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Luis
Francisco Esplá (1958- ), matador de toros español de amplio repertorio que
sigue aumentándolo día a día, mediante el estudio de antiguos tratados de
tauromaquia.
Nació
en Alicante, de padre novillero que poseía una ganadería de toros bravos y una
escuela de tauromaquia. El 21 de junio de 1974 se puso por primera vez el traje
de luces en Benidorm, y el 22 de diciembre de ese mismo año toreó su primera
corrida con picadores en Santa Cruz de Tenerife. Sin haber cumplido los
dieciocho años, tomó la alternativa en la plaza de toros de Zaragoza, el 23 de
mayo de 1976, de manos de Paco Camino, en presencia de Pedro Moya, Niño de la
Capea, y con toros de Manuel Benítez Pérez, y en ella cortó dos orejas a su
segundo toro.
El 19
de mayo de 1977, confirmó la alternativa en la Monumental de Madrid, con Curro
Romero como padrino y Paco Alcalde de testigo; su toro de la confirmación era de
Martín Berrocal. A partir de ahí ha tenido una carrera ascendente —con los
altibajos habituales en esta profesión, bien por cogidas graves, que mantienen
al torero alejado de los ruedos, bien por no encontrar acomodo con el ganado—
por su plenitud de forma, su buen hacer en el tercio de banderillas y, sobre
todo, por su pundonor y respeto a la fiesta y a los aficionados que, con el fin
de dar en cada actuación lo mejor de sí mismo, sin alivios ni repeticiones, por
voluntad propia ha decidido no torear más de treinta corridas cada año.
Muchas han sido sus tardes gloriosas, tanto en España como en América, pero la
que unánimemente se considera como la más apoteósica fue la del 1 de junio de
1982, en Madrid, con toros de Victorino Martín, y en la que actúo con Francisco
Ruiz Miguel y José Luis Palomar, cortó dos orejas a su segundo enemigo y mereció
el trofeo “Andanada” al mejor par de banderillas de toda la feria. Sigue
en activo, y como se lee en el tomo 12 de El Cossío: “Algunos, por esa presunta
cicatería en los contratos, frente a la inflación de los que encabezan el
escalafón, no le consideran figura. A este maestro, el tiempo, como el toro, le
pondrán en su sitio. El de privilegio que se ha ganado honradamente como
torero”.
LUIS FRANCISCO ESPLÁ
«Todos los toros tienen sus
posibilidades y por tanto, su lidia»

Carlos Bermejo
¿Qué es ser un lidiador?
No lo sé a ciencia cierta pero creo que es tener un concepto del torero como
espectáculo global no como episodios aislados e inconexos. Ser un lidiador es
descubrir y dominar el argumento de la lidia, como una línea vertebrada de
capítulos concatenados. La lidia de un toro bravo es como una novela que tiene
un inicio, un nudo y un desenlace, quien sea capaz de construir la novela de la
lidia de manera argumentada y concatenada es un lidiador.
¿Quedan pocos de esa categoría?
Efectivamente. Creo que no es rentable. Es muy difícil para un torero
encontrar una continuidad en estos postulados. Estamos acostumbrados a un
panorama mucho más acomodaticio en el que los toreros prefieren otro tipo de
planteamientos en sus carreras.
¿Cómo se definiría como torero?
Nunca me he preocupado por los estereotipos y los encasillamientos. No me
preocupa cómo pueda definirme como torero, sí que te diré que intento ser un
torero largo, profundo. Si tuviera que definirme, creo que me gustaría ser un
torero lógico.
¿Y como persona?
Lo tendrían que decir los demás, los que me conocen. Como persona creo que
una de mis virtudes es que soy muy espléndido.
Se le cataloga como el último clásico, ¿está de acuerdo?
Sí, en medio del panorama actual. Lo que pasa es que yo no he hecho nada
fuera de lo común entre los toreros de mi generación. Ese clasicismo al que te
refieres es una característica innata de los toreros de mi quinta, sin embargo
en la cartelería actual mi manera de interpretar el toreo es considerada clásica
y llama la atención. En la actualidad mi concepto de la tauromaquia es un
concepto aislado.
¿Qué intenta mantener vivo?
Quiero ser el médium entre el toro y el público. Hacer de interprete entre
lo que pasa en el ruedo y lo que le llega al tendido.
¿Qué echa de menos?
Ha cambiado todo. Incluso el aficionado es diferente. Antes era más duro y
razonable. El aficionado de ahora se deja guiar en sus planteamientos, es más
influible y busca personas en los críticos y en las informaciones para sustentar
sus ideas o hacer las de otros suyas; antes el aficionado era más personal y más
firme en sus criterios con respecto al torero y al toro, era más individual y
con más criterio propio ahora todo es más consensuado y en forma alguna el
criterio es masificado y homogéneo.
