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LOS ORIGENES, BRAVURA, TRAPIO

 

¿Qué es ganado de lidia?

El ganado de lidia es un tipo de ganado bovino que ha sido seleccionado y criado especialmente para producir toros bravos que se enfrentan a un torero en una plaza de toros, en un evento denominado corrida de toros. El ganado de lidia también se conoce como ganado bravo.

¿Cuál es el origen del ganado de lidia?

El ganado de lidia se originó en España, país donde la Fiesta brava ocupa un lugar muy importante. Las ganaderías bravas españolas se remontan hasta el siglo XVI, cuando proveían de toros las fiestas en las que se celebraba algún evento religioso o monárquico; aunque las grandes ganaderías españolas de toros de lidia no se forman sino hasta bien entrado el siglo XVIII, con toros de las castas andaluza, castellana y Navarra, principalmente.

¿En qué difiere el origen del ganado bravo del ganado manso?

No hay ninguna diferencia en cuanto al origen. Ambos descienden del Uro, o bovino primitivo. La diferencia está en los caracteres que se seleccionaron en esos grupos. En el caso del ganado manso se seleccionaron caracteres de importancia para la producción de productos de consumo humano, y esto está directamente relacionado con su apariencia fenotípica y comportamiento. En el caso del ganado bravo, el principal carácter de selección fue la bravura del animal. Y su fenotipo debe estar acorde con ese carácter. El ganado bravo está diseñado para atacar: Buena cornamenta, morrillo y cuello poderosos, y tercio anterior más desarrollado que el posterior. De hecho es bastante parecido al Uro, animal que tuvo que defenderse para sobrevivir los ataques de sus diversos depredadores.

¿El ganado bravo se puede convertir en manso?

La bravura del ganado de lidia es el resultado de su carga genética más la influencia del medio ambiente (Recordemos la fórmula:
FENOTIPO= GENOTIPO+AMBIENTE). De modo que si un animal de lidia desde su nacimiento es manejado por el hombre al igual que una mascota, la conducta de ese animal se modificará.

¿Cómo es el manejo zootécnico del ganado de lidia?

En base a lo mencionado anteriormente se infiere que el ganado de lidia debe tener muy poco contacto con el hombre.  El mueco de trabajo también es donde se hacen las vacunaciones, desparasitaciones o tratamientos. Es importante señalar que se debe evitar en todo momento cualquier lesión en los cuernos, ya que un macho pierde su valor si se le fractura o pierde un cuerno por mal manejo. El ganado bravo se trae y se devuelve a las instalaciones de manejo con la ayuda de bueyes muy mansos que facilitan la conducción del ganado bravo.

¿Cómo es el ganado de lidia?

El ganado de lidia, en general, es de temperamento muy fuerte y acostumbrado a vivir en libertad. Esto les hace ser ariscos y desconfiados. Esa desconfianza les agudiza el instinto y por eso se dice que aprenden con facilidad. De ahí el reto: El hombre debe demostrar su superioridad con respecto a la fiera.

 


 

ORIGEN Y CLASIFICACIÓN ZOOLÓGICA DEL TORO DE LIDIA

 

Según los mas modernos estudios paleontológicos relacionados con el origen de los bóvidos, estos se incluyen dentro del genero Bos, entre sus ascendientes desaparecidos, numerosas formas ancestrales, como el Bos longifrons o brachyceros, el B. primigenius, el B. frontosus, etc. Estos se remontan hasta el Anoplotherium, considerado como origen común o entronque de todos los artiodáctilos.

Hay, sin embargo, quien no admire otros ascendientes de todas las razas actuales de toros que el uro o toro salvaje del periodo neolítico y que ha subsistido en algunos países hasta el siglo XVII.

Las demás especies del genero Bos serian razas o subespecies del Bos taurus primigenius.

El área geográfica del uro se extendía desde el oeste de Europa (España, Inglaterra, etc.) hasta la China, y dada tan amplia extensión pudo muy bien ser domesticado en varios lugares independientemente, si bien lo seria probablemente en Asia, como casi todos los demás animales que el hombre utiliza en su servicio.

Del uro derivan todas las razas de toros existentes, y no del bisonte de Europa, cuyos restos encontramos tan abundantemente en las habitaciones del hombre troglodita. Teniendo, pues, un origen común, nada deben extrañarnos las analogías existentes entre los toros que en estado semisalvaje se encuentran en distintas regiones de Europa, como en Escocia y aun en Suiza, en donde dedican estos animales a la lucha entre sí, constituyendo típico deporte, que procuran cautamente ocultar a los extranjeros por lo que tiene de brutal.

