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LENGUAJE TAURINO

 

El vocabulario taurino en el lenguaje popular.

 

A lo largo de los siglos, la Tauromaquia ha generado un vocabulario propio a partir de la liturgia y las múltiples suertes de las que consta este arte, declarado Patrimonio Histórico Cultural. Muchas de las expresiones utilizadas durante la corrida o surgidas a partir de la Fiesta han dado el salto al habla coloquial, adaptando su significado taurino otros ámbitos de la sociedad. Estos dichos, además de enriquecer el castellano, son una muestra del arraigo que tiene el toro en la cultura popular española. Con motivo de la Feria de San Isidro hacemos una recopilación de los más utilizados:

 

 

Cortarse la coleta.

Es uno de los rituales con más carga emocional de la Fiesta, pues simboliza el fin de la carrera de un torero. Hasta que Juan Belmonte, el revolucionario que cambió el toreo en la primera mitad del siglo XX, decidiera utilizar un postizo, era costumbre entre los matadores lucir una coletilla de pelo natural, que se cortaban cuando se retiraban.

Son muchos los diestros que se han cortado la coleta y han vuelto a los ruedos. Otros, en cambio, se retiraron en silencio, sin ceremonias, y también volvieron, como Joselito el año pasado, o no, como Curro Romero.

El 'Faraón de Camas' es protagonista de un corte de coleta que demuestra cómo esta expresión está asumida por la sociedad y es utilizada, de manera metafórica, por cualquiera que abandona una profesión. Curro oficializó la retirada del futbolista Juan Gómez Juanito cortándole la coleta en su despedida de los terrenos de juego el 27 de junio de 1989.

 

Ver los toros desde la barrera.

Tanto en la Tauromaquia como en la vida, aquellos que no tienen el problema se permiten el lujo de opinar con la seguridad de no tener que enfrentarse a él. En el albero, el problema se llama toro y tiene dos cuernos, ante los que nunca se ha puesto el que más vocea desde el tendido.

La Real Academia Española lo define como "Presenciar algo o tratar de ello sin correr el peligro a que se exponen quienes en ello intervienen" y añade 'andamio', 'balcón' y 'talanquera' a 'barrera' como sitios desde los que presenciar los toros.

 

Coger el toro por los cuernos.

También la RAE recoge en los términos relacionados con 'toro' esta expresión: "Enfrentarse resueltamente con una dificultad". Es curioso que este dicho tan popular es algo que no ocurre en la Fiesta. Nadie coge un toro por los cuernos, y si lo hace es a un animal al que no le quedan fuerzas en un gesto que no suele ser del agrado del aficionado más puro.

Conviene, no obstante, recordar que en Portugal está bien arraigada la tradición de los forcados, hombres que literalmente se echan sobre la cara del toro y se sujetan a sus pitones hasta que logran detener su embestida.

 

No hay quinto malo.

La versión más extendida sobre el origen de esta expresión que hoy es empleada en ámbitos donde, lógicamente, debe haber mínimo cinco opciones o materias, la explica Carlos Abella en su obra '¡Derecho al toro!' y es la siguiente: "Tiene su origen en la época en la que en las corridas de toros no existía el sorteo de los toros, sino que era el ganadero quien -teórico conocedor del previsible juego de sus toros- reservaba el de mejor nota y presumible mejor comportamiento para ser lidiado en quinto lugar".

Entrar a matar

La lidia de un toro es un todo que debe ser analizado por el presidente en su conjunto a la hora de conceder trofeos. Debido a esto, una actuación brillante se debe confirmar con la espada. Cuando entra a matar un torero debe hacerlo con decisión y firmeza. Una duda en la ejecución le puede costar caro. Cuando la acción -figurada- la realiza una persona ajena a la Tauromaquia se entiende que actúa sin duda para terminar algo o solucionar un problema.

 

Recibir un rejón.

En el toreo a caballo el jinete utiliza rejones para ir mermando la fuerza del toro. La RAE recoge la siguiente acepción: "Asta de madera, de metro y medio de largo aproximadamente, con una cuchilla de acero en la punta, que sirve para rejonear".

Igual que el toro es castigado con este elemento de la lidia, cualquiera puede 'recibir un rejón' con palabras por parte de otra persona que le recrimina algo que ha hecho mal.

 

Embestir como un miura.

La palabra miura ya impone respeto. Los toros de la legendaria ganadería sevillana tienen un aura especial, no solo por su morfología, largos y musculosos, sino por la fiereza y bravura con la que suelen emplearse en la plaza. Someter a un miura no es cosa sencilla, de ahí que triunfar con estos astados sea considerado un logro superior. 

Dos de los toreros más importantes de la historia, Manolote y El Espartero, murieron corneados por miuras, en 1947 y 1894 respectivamente.

