|

Un día en la Feria
Ibérica del Toro de Olivenza

Ayer domingo a mediodía, con el cielo amenazando lluvia, cogimos el toli y nos
plantamos en Olivenza. La ciudad de las dos culturas. El predio de Ramón Rocha
Maqueda, el mejor alcalde de Extremadura. La tierra donde sus mozas no son como
las demás. ¿Por qué? "Porque son hijas de España y nietas de Portugal", que dice
la jota popular. El motivo era asistir a los últimos actos de su afamada Feria
Ibérica del Toro, este año por su 5ª edición. Día en que reaparecía en los
ruedos José Ortega Cano, el viudísimo de Rocío Jurado, con 53 tacos, que se dice
pronto. Y con toda la gente guapa de las Españas llenando a reventar el coso
oliventino.
Y llenazo nada más entrar, con cientos de coches aparcando fuera de su casco
urbano, dirección Villanueva del Fresno. Y es que en esta zona, junto a sus
hermosos y bien conservados baluartes, habían plantado varias carpas
gigantescas, donde se ubicaban el propio recinto ferial, el restaurante Dosca,
zona de bailoteo, servicios, etc. , una vez dentro, el acabóse, el despiporre
taurino: decenas de stands de lo más variopinto, pero con un común denominador:
el toro bravo. Con sitios dedicados a la venta de cabezas de toros disecados,
locales reservados por ganaderos y empresarios de plazas portátiles, tiendas de
ropa campera y taurina, expositores de cuadros, acuarelas, fotografías y
esculturas de toros y toreros, zonas reservadas a los clubes taurinos y escuelas
de Tauromaquia de la provincia, otras de libros y revistas temáticas, incluyendo
dos zonas museísticas, las dedicadas a los trajes de torear, del empresario
almendralejense Juan Barco, y una monográfica a Manolo Vázquez, el gran torero
sevillano. Y, claro es, con secciones dedicadas al turismo de la zona y a las
buenas almazaras --como la de la Cooperativa San José, de Villafranca de los
Barros, con su aceite de oliva virgen Canchal--, y a las mejores bodegas, como
Puente Ajuda, de Olivenza, con sus vinos
Marbean,
Viña Alor y
Duque de Cadaval, y Viña
Extremeña, de Almendralejo, y aquí puedes perderte, con caldos cargados de
sapiencia bodeguera y medallas a la excelencia:
Palacio de Monsalud,
Monasterio de Tentudía,
Corte Real...
AMBIENTE GRATÍSIMO
Y, nada más entrar,
que nos tomamos una copichuela y unas tapas de jamón en el Patronato de
Tauromaquia de la Diputación Provincial de Badajoz, ese que dirige tan bien
Nandi Masedo, donde, a través de un folleto titulado "Los toros en Extremadura",
nos enteramos de que en nuestra Región, uno de los últimos paraísos de la dehesa
mediterránea, pastan... ¡150 ganaderías de bravo! ¡He dicho bien, 150, un 1, un
5 y un 0! Sesenta y una en la provincia de Badajoz y el resto, en la de Cáceres.
Y hasta mi pueblo, Peraleda de San Román, donde no llega la población a medio
millar de habitantes, tiene la suya, la de D. José Luis López Triviño, divisa
blanca y verde, en la finca Las Cerealeras. Pues a mí me parecen muchas
ganaderías y muchos bicharracos con dos cuernos astifinos y una mala leche que
espanta. Eso sí, la gran mayoría de los ganaderos vive ricamente fuera de
Extremadura y aquí, que se los críen.
Y era sobre las tres de la tarde y allí no cabía un alfiler. Y todo el mundo
siendo obsequiado en todas las casetas con sus buenos vinos y cervezas y sus
buenas tapas de jamón y chorizo. Y en esto que topamos con una, la de Ganaderos
de Lidia Unidos, donde, milagrosamente, hay un par de huecos. Y allí que las
azafatas nos invitan con toda amabilidad. Y, preguntando, preguntando, que uno
es muy curioso, que nos presentan a un tal Javier, un tipo serio y bien plantao,
el representante de esta patronal de ganaderos --hay cuatro en España--, que
engloba a muchos de ellos, además de nuestro país, de Portugal y de Francia, que
me pone al día sobre la situación del toro en España. Que no es tan rimbombante
como la pintan, después de que alguna ministra haya terciado en contra de las
corridas de toros. Y es que, me dice Javier, al Estado ya no le quedan
competencias, todas han pasado a las Autonomías. Y en Cataluña, una de las más
influyentes, ya han salido voces de que quieren abolir la fiesta.