Según el profesor doctor Keller, de Zurich, es la raza de Hérens, a la cual nos referimos, de origen egipcio, pues en la época de los faraones se criaban toros en el país del Nilo para dedicarlos a la pelea, y tales animales eran precisamente de tipo braquicéfalo como los suizos de que hablamos Los árabes debieron difundir esta raza taurina por el norte de África y por España, desde donde pasarían a Suiza. Posee esta raza acentuado instinto combativo y ella seria, según estas investigaciones, la precursor; de las nuestras de lidia. Sin embargo, creemos que debieron llegar de Asia a España toros en estado de mayor o menor domesticación por dos diversos conductos: uno de ellos, el ya dicho de los egipcios, que los cartagineses y berberiscos importarían a la vez que trajeron la oveja merina Estos toros, que se explotarían en régimen casi salvaje por el sur y el centro de España, manifestaron bien pronto su carácter de bravura y acometividad, que había sido la base de su selección en Egipto como animales de pelea y que lo seria también en el futuro destino que les esperaba en nuestro país.

 

La otra vía, antes aludida, de introducción en Europa y en España del ganado bovino domesticado en Asia fue la de los celtas, que imprimieron su sello especial a la ganadería de los países que habitaron, como sucede en el centro de Europa, Inglaterra, Francia y el norte de España. Este ganado carecía de bravura, y se caracterizaba por su menor tamaño y por sus cuernos de gran desarrollo y casi verticales.

Los celtas dieron hombre al toro salvaje que encontraron en Europa, al que llamaron auroch, palabra formada de las dos aury och, que significa salvaje y toro, no confundiéndolo desde luego con el bisonte de Europa, como después lo han hecho muchos naturalistas, pues ya vemos la diferenciación en las pinturas rupestres, en las que claramente se perciben las dos siluetas inconfundibles de ambos rumiantes, desaparecidos, el uro en la época antes citada y el bisonte europeo (Bison bonasus) en la época actual; desde que se cazo uno en Lituania durante la gran guerra europea, no se ha vuelto a ver ningún otro bisonte ni aun en la región caucásica, que era donde estaba confinada esta especie.

Puesto que, como decimos, han sido confundidas ambas especies, haremos una ligera descripción de cada una de ellas.

Los bisontes son animales bien caracterizados por tener 14 pares de costillas, mientras que los bueyes solo tienen 13. Tienen abundante pelo, que forma en el tercio anterior una gran melena que cae sobre cuernos y ojos, mucho mas abundante en el bisonte americano que en el europeo; su cabeza es ancha y mas convexa y pesada que en el toro, con fuerte musculatura sobre la cerviz, que forma una ligera joroba en el bisonte europeo y una muy desarrollada en el americano. Los cuernos del bisonte son mas pequeños y arqueados y finos que en el toro.

El auroch era un animal tan grande como el bisonte y mucho mas que el toro actual, pues alcanzaba una talla de 1,85 metros de altura a la cruz; su cola era mas larga y peluda que la del bisonte; carecía de joroba, y sus cuernos eran mucho mas desarrollados y mas potentes que los del bisonte.

El uro no tenia el cuerpo cubierto de tan abundante pelo como el bisonte, ni formaba melena, ni era erizado en la primera mitad de su línea dorsal, ni se presentaba colgante sobre la papada. Cuéntese que fue muerto el ultimo hallado en el bosque de Jaktorowka (Polonia) en el año 1630.

 

CLASIFICACIÓN ZOOLÓGICA DEL TORO DE LIDIA.

 

El orden de los ungulados pertenece al subreino de los animales metazoarios, tipo vertebrados, claw mamíferos, subclase monodelfos (Eutheria). La subfamilia de los bovinos comprende, además del toro (Bos taurus L.), el uro y bisonte ya descritos (B. primigenius Boj., y Bison bonasus L., y Bison bison L.). EI toro se caracteriza dentro del grupo por ser, en una palabra, un auroch degenerado, reducido de tamaño y a la domesticidad completa en las razas domesticas, o a la incompleta, que es propia de las razas bravas.

Son también especies de cavicórnidos, mas o menos afines al toro, el búfalo verdadero (Buffelus bubalis L.), ya que así se llama también impropiamente al bisonte americano (Bison bison L.). El búfalo solo existe en África (Synceros Hog. caf~er) y en la India (Buffelus Rut), donde se le usa como animal lechero y de trabajo, a pesar de su fiereza natural, pues es la especie mas peligrosa de la fauna asiática, después del tigre; es de costumbres acuáticas, de color negro y de cuernos enormes y planos. La especie Anoa depressicornis Smith es otro búfalo de menor tamaño, domesticado en Filipinas, en donde se le llama carabao, de cuernos mas cortos y caídos hacia detrás, de pelo escaso y de color negro o pío.

