El 'Duende' de Juan Mouíren

 

PACO MANUEL TIENE LA CABEZA EN LAS ESTRELLAS

por Juan Mouíren


Paco Manuel “Termita” soñaba con ser torero. Como a muchos de los niños de nuestra
ciudad de Arles le toco el gusanillo a muy temprana edad y se apunto a lo que eran en ese entonces solo unas clases de toreo práctico, impartidas por un ex novillero, que según su propio decir había fracasado por ser suizo. Este señor nos recogía los sábados a la tarde y nos llevaba en su coche a una placita para ensayar y perfeccionar la gestual taurina. Aprendíamos el temple, el tocar, el parar y el mandar con gestos lentos y muchas veces repetidos, sin que jamás podamos ver ni la punta de un cuerno. Era muy difícil ver su nombre puesto en un cartel, y pasadas las primeras becerradas en las cuales se elegían reses cómodas y de casta española, los criadores de reses de raza "camargue" intentaban hacernos perder el gusto por los toros, llevando en las becerradas en las cuales actuaban niños entre 11 y 14 años, verdaderos y espantosos novillos camargueses, que conocían el oficio mejor que nosotros y habían entendido, al solo salir en la plaza, que había un blanco que alcanzar, el juego era evitar la muleta y echarse
encima del aprendiz torero para despedazarlo.

Muchos perdieron la confianza, pero otros a pesar de las grandes dificultades siguieron su camino de diferentes formas, unos llegando a hacerse matadores, los otros quedándose de soñadores... yo creo que a un hombre se le puede quitar muchas cosas, pero el que llega a perder la ilusión tiene destino cierto de hundirse en sus propios recuerdos de sueños incumplidos. Paco Manuel Termita es de estos hombres que siempre fueron fieles a su destino; sin jamás intentar descartarlo, contentándose de lo que este último les proponía.

Paco Manuel había nacido como Jean Louis Ayme de un padre estomatólogo y de una
madre, que por haberse dedicado muchos años a la limpieza del consultorio y al cuidado del doctor, había terminado por darle numerosos hijos. Los crío en el respeto absoluto de la memoria del Doctor Ayme que le era mucho mayor y que se murió dejándola al cuidado de su familia, en una inmensa mansión y cuyo hijo menor había adquirido el virus de los toros.

La señora Ayme, tenía don de videncia y sabía leer el porvenir de cualquiera en
la bola de cristal, revolcando una tasa de café, y por supuesto leyendo cantidades de tarots y barajas de todas formas, colores y tamaños. Un día me dijo a mí, cuando todavía no sabía ni que haría de mi vida, que sería pintor y que mis obras se venderían en el mundo entero. De hecho, hoy tengo clientes en Panamá, México, Estados Unidos, Colombia, Francia, Kuwait, Qatar y desde hace poco Australia! Ese mismo día nos empeñamos en pintar la motoneta de Paco con los colores de la bandera española...

El, de repente, nunca se preocupó mucho por saber lo que le reservaba el porvenir; no creo que a pesar de haberlo soñado, haya tenido la verdadera ilusión  de ser torero, pero si vivía como tal y se dejaba llevar por la corriente, su mamá le proporcionaba a diario la cantidad de dinero suficiente para pasar el día y lo malgastábamos en comprar porros que fumábamos debajo del puente mirando los reflejos del agua que encandilaba nuestras pupilas de niños aburridos al atardecer. A la hora de despertar para ir al colegio, el consumo del día anterior se hacía sentir y asistí a levantamientos a escobazos, que al fin y al cabo no servían de nada, porque ni bien terminaba la tormenta de golpes, Paco volvía a encontrar el sueño, dulce sueño despierto que nunca lo abandonó y que hasta hoy lo sigue acompañando en su día a día.
Con el tiempo Paco se convirtió en un aficionado práctico pero seguía siendo un gran torero en su cabeza, ensayando cuando le daban las ganas, dejando que le entrara el duende en un tentadero, desclasificando en unos pases a los toreros presentes y desapareciendo varios meses para saborear su triunfo en toda quietud, con una caña de cerveza, sentado en la terraza de un bar de la plaza del forum, que antiguamente se llamaba plaza de los hombres, contando y volviendo a contar lo que había sentido en aquel momento tan emocionante.

