceres) y Puerto de Santa María (Cádiz). El peso mínimo de los toros que
se lidian en estos cosos es de 410 kilogramos.
De tercera son todas aquellas no incluidas en las anteriores, incluso las
plazas portátiles. El peso mínimo de los toros a lidiar es de 258 kilogramos
en canal.
CARACTERÍSTICAS
El análisis y la experiencia de los matadores ante el juego de los toros ha
sido, de siempre, el argumento fundamental en la evolución de los distintos
elementos que componen la fiesta.
Así, las primeras plazas de fábrica fueron construidas redondas y no de
acuerdo a los modelos arquitectónicos de las Plazas Mayores, por lo general
cuadradas o rectangulares. Dos razones avalaban esa decisión: la más
importante era que la inexistencia de ángulos, esquinas y puntos muertos
hacía imposible la querencia de los animales a refugiarse en ellos y también
que dificultaba su sentido de la orientación evitando en algo las querencias
naturales.
Después, porque desde los graderíos circulares la visión de lo que acontece
en el coso es igual para todos los espectadores.
Las plazas están orientadas, según un eje cuya cabeza es el palco
presidencial, hacia Oriente, de forma que en las primeras horas de la tarde,
la mitad correspondiente al palco está a la sombra y la mitad contraria al
sol. Cerca de él está el palco real o palco de honor, que ocupan las más
altas autoridades y jerarquías. Enfrente, el reloj y los clarineros y
timbaleros encargados de los toques que separan los tercios, y a la vista de
la presidencia la banda de música. El piso del ruedo, es decir, el espacio
destinado a la lidia, está enarenado, liso y limpio para evitar tropezones y
caídas de los diestros y suele tener un diámetro de 45 a 60 metros.
Se divide, según círculos concéntricos interiores, en tres partes: los
medios, cuyo centro es el del círculo, denominado platillo de la plaza y que
se extienden en un diámetro de 15 a 20 metros. El tercio o los tercios, a
continuación de los medios hacia la barrera en otro espacio de unos 10 a 15
metros, hasta la línea exterior de la raya de picadores. Las tablas, entre
la barrera y otros 10 metros aproximadamente, hasta la raya interior de la
zona de picadores.
El ruedo está circundado por la barrera o valla de maderas de una altura de
1,60 metros por el lado del ruedo y de 1,30 por el interior o callejón. Por
la parte del redondel, a todo lo largo y a unos 40 centímetros del suelo
corre el estribo, cuya finalidad es ayudar en el salto de la barrera a los
toreros en apuros. El callejón, que es el espacio entre la barrera y el muro
de los tendidos, suele tener una anchura aproximada de 1,60 a 2 metros.
La barrera se abre a otras dependencias de la plaza por cuatro portones, que
dan a su vez a las puertas: de toriles o chiqueros, de cuadrillas, de
arrastre y la Puerta Grande. Otras aberturas de la barrera son los
burladeros: entre tres y cinco huecos por los que los toreros pueden pasar
del redondel al callejón para protegerse del toro, protegidos por unas
vallas más pequeñas, de la misma altura y consistencia que la barrera,
situadas a 35 centímetros de los portillos, de modo que permite el paso de
los hombres en su búsqueda de refugio, pero por los que no cabe la cabeza
del toro.
En torno al ruedo se levantan los graderíos para los espectadores. Divididos
en secciones denominadas tendidos —de sol, de sombra y de sol y sombra según
su disposición—, numerados por filas —barrera, contrabarrera, tendido bajo y
tendido alto— y asientos. Las localidades sobre las bocanas de entrada y
salida del público se denominan balconcillos. La primera balconada sobre el
tendido se llama grada. La segunda, última y más alta, andanada. En las
dependencias interiores están los corrales y chiqueros donde los toros
esperan su turno de aparición en el ruedo; el patio y corrales para los
caballos de picar; el desolladero, donde los matarifes cuartean los animales
para su comercialización y consumo; la enfermería y la capilla.
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