Los bueyes de joroba, o cebúes (Bos indicus L.), son animales fácilmente domesticables, de coloración gris, cuerpo pequeño y orejas colgantes, gran papada y fino pelo. El yak (Poephagus Gray) vive en el Tibet y esta domesticado también; posee largos cuernos y abundante pelo por la papada y abdomen. Es de color negro o pío, y es de una gran rusticidad y muy propio para los países fríos. Los llamados bueyes de la India (Bibos Hog.) son el gaur, de tamaño excepcional; el gayal y el buey banting, que viven en los grandes bosques, en donde se les caza; son de colores análogos a los anteriores, y se usan en Asia y Oceanía como animales de trabajo y de carnicería.

Todas estas especies, menos los búfalos, se cruzan con el toro con mas o menos facilidad y con fecundidad mas o menos limitada, lo cual nos da la clave para conocer el parentesco o afinidad entre todas ellas, ya que la mayor o menor analogía idioplasmica es la única norma aceptable para definir las especies, menor que el criterio morfológico ordinariamente seguido por los naturalistas como mas expeditivo, sin duda alguna.

Pero aun hemos de seguir subdividiendo la especie toro en nuestro país, de acuerdo con todo anteriormente expuesto al hablar del origen del toro español. Aquellos animales llegados a España por conducto de los celtas se han perpetuado sin perder sus primitivos rasgos característicos, y pudiendo constituir en la actualidad una raza que denominaremos Bos taurus celticus, esparcida por el norte de España y Portugal, que no produce toros de lidia y si toros de gran valor zootécnico como productores de carne, trabajo y leche. El tamaño de esta raza no pasa de ser mediano; su color es bermejo o rojo mas o menos intenso o rodado, amarillo (marelo) y leonado; sus cuernos son de gran tamaño, largos, delgados y casi verticales.

Después de aparecer esta raza, que es desde luego la mas antigua, como se deduce por las pinturas rupestres conocidas, apareció la raza brava venida de Egipto, algo mas corpulenta que la anterior, de colores mas oscuros, negro, retinto y colorado, con cuernos robustos, como corresponde al toro de lidia, y línea dorsal algo ensillada o cóncava. Podemos llamar a esta raza Bos taurus africanus, y son subrazas de la misma la extremeña, la .andaluza, la ribatejana de Portugal, etc.

Por ultimo, esta raza africana sufrió importantes modificaciones biológicas, bien por acción de algunas mutaciones que el medio extremado de la región central española provocara, bien por cruzamiento con el auroch que entonces existía en España, y se produjo un nuevo tipo de toros, que puede considerarse como propio de una tercera raza, que llamaremos Bos taurus ibericus, este es de formas robustas, de mayor talla, de coloraciones oscuras (con raya dorsal mas claro o amarillenta) o berrendas, y de cuernos análogos a los de la raza anterior, pero aun mayores. Esta raza, menos brava, da excelentes toros de trabajo y también de lidia, sobre todo si son cruzados con los andaluces. Son subrazas de las que describimos la barqueña, colmenarena, la morucha de Salamanca, etc.

Sansón, en su clasificación del ganado vacuno, solo considera en España una raza de toros, la ibérica, aunque este autor dice bien claramente que no conoce ni tiene datos acerca de las razas españolas. En cambio, el ilustre zoólogo español señor Pérez Arcas ya nos hablaba hacia el ano 1870 de las razas avilesa, gallega y de lidia en su notable libro de historia natural, coincidiendo en el fondo con nuestra clasificación.

Como consecuencia de cuanto queda expuesto, he aquí la ficha zoológica del toro de lidia como animal metazoario:

 

Tipo

Vertebrados

Clase

Mamíferos

Subclase

Monodelfos

Orden

Ungulados

Suborden

Artiodáctilos

Sección

Rumiantes

Familia

Cavicornios

Subfamilia

Bovinos

Genero

Bos

L-Especie

Bos taurus

L-Raza

Bos taurus africanus

Subraza o variedad

Andaluza, navarra, etc

Fuente: "El Cossío"

 

LA VISIÓN HISTÓRICA

 

Según historiadores, el toro primitivo ibérico desciende del uro salvaje que habitaba en el centro de Europa. Al transcurrir del tiempo el uro se transforma, en la Península Ibérica, en el toro de lidia, al ser domado para el espectáculo de las corridas de toros, cuando un arte singular, la tauromaquia o la ciencia de torear, aparece. Sin embargo, es a partir del siglo XVIII cuando asoman las ganaderías organizadas para la producción del toro de lidia, constituyendo la bravura la característica esencial del toro ibérico.