Un día que toreaba como Díos, recibió de las estrellas la alternativa celestial, de ahora en adelante eres Paco Manuel, escribió un periodista local en una reseña que le dedicó una mañana en que seguramente, el mismo se levanto contagiado por el arte de Termita. Termita antes de ser Paco Manuel, era ya todo un personaje, y había llevado muchos apodos. Le habían puesto Termita porque en la televisión francesa presentaban una marioneta inspirada del Mupet Show que se llamaba la rana Kermit, solía en el programa francés representar al presidente Mitterrand y por la similitud que le encontrábamos con el personaje, empezamos en ponerle Kermit, que pronto se convirtió en Termite, Termita en español. El de Paco se lo puso él solo, porque le gustaba el toreo de Paco Ojeda, el cual reproducía en sus momentos de inspiración, Termita se convirtió en Paco Termita y después en Paco Manuel Termita porque sonaba mejor... ¿se han dado cuenta que sonaba y soñaba solo tienen una tilde de diferencia? Jean Louis Ayme, convertido en Paco Manuel Termita, terminaba soñando mejor.

Termita era muy amigo de un ganadero francés, Cyril Colombeau, y este muchas veces le dio la oportunidad de torear vacas en los tentaderos, al principio salía de segundo, pero la suavidad de su toreo y los conocimientos adquiridos con tanta pasión y de tanto ver toros, en la plaza como en el campo, hicieron que de a poquito se convirtiera en un imprescindible personaje de los tentaderos de esa  ganadería, anotaban las vacas después de que Paco las haya colocado al caballo, y luego toreado como si fuese Antoñete o Manzanares.

Paco estaba listo para el gran salto, decidió a la edad de 30 años, matar su primer toro, y nada de becerrito, eligió el mismo un novillo colorado de tres años cumplidos, que mataría en un festejo público. Compartió cartel con dos novilleros del momento y como era una fiesta campera, vestía un traje corto comprado unos días antes. Se vistió en una caravana y al salir unos minutos antes del paseíllo, el toro, su toro, estaba rompiendo el cajón y sacaba la cabeza por el roto sembrando el pánico entre la muchedumbre. Paco Manuel Termita se enfrentó con un adversario de mucho respeto, era transfigurado, un picador del nombre de Morales le dijo en un momento preciso, "el toro sirve Termita, preséntale la muleta, el te la coge". Termita cumplió como alucinado, presentaba la muleta y el toro la cogía, se colocaba y el toro repetía sus embestidas comiéndose el trapo. A la hora de matar y después de una vibrante faena, se complicaron las cosas y Paco nervioso lo pincho, pero en un relámpago de lucidez, me busco en la asistencia, se quito la chaquetilla y me dijo que se la guardara, se perfiló y tumbó al imponente novillo de una entera en menos tiempo que hace falta para contarlo. El mismo no se lo creía, los amigos cortaron las orejas y el rabo del novillo colorado muerto sin puntilla, y Paco Manuel fue paseado a hombros por la plaza en delirio.

Lo peor, es que no quiso dejarlo allí. Cualquiera hubiera pensado; si algo tenía que demostrar aquella tarde hice la prueba, pero el no... terminó por matar el solo y en seis veces, una corrida entera, algunas veces mejor, otras veces peor, pero este hombre soñador, este ninguneado del toreo, que muchos habían burlado y despreciado, se ganó la admiración de los envidiosos, matando seis novillos, entrando cada vez en el sorteo, vistiendo de torero para llegar a la plaza donde el mismo se citaba con la muerte, y cada vez saliendo digno, sin haber sufrido ninguna voltereta y habiendo subido una por una las escaleras que llevan al cielo. Por fin podía tener la cabeza en las estrellas sin tener que sacarla jamás, podía caminar como un torero sin que nadie se burlara jamás, nunca más.

Fueron seis los que mató, no como Paco Ojeda que un día de primavera de 1984 se
encerró con seis toros de Jandilla en plaza de Nîmes, por la suma de 100 millones de francos, sino de a poco, para cumplir con su sueño y merecerse el apodo de Paco.

Al final, como lo había predicho el periodista local, un día que toreaba como Díos, había recibido de las estrellas la alternativa celestial y podía presumir con llamarse Paco Manuel. Unos días después, como las grandes figuras, ofreció fotos a sus admiradores y a mi me puso esta dedicatoria:   A Juan, porque hay hombres de verdad.  Paco Manuel.

El otro apodo, el de Termita siempre estará detrás de Paco Manuel, porque Paco Manuel a pesar de tener la cabeza en las estrellas, sigue teniendo los pies en la tierra.



 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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