La leyenda de este hierro ha provocado que pronunciar su nombre se asocie con el peligro. Son comunes las expresiones "le temo más que a un miura" o "entra como un miura", esta última referida a aquel que se calienta rápido cuando es provocado.

 

Estar para el arrastre.

Tras ser estoqueado, el toro es arrastrado por las mulillas hacia el desolladero. En ocasiones, y gracias a su extraordinario comportamiento, el astado recibe el mayor honor posible después de muerto: la vuelta al ruedo entre los aplausos de los espectadores. Se dice que alguien está para el arrastre cuando se encuentra al límite de sus fuerzas.

 

Hasta el rabo todo es toro.

El toro, como animal salvaje que es, es imprevisible. No hay dos iguales, y por mucho que uno parezca bondadoso, en cualquier momento puede coger al torero. En referencia a lo imposible que es prever el movimiento del toro surge esta expresión.

Confiarse, creer que después de que el toro ha pasado su cara ante la muleta ha finalizado el pase puede costar caro. Hasta que no pasa el rabo el peligro sigue ahí, como también lo es el toro moribundo, que gasta sus últimas fuerzas intentando coger a aquel que le ha dado muerte.

Su adaptación al lenguaje coloquial es bien sencilla. No se puede bajar la guardia o relajarse hasta que una tarea no ha finalizado por completo.

 

Esos cojones en Despeñaperros.

Esta frase ha llegado hasta nuestros días empleándose cuando alguien muestra cualidades o presume de algún atributo cuando no es necesario en vez de en el momento en que debía hacerlo. Se le atribuye al genial torero Rafael Gómez Ortega El Gallo, aunque hubo quien señaló entonces a su mozo de espadas, Manuel, como su autor.

Lo que es seguro es que fue pronunciada en 1908 en la estación de Atocha de Madrid, justo después de finalizar un trayecto desde Sevilla. La locomotora, que funcionaba a base de carbón, las había pasado canutas subiendo el puerto de Despeñaperros, en Jaén.

Sin embargo, entró a la estación madrileña con brío, pitando y soltando vapor. Ya en el andén, al pasar junto a la locomotora, El Gallo -quedémonos con la versión más romántica- dijo mirándola la histórica frase.

 

Puerta Grande o la de la enfermería.

Y al hilo de la expresión anterior... Parecería que es la de la enfermería la peor puerta por la que salir de una plaza de toros. Para el mortal de a pie puede ser, pero hay tardes en las que un torero sabe que se va a exponer tanto ante el astado que sólo tiene dos opciones: ser cogido y acabar en la enfermería o salir airoso y, después, por la Puerta Grande.

El éxito y el fracaso a veces están tan cerca uno de otro que la diferencia la marca un centímetro, una décima de segundo, una pregunta de un examen... En esos momentos, antes de competir o de ir a un examen, por poner dos ejemplos, perfectamente se puede decir que se acude a la prueba pensando en salir por la Puerta Grande o por la de la enfermería.

 

Al hilo.

Un toro hace hilo cuando se fija tanto en el torero que le persigue pegado a él. En esos momentos de apuro se hace necesaria la intervención de los subalternos. 'Al hilo' se emplea en la calle para unir un tema con otro con el que guarda relación, como se hizo en los dos términos anteriores.

 

A toro pasado.

"A toro pasado es una calificación taurina para reprobar un lance que se consuma cuando el toro ya pasó y no ofrece peligro alguno. Puede ser un par de banderillas aventado ventajosamente o un garigoleo del capote cuando la bestia ya se fue o un afarolado sin torear porque el enemigo está lejos y el torero dio los pasos necesarios hacia la cola para alejarse del peligro". La definición de Alberto Híjar no puede ser más precisa.

 

El aficionado más clásico no acepta estos 'abusos'. Adornarse o hacer desplantes cuando la cara del toro ya pasó y el riesgo ha desaparecido es considerado indigno de un torero.

A diario encontramos actitudes que se corresponden con esta conducta de la Tauromaquia, como puede ser el clásico "si ya lo decía yo" o "estaba claro que eso iba a suceder". Pocas cosas hay más molestas que recibir el reproche del que habla a posteriori.

 

Ponerse el mundo por montera.

La montera es el elemento con el que los toreros se cubren la cabeza durante los dos primeros tercios de la lidia del toro. Justo antes de tomar la muleta e iniciar la faena, el diestro entrega este sombrero a la persona a la que desea brindar la muerte del toro. Si dedica al público descansará sobre el albero y si no hay brindis será recogida por el mozo de espadas.

