Paola San Román no podía ser más
que torera, pues miembro de una familia de taurinos de pura cepa, todos
ellos queretanos de nacimiento, muy conocidos en la tierra de los ópalos y
en todo el medio taurino.
El tronco de esta dinastía parte de Agustín San Román y sus hermanos Ernesto
y Jorge, matadores de toros, con reconocimiento especial a Ernesto San Román
"El Queretano", ahora metido a empresario que tiene una historia taurina
brillante; en otra rama está el matador Óscar San Román, dirigente de los
matadores; Ernesto, hijo del "Queretano", es padre de Paola San Román, y
Jorge, además de otra rama en que aparecen Juan Carlos y Gerardo, también
matadores.
Por eso decimos que Paola, una guapa chiquilla que cursa el sexto año de
primaria, torera tenía que ser, pues en su casa no se habla de otra cosa que
no sea de toros.
Paola regresaba de la escuela y preparaba sus avíos para irse a entrenar.
-¿Cómo vas en la escuela, puro diez?
"Bien, no tanto diez, pero no bajo de ocho", dijo Paola, quien agregó que
los toros son su pasión.
-¿Has pensado en qué carrera seguir?
"No, todavía no, pero ser torera es lo que más me gusta".
Desde niña empezó a entrenar y se desenvuelve en los ruedos como una torera
consumada. Sabe los terrenos que pisa y lo que le tiene que hacer a los
becerros.
No habla mucho. Paola es de pocas palabras, pero de muchos pases. No vea
usted las faenas que realizó en el encuentro en Arroyo y las ovaciones
sostenidas que tuvo en su labor. Reúne muchas cualidades con el valor de
base, personalidad, y sobre todo arte y temple.