Cuando los pobladores de la península ibérica vieron por primera vez un uro, era imposible que imaginaran que aquel 'bicho' con dos cuernos enormes y más de 600 kilos de peso fuese el antecedente de la Fiesta por antonomasia de nuestro país. Los orígenes de este bóvido son confusos, pero ya Julio César lo describió en sus crónicas como 'urus'. Con el tiempo, el uro Se extinguió. Allá por la Edad Media casi no se podía encontrar, pero en España el germen ya estaba plantado.

 

El Toro bravo


Raza característica de los bóvidos que sólo existe en la Península Ibérica, en el sur de Francia y en aquellos países de Latinoamérica en los que los españoles lo exportaron después del descubrimiento.
Sus orígenes se remontan hasta el plioceno inferior, cuando ya existen ramas diferenciadas de bovis, capra, antílope y bos. Del periodo paleolítico medio de la edad de piedra data el aurochs —del que procede todo el ganado vacuno actual—, y descienden el Bos primiginius y el Bos brachyceros, que en el neolítico dieron lugar al uro primitivo, reproducido muchas veces en las cuevas del Levante y norte de España y del sur de Francia (Véase Arte paleolítico). Los primeros datos históricos que lo mencionan aparecen recogidos en códigos asirios, 1.000 años antes de Cristo, que aluden a las cacerías de estos animales salvajes.
En España, el toro vivió en estado semisalvaje hasta el siglo XVII. El toro actual, el de nuestros días, es el resultado del trabajo de selección efectuado desde principios del siglo XVIII por los ganaderos de distintas regiones españolas mediante la prueba de la tienta a fin de elegir para su reproducción ejemplares en los que concurran determinadas características, aquellas que permitieran el ejercicio de la lidia, es decir, la sucesión de suertes que se ejecutan en las corridas de toros desde que el toro sale al ruedo hasta que, una vez que el diestro le ha dado muerte, es arrastrado por las mulillas. Estas características han variado tanto a lo largo de los siglos como el toreo mismo, manteniéndose como sostén del mismo un único denominador común: la bravura del toro.

EL TORO, UN ELEMENTO DE DIVERSIÓN Y DE ALIMENTO.


En la península ibérica se dieron varias casualidades. para que al uro original se le cruzara hasta llegar al toro apto para la lidia. El cruce del uro salvaje junto con el uro domesticado proveniente de Asia dio como resultado otra especie. Esta característica hizo que el toro fuese más valorado aquí que en el resto del mundo. Y más con el aislamiento al que se vio some­tida la península durante el período de Al-Andalus. El toro era un símbolo mitológico y venerado en algunas culturas. Ahora pasa a ser dominado, que no domesticado.
Los antiguos pastores se dieron pronto cuenta de lo indómito del animal. El toro comenzó a ser reclamado para fiestas populares, en recuerdo a las épocas en las que se cazaba y reunía al animal para obtener su carne. En estos primitivos encierros estuvo el origen de la Fiesta. Se tiene constancia de juegos de toros ya en 1215, en la localidad segoviana de Cuéllar .


"Al mejor trapío suele corresponder la mejor bravura", asegura José Antonio Del Moral, en su libro "Cómo ver una corrida de toros", aunque se hace necesario señalar que esta afirmación es un tanto polémica. El diccionario describe al trapío como "aire garboso".
Cuando se refiere a los toros de lidia tiene que ver con su presencia. Se dice que un toro tiene trapío cuando su estampa, su planta, su presencia causa respeto independientemente de su tamaño. El toro con trapío debe tener peso acorde con su alzada, carnes justas y musculadas, las propias de un ser atlético; pelo brillante y limpio, fino y bien sentado; morrillo grueso, patas finas, pezuñas redondeadas y pequeñas, cornamenta bien conformada y limpia, cola larga y espesa. Ojos negros, vivaces, sin defectos.

