75 ANIVERSARIO DE LA PLAZA DE TOROS DE "LAS VENTAS DEL ESPÍRITU SANTO" (MADRID)

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    Plaza Monumental de las Ventas del Espíritu Santo, la mayor de las que hay en la ciudad de Madrid. Una de las más modernas de la península Ibérica en lo que a dependencias y comodidad de los espectadores se refiere. Diseñada por José Espeliú —que, debido a la parsimonia con que se llevaron a cabo las obras, murió sin verla concluida—, es de tendencia mozárabe, con incrustaciones de mosaico que representan los escudos de todas las provincias españolas. Tiene capacidad para 23.000 espectadores y el ruedo, uno de los mayores del mundo, mide 60 metros de diámetro. Se ocupó por primera vez el 17 de junio de 1931 para un festival organizado a beneficio de los obreros desempleados. Su inauguración oficial se produjo el 21 de octubre de 1934.

    Madrid posee una segunda plaza de toros, la de Vista Alegre, en el barrio de Carabanchel. Inaugurada el 15 de julio de 1908, pasó a ser conocida como la Chata por la poca altura de su fábrica. Cerrada a comienzos de la década de 1980, fue derruida en 1995, y reconstruida y reinaugurada sobre su nueva planta (cubierta y climatizada) en abril de 2000.

    El 17 de junio se cumplirán 75 años desde que la plaza de Las Ventas de Madrid celebró su primera corrida, dos meses y tres días después de la proclamación de la II República. Junto a su indiscutible valor taurino, la Monumental también ha sido, en muchas ocasiones el centro de la vida política, social y musical de la capital de España.

    Levantada a un paso del arroyo Abroñigal (actual M-30), la plaza de Las Ventas del Espíritu Santo toma su nombre del arrabal en el que fue edificada. Las obras comenzaron en 1920 y terminaron diez años después. El nuevo recinto nació bajo el impulso del gran torero José Gómez 'Gallito', llevado de su idea de edificar cosos monumentales, capaces de albergar mayor número de espectadores. Además de Gallito, fueron claves el arquitecto José Espeliú y Arruga (al que siguió Manuel Muñoz Monasterio) y el empresario Fernando Jardón, cuya familia rigió los destinos taurinos de la plaza durante cincuenta años.

    La propiedad del inmueble perteneció a la Diputación de Madrid (hoy a la Comunidad), y el coste de la obra ascendió a doce millones de pesetas. La lejanía del centro de Madrid generó muchas críticas por aficionados y periodistas. Las crónicas hablan del caos de coches que se organizó la tarde de la corrida inaugural, que no debió ser mucho mayor al que se vive actualmente cualquier día de toros en San Isidro.

    Para el cartel inaugural se anunció a ocho matadores de toros (Fortuna, Marcial Lalanda, Nicanor Villalta, Fausto Barajas, Luis Fuentes Bejarano, Vicente Barrera, Armillita Chico y Manolo Bienvenida), con toros de otras tantas ganaderías. En el palco de autoridades se sentó Niceto Alcalá Zamora, recién elegido presidente de la República.

Hasta el 25 de mayo de 1933 no se produjo una nueva corrida y la primera temporada completa fue la de 1935. La Guerra Civil provocó un nuevo parón en la actividad de la plaza y el ruedo estuvo sembrado de verduras y hortalizas. Reabrió el 24 de mayo de 1939, para celebrar la primera Corrida de la Victoria, a la que acudió el nuevo jefe del Estado, el general Franco.

    Debido a sus grandes dimensiones la plaza de Las Ventas fue el escenario propicio para importantes eventos políticos y musicales. Antes, durante y después del franquismo, fueron habituales los mítines políticos y los conciertos musicales. Toda una época marcó la presencia en el ruedo madrileño de The Beatles, el 2 de julio de 1965. El precio de las entradas y el vacío al concierto desde los medios, propició que la plaza únicamente se cubriera en la mitad de su aforo.

    La llegada de la Transición marcó el despegue de la plaza como recinto que acogió importantes citas musicales y sociales.  En lo taurino, la plaza no comenzó a labrar su historia hasta años después de su inauguración. El primer suceso relevante sucedió el 21 de octubre de 1934, cuando Juan Belmonte cortó por primera vez dos orejas y un rabo. El último rabo lo cortó Palomo Linares en 1972.

    Aunque hoy el eje es la feria de San Isidro, en los primeros años del coso, el calendario acogía corridas y novilladas los domingos, muchos jueves y todas las festividades. Siempre hubo festejos extraordinarios en torno al 15 de mayo, día de San Isidro, aunque no fue hasta 1947 cuando Livinio Stuyck, un empresario de origen belga se inventó la feria de San Isidro.

    De los cuatro toreros que han fallecido en la plaza de Madrid, abre la lista el novillero Félix Almagro, cogido el 13 de julio de 1939. En 1941 pereció Pascual Márquez; en 1964 el subalterno El Coli y en 1988 el también banderillero Antonio González 'Campeño'.

    Tras las ferias de los cuarenta, en las que intervinieron los toreros contemporáneos de Manolete (Gitanillo de Triana, Domingo Ortega, Pepe Luis Vázquez…), en los cincuenta destacó un grupo de jóvenes como Antonio Ordóñez, Litri, Julio Aparicio y Antonio Bienvenida. Los sesenta supusieron una década prodigiosa, con la presencia de Antoñete, El Cordobés, Paco Camino, El Viti, Diego Puerta y, entre otros, Curro Romero, que tras pasar una noche en el calabozo por negarse a torear cosecho al día siguiente uno de sus más sonados éxitos en Madrid. En esa década se juntaron los dos toreros que ostentan los récords de triunfos en Las Ventas: Paco Camino y El Viti.

    Los 70 fueron convulsos para la Fiesta y, por extensión, para la plaza de Madrid. En ese momento cambia el toro (sobre todo en Las Ventas), lo que influirá en el resultado de los abonos celebrados. No obstante, en esas temporadas destacan Paquirri, Palomo Linares, Ángel Teruel y, entre otros muchos, Ruiz Miguel. Al iniciarse la década de los 80 llega a la gestión Manuel Chopera, que revitalizará una plaza que no pasaba por sus mejores momentos. Con Chopera se multiplica el número de abonados, y San Isidro comienza a convertirse en un escaparate social. En lo taurino, destacan El Niño de la Capea, José María Manzanares, Ortega Cano, Espartaco, Paco Ojeda, Julio Robles, Rafael de Paula… es decir, una generación excelente que se encontró con una de las aficiones más exigentes de la dura plaza de Madrid.

    Llegados a los noventa, cuatro toreros imponen su impronta: Joselito (que da grandes tardes), el colombiano César Rincón, Enrique Ponce y José Tomás, el último torero ante el cual la plaza se entregó sin condiciones. Pasado el umbral del nuevo siglo, son los años de El Juli (mirado con lupa en Las Ventas) y de una nueva generación de toreros (César Jiménez, Morante de la Puebla, Miguel Ángel Perera…) que están llamados a tomar el relevo de grandes figuras.

 

 

 


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