--¡La Fiesta nacional, en manos de las Autonomías!
--Vamos, vamos, don Javier, que la fiesta no se la va a cargar nadie
--intercedo.
--Con la enormidad de riqueza que genera la fiesta, la cantidad de familias que
viven de ésto. Mire estos días en Olivenza, todo lleno, cuánto dinero han dejado
los aficionados estos días. Por cierto, cuánta afición hay a los toros en
Olivenza, como pocos sitios en España, que me los conozco.
--¡¡¡¡¡¡¡¡¡
--Mire usted, de todas las ganaderías de bravo que hay en España, sólo una
veintena de empresarios se dedica exclusivamente al asunto. El resto lo combina
con otros negocios, como la hostelería, las inmobiliarias, la agricultura...
Y mi Javier, tan sensato y apasionado de la fiesta nacional por antonomasia, que
se mete bajo el mostrador y me saca dos manuales taurinos, uno sobre ganaderías
y toros (Ganaderos de Lidia Unidos,
2006-2007, Madrid, 2006) y otro sobre toreros y el arte de torear (M.
Baena: Tauromaquia del siglo XXI,
GLU, Madrid, 2005).
--Esto lo tenía reservado para la prensa. Tenga, es para vosotros, y es que da
gusto hablar con personas como ustedes.
Pues lo mismo digo, Javier.
DE TOROS Y TOREROS
Y ahora, con los
dos prontuarios en el morral, que me veo a punto de especializarme en morlacos,
dominando cómo se debe llamar a los toros por sus capas o pintas, por las
señales en sus orejas o por sus cornamentas. Y, dándole un vistazo, ya sé
diferenciar los toros jaboneros, moruchos, zaínos, cenizos, bermejos, berrendos,
entrepelados, caretos, caripintados, chorreados, bragados, luceros, meanos,
estrellados, ojo de perdiz... O cuándo, por las cornamentas, son bien armados,
astifinos, corniveletos, paletos, cubetos, gachos, corniabiertos, playeros,
brochos, cornilargos, cornigordos, tuertos, cornidelanteros, corniviciosos,
bizcos... Y, según las señales en las orejas, son rajadas, ramilladas,
brincadas, bocalagartas, rabisacas, orejisanas, ahigueradas, despuntadas,
medialunadas...
Y, ya en el apartado de los artistas del toreo, cómo deben ser las suertes de la
lidia, eso de parar, templar y mandar con la capa, la muleta, las banderillas,
el rejonero, las suertes, los tiempos de matar, los terrenos del toro, sus
querencias, el brindis al tendido o al cielo, el descabello, el paseo triunfal
con las dos orejas, el rabo y una pata, la salida a hombros hasta el hotel (o al
pilón, depende del lugar) y el Cosío en pasta.
Y mi Javier que me da su tarjeta y, al leerla, veo por qué este hombre es tan
especial. Resulta que se llama Francisco Javier, nada de particular, pero el
apellido paterno no es González, ni Pérez ni Martínez, como los de todo el
mundo, no, hijo, no. Que es Florkiewicz. Que manda huevos. O séase, hijo (o
nieto) de algún marqués, conde o mariscal de campo polaco, austrohúngaro o
bielorruso, no un cualquiera. Y, por si fuera poco, su oficio dentro de
Ganaderos de Lidia Unidos es el de técnico del Libro genealógico de los toros y
de las ganaderías. ¡Lo nunca visto, un experto en pedigrí taurino!
Nos damos un abrazo y quedamos para otra ocasión. Fuera, el cielo, oscurecido en
el horizonte, tiene mala pinta, y dentro de hora y media hay corrida, que los
carteles anuncian a Ponce, Ferrera y Ortega Cano. Pero, saliendo del stand de
Javier, una figura menuda nos llama la atención. Un poco más allá, arremolinados
junto al chiringuito de Los Espartales, la finca donde cría sus toros el
polifacético y encantador José Luis Iniesta, dueño de Río y socio del Gran
Casino de Extremadura, está él. Él, en persona, en propia carne mortal. Rodeado
de familiares, amigos y simpatizantes. Y todos, arrobaditos, cayéndoseles la
baba. ¿Pero quién puñetas es él, si puede saberse?
De él y de sus circunstancias, y de todo lo que aconteció a continuación
hablaremos en el próximo folletín, si Dios quiere.
EL AVISADOR
|