 

Trapío


El trapío corresponde al fenotipo, es decir, a la apariencia externa y al comportamiento del animal.
Según José María de Cossío, se llama trapío de una res "al conjunto de caracteres de apreciación visual que hacen juzgar de su aspecto, estampa y probables condiciones de lidia", si bien por antonomasia por trapío se entiende el buen trapío. En el toro de trapío se exige energía y viveza de movimientos que indiquen su nervio, piel fina o aterciopelada que transparente su potente musculatura, que haga aparecer al animal flaco sin estarlo. Este toro será de esqueleto fino, que se reflejará en su cabeza, cabos (extremos de las patas) y pequeñas pezuñas; será de cuello proporcionado. Los cuernos estarán bien puestos y serán de tamaño medio.
La cabeza en el toro deberá ser más bien pequeña que grande; la frente o testuz será ancha y cubierta de pelo rizado; las orejas, situadas debajo de los cuernos, no deben ser grandes y sí vellosas y movibles, indicando nerviosidad y nobleza, y no padecer sordera ni parálisis.
Los cuernos serán fuertes y bien pulidos, puntiagudos, bien dispuestos (con dirección lateral primero, luego hacia delante y finalmente hacia arriba y de color oscuro); el hocico, también oscuro, fino y fresco; los ojos, brillantes y encendidos, y más bien grandes que pequeños. El cuello, en general, deberá ser grueso y corto.
Según la inclinación de la espalda, se deducirá la aptitud más o menos corredora del bicho. La cruz, rubios o agujas, es el punto de unión del cuello con la línea dorsal. Según sea más o menos patente se llama a los toros altos o bajos de agujas. El dorso deberá ser recto; los lomos amplios y musculosos. El vientre de escaso desarrollo, galgueño, aunque bien conformado, y los órganos genitales machos, de normal desarrollo y bien descolgados.
La grupa deberá estar bien desarrollada y las ancas (extremidades posteriores) no serán muy salientes ni tampoco muy próximas. En las patas, tanto el antebrazo como el brazuelo deben ser largos y musculosos. El tendón flexor, despegado y bien desarrollado, así como la rodilla y la canilla gruesas y robustas. Las pezuñas o pesuñas serán pequeñas, duras, casi pétreas, brillantes, sin hendeduras y de color oscuro.
El nacimiento de la cola se llama penca o muslo, el cual debe ser de alta inserción, bien poblado en su borla o terminación, que sobrepasará los corvejones (articulación en la parte inferior de la pata y superior de la caña o canilla.
 
Bravura, instinto de defensa

La bravura, otra característica esencial del ganado de lidia, no fue consustancial al toro en sus orígenes, sino un evento cultural del ser humano, digno de toda admiración, asegura Del Moral. Como fuerza de brutos definen algunos diccionarios la bravura; y como acción de acometer resueltamente y con constancia, otros. A la bravura se le ha considerado como un instinto de defensa provocada por la cólera del toro en el instante de ser molestado, o como miedo o cobardía ante lo desconocido, o como una misteriosa y natural violencia del toro que ataca a cuanto se mueve o le excita.
Una de las características de la bravura es crecerse al castigo, en lugar de huir. El toro verdaderamente bravo, explica el autor español, antes de acometer a su presa, le avisa. Jamás ataca a traición. Se cuadra y se coloca en rectitud ante quien quiere ahuyentarle, le mira fijamente, adelanta las orejas, levanta la cabeza y, a veces, retrocede o avanza a leves pasos antes de arrancarse.
Igualmente, debe embestir con prontitud, con nobleza, sin cabecear, siguiendo con fijeza al objeto que persigue para cornearlo, sin cansarse, aunque nunca logre alcanzar a su enemigo.
Del Moral, en el tratado antes citado, describe al toro de lidia: "Entre todas las criaturas del reino animal no hay ninguno que reúna caracteres tan bellos y a la par misteriosos como el toro bravo. Algunos son agresivos y fieros, otros tienen el encanto de la nobleza y la fidelidad, unos atraen por su fuerza, por la armonía de su estampa o su pelaje, y también los hay majestuosos y altivos."
Solo el toro de lidia es, al mismo tiempo, poderoso, arrogante y armónico, bondadoso y agresivo; algo así "como un guerrero que lleva escrito en sus genes el mensaje de la bravura y tiene una crianza lujosa hasta su madurez, justo el momento en que debe morir".