¿De qué debemos arrepentirnos?
No me gusta pragmatizar, sin embargo te diré que deberíamos sentirnos despejados
de prejuicios cuando vamos a la plaza, quitarnos clichés y preconcepciones para
llegar vírgenes a la plaza y así disfrutar cada tarde como si fuera la primera y
de un modo en cada ocasión muy especial.
¿Qué pasiones tiene además de los toros y la pintura?
La familia, ante todo.
Artista por los cuatro costados ¿se torea como se es?
Sin lugar a dudas. Se torera como se es y se pinta como se es. De lo
contrario todo sería una gran mentira. Las actividades como el toreo o la
pintura son prolongaciones exteriores del artista interior. Las actividades
sirven para que el artista se exteriorice y por eso pinto como soy, toreo como
pinto y soy como soy.
¿Qué le dijo Paco Camino el día de la alternativa?
Que el camino que iba a emprender iba a ser muy duro y con muchas
dificultades a lo largo de la carrera. Me dijo que muy pocos llegan, que la
profesión que íbamos a comenzar en ese momento era muy difícil, pero tan bien me
dio consuelo porque me dijo que era la más bonita.
Qué pesimista, el maestro.
No, pesimista no, realista. Yo ya sabía que eso iba a ser así.
¿Y Curro Romero el día de su confirmación?
Lo mismo. Me habló del realismo del toreo. Ambos maestros fueron muy
sinceros, tuvieron mucha confianza conmigo y no me quisieron engañar con
palabras dulces. Ellos son dos maestros que no iban a engañar a nadie.
¿Qué fue de aquel cartel con El Soro y Mendes? Eran los tres mosqueteros de
las banderillas.
Sí, la verdad es que era un cartel muy atractivo pero que al final fue muy
maltratado por las empresas. Era muy rentable y en el que los tres nos
encontrábamos muy a gusto, sin embrago hubo un momento en el que entramos en una
espiral que nos devoraba y decidí salir de allí. De ese cartel me queda un
recuerdo agridulce. Agrio por el maltrato de las empresas que nos estaban
comiendo vivos y dulce, por los buenos momentos con Soro y Mendes.
Con Mendes y Soro retirados se intentó repetir el cartel con Fandi y Ferrera,
¿qué falló?
Que no querían torear en un cartel. Querían ser individuales y no formar un
cartel de tres. Equivocaron el destino del cartel y se deshizo. Fue una pena,
porque creo que hubiera sido una terna muy atractiva y que el público demandaba
y que tenía mucho gancho entre los tendidos.
¿Quién le hace los vestidos?
Mis vestidos son de un concepto clásico, me los hace Justo Algaba pero yo
intervengo mucho el diseño. Por ejemplo los que voy a vestir en esta temporada
se remontan a Juan León, un torero de 1850. Van a ser unos vestidos a caballo
entre lo goyesco y el traje de luces.
Si no ve un toro muy claro, qué hace, ¿lo intenta para que la gente vea sus
imposibilidades o lo mata porque con saber usted que allí no hay faena le basta?
Todos los toros tiene sus posibilidades y por tanto su lidia. Lo que tengo
que hacer como torero es descubrir esas posibilidades que a veces no van con el
lucimiento y el brillo , sino con poderle. No se trata de cojones y de valor
sino de la lógica del toreo.
Con Dámaso y Curro Vázquez retirados, usted es el decano.
No, hay toreros con más años. Están Manzanares y Ortega Cano.
Entonces, como un catedrático ¿qué le diría a sus alumnos?
Hay un muy buen alumnado. Se torea mejor que nunca. Los toreros hoy son
capaces de todo. Sin embargo, estamos en la era de lo inmediato, de lo rápido.
Se quiere el reconocimiento, el triunfo inmediato, todo se pretende ya; de las
eralas a los toros. Es todo muy veloz y sin poco cuajo. Yo les diría que
cuajasen más cada fase de su vida como toreros.
¿Cuál sería entonces el argumento de su lección magistral?
Iría versando sobre la lentitud y la velocidad. Sobre la fórmula de la Coca
Cola y su no posibilidad de aplicación al mundo del toro. Aquí no hay fórmulas
secretas, los planteamientos son muy transparentes y aplicar esa fórmula secreta
del famoso refresco lleva a ver como hay novilleros brillantes que por las
prisas de sus apoderados para que tomen al alternativa sin haberse cuajado en su
faceta novilleril no dejan de ser luego matadores mediocres. Como consejo dentro
de esa lección les diría que hagan lo que quieran, que se identifiquen con su
manera de torear, que sean naturales en su formas que deben estar acordes a sus
planteamientos, que sean toreros con personalidad y huyan de imitar a nadie. Que
identifiquen lo que son.
¿Cuál es su intervención en los despachos?