Cuando un torero se pone la montera ya no hay nada más en el mundo que la corrida. Del mismo modo, en la vida 'civil' alguien que se pone el mundo por montera decide llevar a cabo algo por su cuenta y riesgo y sin importarle las consecuencias.

 

Entregar los trastos.

La ceremonia de toma de alternativa, en la que un novillero adquiere la categoría de matador de toros, va acompañada del ritual de entrega de trastos. Antes del inicio de la faena al primer astado de más de cuatro años de su vida, el torero más veterano del cartel le hace entrega de una muleta y un estoque, símbolos de su nueva condición.

La forma en que esta expresión ha llegado, por ejemplo, al ámbito laboral, es más amplia que la original, pues sirve con dar un relevo en un cambio de turno para que se produzca una entrega de trastos. No hace falta un ascenso de categoría.

 

Acoso y derribo

"Acosamiento a caballo, en campo abierto, de una res vacuna, generalmente como preliminar de un derribo y tienta". Más allá de la definición de la Real Academia debe añadirse que esta suerte, realizada a campo abierto, sirve para medir la bravura de las vacas aunque también se ha desarrollado una actividad que consta de reglamento y competiciones.

Se considera que alguien está sufriendo acoso y derribo cuando es objeto de constantes críticas o burlas con el objetivo de, como a la becerra , hacerle caer.

 

Rematar la faena.

La lidia y muerte de un toro es tan compleja que exige al diestro estar bien desde el mismo momento en que el animal pisa el albero. Por brillante que haya sido una actuación, no será perfecta si no se acierta a la hora de ejecutar la suerte suprema, de la misma manera que no habrá servido de nada estudiar si el examen sale mal, por poner un ejemplo de uso de esta expresión taurina en el día a día.

Rematar la faena con la espada requiere de la adecuada colocación del toro y una técnica que sólo se logra con la experiencia y, en menor medida, entrenando con el 'carretón'.

 

Dar la puntilla.

El toro bravo nace para morir en una plaza y el torero tiene la obligación de darle un final digno y rápido. Cuando no consigue lo segundo y el animal dobla las patas herido de muerte es necesaria la intervención del puntillero, que le clava un puñal en la nuca.

La RAE reconoce esta expresión, además que desde el punto de vista taurino, como "rematar, causar el fracaso definitivo de alguien o algo".

 

Saltar a la torera.

"Saltar sobre algo apoyándose en ello con una o ambas manos y pasando por encima el cuerpo con los pies juntos sin rozarlo", o también "Soslayar una obligación o un compromiso". En este caso la RAE especifica dos significados de esta expresión. El primero está referido al salto de emergencia que los toreros o sus subalternos realizan sobre la barrera cuando aprieta el toro y el burladero está demasiado lejos.

El segundo es el concepto que se ha generalizado en la sociedad y que se refiere a aquel que literalmente 'pasa' de cumplir una norma.

 

Echar un capote.

Para la RAE es "Terciar en una conversación o disputa para desviar su curso o evitar un conflicto entre dos o más personas" aunque se utiliza mucho más en situaciones como las que describe el Diccionario de Uso del Español de María Moliner: "Acudir oportunamente en ayuda de alguien". Y no hay momento en que se necesite más ayuda en una plaza que cuando el toro prende a algún torero o simplemente cuando éste o algún subalterno queda desarmado o debe correr a cuerpo limpio después de poner un par de banderillas. En esos instantes de apuro el capote es la herramienta -'estar al quite', otra expresión adoptada por la sociedad- para conseguir desviar la atención del morlaco.

 

Más cornás da el hambre.

Esta frase pronunciada por El Espartero retrata a la perfección la época que le tocó vivir a este torero sevillano. Famoso por su valentía, que rayaba según los cronistas con lo temerario, soltó esta expresión para la historia de la Tauromaquia a uno de sus banderilleros -o a un periodista, según la versión- cuando le advirtió de la peligrosidad de un toro.  En la actualidad nadie se inicia en este mundo para huir del hambre pero a finales del siglo pasado -y hasta bien entrado el XX- los 'maletillas' pasaban grandes penurias hasta que conseguían una oportunidad. Como ya se dijo, El Espartero murió corneado por un miura en Madrid el 27 de mayo de 1894.

 

Cambiar el tercio.

La RAE define tercio en una de sus 33 acepciones como "Cada una de las tres partes en que se considera dividida la lidia de toros. Tercio de varas, de banderillas, de muerte". El presidente ordena la transición entre cada uno de ellos mostrando un pañuelo, a veces a instancias del matador.

Aunque lo correcto sería utilizar esta expresión cuando se cambia a alguna de las "tres partes iguales en que se divide un todo" (también según la RAE), en el uso cotidiano se emplea para señalar, por ejemplo, un cambio de materia o actividad.

 


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