Para el veterinario Sanz Egaña la bravura es "un instinto defensivo, o, mejor aún, un instinto de liberación que se manifiesta por una reacción de carácter voluntario frente a un estímulo exterior". El toro responde por reflejo mediante dos componentes distintos: uno de excitación y otro motor, acusado por reacciones exteriores precisas y ordenadas. La bravura se hace ostensible para el espectador mediante la embestida, cuya rectitud y fijeza ha de ser denominador común de su comportamiento, pero puede observarse en otros muchos detalles en el curso de la lidia. Así, al salir de chiqueros, al arrancarse con viveza ante los capotes desde cualquier terreno y rematar en tablas, sin intentar nunca saltar la barrera; al entrar a los capotes sin levantar las manos (patas delanteras) ni puntear ni derrotar en el engaño ni cortar la salida en la terminación del pase; al arrancarse de largo ante el caballo, bajar y remeter la cabeza contra el peto, soportando el castigo de la vara sin cabecear, sino metiendo los riñones y levantando el tercio posterior para intentar el derribo del enemigo; no cortar la salida ni berrear en los pares de banderillas y embestir por derecho y templado a la muleta sin salir suelto tras el remate del pase ni acortar el recorrido ni abrir la boca en el transcurso de la faena de muleta, para cuadrar bien y pronto a la hora de la muerte. En tiempos se decía de un torero era bravo cuando poseía una valentía singular.

 

 


 

EL TORO BRAVO: UNA HERENCIA HISPANA

por Mario Carrión

Con pasos lentos, seguros y marchosos y bamboleando un musculoso cuerpo de donde sobresale un masivo morrillo que soporta una testuz armada con una mortífera cornamenta, perfecta arma natural de defensa y ataque, el toro ibérico rodeado por un harén de vacas marcha tranquilo en el campo, como a sabiendas de que su genética bravura y las de sus compañeras, que pudiera haber causado su extinción, por el contrario se convirtió en la razón de la supervivencia de su especie.

El salvaje toro bravo o de casta, original de la Península Ibérica, y que hoy subsiste en esplendoroso cautiverio en sus dehesas, las de Francia, México y las de varios países de Hispanoamérica en donde la fiesta brava se efectúa, nos ofrece un caso peculiar de la domesticidad de una especie salvaje. El hombre, desde tiempos prehistóricos, ha manejado a placer el reino de los animales, para ajustar la existencia de estos a sus necesidades, unas veces domesticando las especies salvajes, otras eliminándolas cuando han existido conflictos territoriales o coexistiendo cuando estos conflictos han sido pocos o no existentes. El toro bravo, además de ser un caso especial de supervivencia en una época cuando la humanidad no sentía la responsabilidad moral de conservar las otras especies, forma parte de nuestra cultura por el papel estelar que juega en la tauromaquia y por su simbolismo que se refleja en nuestra lengua, arte y folklore. Por estas razones el toro bravo es el sujeto de este artículo, en donde elaboraré sobre sus orígenes, su evolución que va de ser un animal salvaje regido por las leyes naturales, a ser una especie protegida por razones comerciales. También mencionaré características que definen al toro bravo, y analizaré algunos de los métodos de su crianza con los que se intentan perpetuar, aumentar y modificar los genes bravos de esta especie.

Zoologicamente el ganado bravo se clasifica como perteneciente a la especie bos-tauros del género bovino de la familia cavicornia, lo mismo que cualquier otro ganado vacuno que hace milenios fue domesticado para abastecernos de carne, leche y fuerza para el trabajo y el transporte. No se sabe cuando en el desarrollo de la humanidad unas manadas de toros fueron domesticadas y el por que otros grupos permanecieron en estado salvaje. Fueron las innatas características de las diferentes manadas del ganado salvaje lo que determinó su domesticidad o la proximidad territorial de estas al hombre? No lo sabemos, pero el hecho es que ambos grupos de toros bravos y mansos coexistían separadamente al mismo tiempo, y que esta separación los dotó con una diversidad genéticas que los distinguirían a la manera como los lobos se diferencian de los perros. La descendencia del toro bravo actual se asocia con un tipo de ganado salvaje que placía desde los tiempos prehistóricos por los campos de Europa.

Existen referencias a la bravura y al simbolismo místico y religioso de estos animales en las diferentes culturas europeas, asiáticas y africanas. A las manadas que se afincaron en la Península Ibérica los celtas los llamaron auroch, que proviene de los vocablos celtas "aur"{salvaje} y "och"{toro}. Ilustraciones de estos toros salvajes fueron ya plasmadas en la Cueva de la Vieja de Alpera en Albacete, España, en la era paleolítica. Hay pocas referencias históricas de las costumbres del toro bravo y del aprovechamiento que de este animal hizo el hombre anteriormente al advenimiento de las corridas de toros en España. Existen datos que aluden a que los romanos cazaban a estos toros para que los gladiadores pelearan con ellos en sus circos. También se utilizaban para ritos religiosos y para alancearlos como entrenamiento para la guerra. La primera corrida histórica aconteció en el año 1133 y desde entonces estas funciones se repetían a menudo requiriendo un abastecimiento continuo de toros para poder celebrarlas.