Absoluta. Intervengo en todo. Tengo claro lo que quiero cada temporada, se
lo expongo a mi apoderado, lo hablamos con las empresas y cierro los contratos.
También es aficionado a la caza. ¿Qué les dice a los ‘ecologistas’ que le
critican como asesino de animales?
Nada. No les digo nada. Hablamos idiomas diferentes, y así es
imposible comunicarnos. Yo no entiendo lo que dicen, y seguramente ellos tampoco
me entiendan a mí, así que no les digo nada. Es otro concepto, otra filosofía.
Sin embargo, les recrimino su falta de tolerancia. La sociedad acepta todo y
ellos se mantienen intransigentes en sus postulados.
¿Qué tiene una corrida que le diferencia de la caza siendo el resultado final
el mismo, es decir, la muerte del animal?
Cuando abato un animal siento un remordimiento, tengo que hacer un acto de
contrición con la presa y conmigo mismo. En la lidia nunca he experimentado ese
sentimiento de culpabilidad.
¿Qué ha hecho este invierno?
Lo de siempre. Entrenar, tentar y dedicarme a la familia.
¿Cómo es el día a día de Luis Francisco Esplá?
Soy muy anárquico. Por ejemplo en cuanto al deporte hay días que corro por
la mañana, días que lo hago por la tarde. Dentro de un esquema diario, la
anarquía se refiere a horarios. No soy rutinario. Hay días que terminamos de
cenar y me pongo a torear de salón en la pista de tenis, y me dan allí hasta las
dos o las tres de la madrugada.
Tiene usted, maestro, la bendita manía de inaugurar la temporada, este año
Almería. ¿Por qué es tan madrugador?
Estoy encantado de que el Ayuntamiento de Almería se acuerde de mí para esta
cita que inaugura la temporada en España, ya que a la Feria no puedo ir por un
problema con los empresarios de la plaza. Se trata de una diferencia que roza
casi lo personal y que nos separa a los hermanos Chopera y a mí, lo que resulta
en que yo no pueda torear en Almería en su feria. Que el Ayuntamiento de la
localidad me contrate para torear en el espectáculo que ellos organizan es
halagador y además contradice la postura de Chopera, por lo que estoy encantado
de madrugar.
En la inauguración de la cátedra taurina de la Universidad de Alicante
aconseja a los alumnos que doten de intelectualidad y cultura al mundo de los
toros, ¿considera que en la actualidad está carente de ello?
Creo que hay un divorcio social entre los intelectuales y los toros, y
debemos procurar una comunión entre ambos aspectos por el bien de todos. La
intelectualidad tiene una fuente argumentativa y documental muy importante en la
cultura taurina y ésta se debe nutrir de nuevos intelectuales que la usen como
motivo de sus obras. Hay que crear una concepción del mundo del toro como un
espectáculo a partir de premisas intelectuales de primer orden en todos los
aspectos de la intelectualidad. Primero recordando los clásicos de la ópera, el
teatro, la literatura, la canción y por supuesto creando argumentos y obras
nuevas en cada una de estas disciplinas.
¿Por eso se ha inaugurado como conferenciante?
Pues fijate que lo de dar conferencias ni siquiera me gusta. Pero creo que
hay que hacer llegar el mundo de los toros al público.
¿Cómo se explica que en Nueva York llene paraninfos y en Salamanca la gente
no abarrote el Ateneo?
Quizá el ambiente y el público al que iba destinado la conferencia de
Salamanca no era el adecuado. No me gustan los formalismos. En Salamanca estaba
lejos del ambiente que me gusta. Prefiero estar más cerca del pueblo que de la
gobernación. Creo además y a propósito que uno de los males de la fiesta es que
está ubicada dentro del ámbito de responsabilidades y competencias del
ministerio equivocado. Creo que desde el ministerio del Interior debería
trasladarse sus relaciones con el mundo del toro a otra administración diferente.
¿Qué recuerda de la tarde en Las Ventas con Ruiz Miguel, Palomar y toros de
Victorino?
Muchas cosas. Fue una tarde muy importante y trascendente en mi vida. Me
estaban empezando a cuestionar y ese triunfo me sirvió para retomar la temporada
y el curso de los próximos años que estaban por venir. Me sentí muy a gusto
delante de esos toros, pudiéndoles y sintiéndome muy torero. Fue una tarde muy
especial.
¿Por qué un torero de su firma y fuerza sigue sin hacerles ascos a las
corridas duras como Victorino, Adolfo, Palha…?
Ya me lo dijo Paquirri: «Has cometido un error, si empiezas a torear las
corridas duras, la gente te las va a seguir pidiendo siempre». Sin embargo, en
mi caso no es una imposición sino una oportunidad y una posibilidad de torear
con todo tipo de corridas siempre que hay una relación justa entre la
responsabilidad que yo le pongo y lo que las empresas me ofrecen
a cambio.

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