Se desconoce de como al comienzo de la era taurina se suplía esa demanda. Se especula que al principio se hacían redadas para cazar vivas a las reses y llevarlas a las plazas. Este método aparentemente no era suficiente para suplir la demanda, y por primera vez la historia anota que en el año 1616 el ganadero Francisco Menese lidió toros en Madrid y que los señores Antonio Moscadero y Francisco Reoli criaban ganado bravo en la provincia de Toledo. Así esta fecha marca la aparición de los ganaderos de reses bravas, que de aquí en adelante explotarían comercialmente la bravura y la mejorarían por un procedimiento de selección genética. Hoy el toro bravo constituye un patrimonio zootécnico exclusivamente hispano.

La crianza del ganado es el único caso de domesticidad cuyo proceso en vez de amansar el instinto salvaje de una especie lo preserva y lo modifica. Existe una polémica de como clasificar al toro bravo, si como animal doméstico o salvaje. Es doméstico ya que, como los otros bovinos, las reses de lidia dependen totalmente para su subsistencia del hombre, quien determina el medio ambiente donde vive y su dieta manejando su evolución por medios de manipulación genética, con el propósito de beneficiarse económicamente de su bravura. Por otro lado se rompe el molde de domesticidad, ya que sus criadores tienen que evitar que estos animales se acostumbren al contacto con el hombre, con quien tarde o temprano se tendrán que enfrentar en los ruedos. Para evitar ese contacto al ganado bravo se le mantiene en el campo en grandes haciendas rodeadas por cercas alambradas que retienen al toro dentro y al hombre, que no tenga una misión que cumplir en la hacienda, afuera. En este aspecto la vida y la conducta del ganado bravo se asemeja a los animales salvajes que hoy viven protegidos en la reservas naturales, aunque a estos se les permite que evolucionen naturalmente con la mínima intervención humana.

Durante la Edad Media y al principio de la Edad Moderna las referencias sobre las ganaderías bravas son apenas asteriscos históricos. Sin embargo con la fiesta de toros establecida en toda España en el siglo XVIII, la importancia económica del ganado bravo aumentó y las ganaderías se multiplicaron. Consecuentemente la historia de la ganadería brava toma forma y los datos son más directos y comunes. Las estadísticas empezaron a recopilarse en el 1768 cuando el Conde de Aranda, Primer Ministro de Carlos III, ordenó a todas las autoridades del Reino que remitieran al Consejo de Castilla una relación del "número de vacas y toros de lidia que existieran en sus comarcas". En 1905 se creó La Unión de Criadores de Reses de Lidia con la misión de defender los intereses de los ganaderos y mejorar la castas brava del toro. Esta asociación publica anualmente un libro mostrando el árbol genealógico, los cruces genéticos y otros datos relacionados con cada ganadería brava española.

En la evolución del toro de lidia el término "casta", arriba mencionado, tiene capital importancia. Es un concepto algo intangible que en los estudios zoológicos del ganado bravo se define como "conjunto de sucesión de individuos de la misma especie, de origen común y caracteres similares transmisibles por herencia." Existen una variedad de castas de ganado bravo cuya distinción se basa en el tipo, conformación y condiciones de lidia, pero todas las castas tienen en común que sus miembros despliegan la acometividad defensiva de su territorio y la ofensiva en terreno neutral. Durante los tres últimos siglos se han reconocido varia castas. La navarra que producía toros de poca alzada pero cornalones y nerviosos, las castas castellanas de jijona y Paso Portillo y otras de diferentes regiones españolas también que dejaron poco rastro en las ganaderías modernas. Estas heredaron los genes bravos de los toros provenientes de la casta cartujana de Andalucía. El ganado cartujano desarrolló más corpulencia y poseía una alegre y codiciosa pero franca embestida, que satisfacía a los toreros por su bravura con nobleza y a los públicos por esas condiciones más por la emoción proveída por su corpulencia. Los frailes cartujos, afincados en la región andaluza fueron los creadores de esta casta y los primeros que en sus grandes latifundios consistentemente criaron toros bravos para llevarlos a las plazas hasta que muchas de sus propiedades fueron confiscadas en el siglo XIX. Entonces sus ganaderías pasaron a manos privadas de nobles y aristócratas, que eran quienes poseían los latifundios que son necesarios para la cría de este ganado. Ya en ese mismo siglo fueron famosas las ganaderías de Gallardo, Espinosa, Vásquez, Vistahemosa y Cabrera de origen cartujano, y analizando los árboles generológicos que aparecen en los tratados taurinos, encontramos que la sabia brava que fluye en la mayoria de las ganaderías modernas también es de casta cartujana, mientras que la sangre de las restantes castas corre por las venas del ganado de apenas una docena de ganaderías. Por ejemplo la legendaria y famosa ganadería de Miura es de casta cartujana vía cabrera, y la hoy popularísima ganadería de Juan Pedro Domech es de origen cartujano-vazqueño también.

Como parte de su cultura los conquistadores importaron a América la tauromaquia llevando allí ganaderías bravas para proveer la materia prima para las corridas. Curiosamente la razón de la importación de las primeras cabezas de ganado bravo a México no estaba relacionada con la fiesta brava. Unos años después de la conquista de México, los frailes dominicanos estaban teniendo problemas para defender sus sembrados de las intrusiones de los indios que poblaban el Valle de Toluca. Para defender esos campos decidieron construir una doble cerca y encerrar entre ellas al ganado bravo importado de España. Sin embargo en 1527, José Gutiérrez Altamira, primo de Cortez fundó la primera verdadera ganadería mexicana en el Rancho Atengo, en el mismo Valle de Toluca, con 24 toros y 50 vacas también traídas de España. En la actualidad México es el país después de España que cuenta con más ganaderías bravas. Aunque estas fueron formadas con ganado español y de cuando en cuando ha habido algún cruce con el ganado original, el toro mexicano ha mantenido tanta independencia genética que se puede decir que existe una casta mexicana. En Perú el ganado bravo fue implantado en 1540 y en Colombia, Ecuador y Venezuela en este siglo actual, aunque en estos últimos países existía un ganado criollo que tenía cruce bravo. A diferencia de México el ganado bravo en América del Sur continúa teniendo una dependencia genética de las castas españolas, pues vacas y toros rutinariamente son importados para refrescar la sangre de las ganaderías indígenas. También, desde hace una veintena dee años, reses bravas de casta mexicana, descendientes del auroch, el salvaje toro celta, ahora naturalizadas americanas, pacen en haciendas californianas.

Pasemos ahora a exponer algunos de los métodos que los ganaderos implementan para mantener la bravura innata de su ganado. Lo primero que se necesita para criar toros son grandes haciendas cercadas y dividas en diferentes cerrados. Siguiendo el criterio de cada ganadero las vacas son separadas en grupos que comparten ciertas características genéticas para ser cubiertas por un semental del mismo linaje para mantener estática la casta, o bien por otro de diferente origen, con el propósito de introducir un cambio genético que debería manifestarse en las crías del lote. Después del destete, los añojos son herrados y separados hasta cumplir los dos años cuando tendrán que pasar la prueba de bravura, llamada tentadero. El tentadero de macho se hace a campo libre, donde el eral, después de haber sido separado de la manada tiene por su propio albedrío que embestir al picador con cierto preconcebido estilo y sin manifestar dolor. Su grado de bravura determinará si vive una vida regalada por dos años más para morir luego gallardamente en el ruedo, o si del tentadero va directamente al matadero para ser vilmente apuntillado. Muchos ganadero están eliminando el tentadero de macho, rigiéndose solo por el linaje familiar del animal para lidiarlo en la plaza, ya que el resultado de su buena o mala lidia solo afectará a la reputación temporal del ganadero, pero no a la casta de la manada, pues los toros destinado a la lidia no padrean. En cambio la tienta de las vacas y de los sementales es primordial para el futuro de la ganadería. La tienta de ambos es muy similar. En una placita situada en la hacienda se recrean las condiciones de una lidia real. Después de las eralas pasar la prueba con el picador, los toreros las torean para que el ganadero estudie sus condiciones. En los libros que el ganadero mantiene con el historial de cada becerra entra las notas de la reses. Si la nota de la res es aceptable y las notas de sus antecesores también las fueron, entonces a la vaca se le asigna a un semental para que por una docena de años procreen otros tantos ejemplares para perpetuar la bravura de la raza. Existen muchas variables que el criador de reses bravas tiene que considerar para mantener el balance genético de su ganado. Un error en selección puede destruir o retrasar una ganadería que necesitó varias generaciones para formarse. Se dice que para sobresalir como ganadero de toros bravos se requiere dinero, afición, muchos conocimientos, intuición y sobre todo suerte. El ganadero tiene el poder de decidir si una res muere en el matadero por mansa, o termina sus días en un harén bovino, para que sus genes bravíos contribuyan a perpetuar la peculiar bobina casta hispana.

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