FAENAS EN EL CAMPO

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FAENAS EN EL CAMPO: EL EMBARQUE

Santa María de Xalpa (México)

Fotografía: Jason C. Morgan

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FAENAS EN EL CAMPO - EL HERRADERO

FINCA 'LA LUNA' - SOTO DEL REAL (MADRID)

 

 

¿Cuáles son las prácticas de manejo más importantes del ganado de lidia?

Primero: El herraje de los becerros y becerras al momento del destete, 6 a 8 meses después del parto. Al animal se le colocan 3 hierros calientes: Su número de identificación (en el lomo), el hierro de propiedad (en la pierna), y el del año de nacimiento (en el brazo). En España es obligatoria la presencia de un Guardia Civil (policía) al momento del herraje para verificar que se coloque el hierro del año correspondiente. Así se evitan fraudes con la edad de los toros cuando sean llevados a las plazas para ser lidiados.

Segundo:
La tienta de las vaquillas (novillas) alrededor de los 2 años de edad, bajo la acuciosa mirada del dueño de la ganadería. Esto se realiza en una pequeña plaza de toros, que tiene que haber en toda finca de ganado bravo. Allí se prueba la bravura de la vaquilla ante un picador, quien la pica con una pequeña puya. Luego la vaquilla es toreada con muleta por un torero (que siempre debe ser el mismo para la ganadería), siempre bajo la dirección del ganadero, quien toma notas del comportamiento de la vaquilla en todo momento. En base a esto el ganadero decide si la vaquilla va a la reproducción o se elimina de su ganadería.

Tercero:
La tienta de los machos. Esto es muy importante. Solamente los candidatos a sementales o padrotes elegidos para quedarse en la ganadería (según su pedigree o reata ) se tientan de una forma y edad similar a las vaquillas. Estos machos deben ser muy pocos. El resto, los que van a ser vendidos para las corridas de toros, no son tentados o se prueban en la plaza de la ganadería delante de un torero que se defiende o engaña a al toro(s) con una vara de madera, y por supuesto gran agilidad, pero nunca utiliza capote o muleta. Otra forma de probar los toros antes de ser vendidos, utilizada en España, es el llamado "acoso y derribo", que consiste fundamentalmente en evaluar la bravura de un toro de tres años (utrero) frente a un picador, luego de ser derribado al ser empujado por el anca con una vara larga, o garrocha (sin punta) mientras corre acosado por dos jinetes, uno de cada lado. Esto se hace en un potrero grande y generalmente se invita a otros ganaderos a presenciar y/o participar a caballo. No todos los ganaderos tientan los toros que van a las corridas, pero esta práctica puede evitar el disgusto de tener que observar toros de escasa bravura en las corridas.

Cuarto:
El aparte de los encierros, o grupos de seis toros que serán vendidos para cada corrida cuando tengan un mínimo de 4 años de edad. Los encierros deben ser similares en tipo y deben llegar a la plaza de toros con un mínimo de 425 Kgs. de peso. Los seis toros son llevados a la plaza en fuertes cajones de madera individuales, que miden aproximadamente 2.5 m. de largo, 2.0 m. de alto y 0.90 m. de ancho. El respiradero del cajón está en la parte superior y mide alrededor de 10 cm. de ancho.

¿Cómo es el manejo reproductivo del ganado de lidia?

En general, el ganado de lidia tiene muy buena fertilidad. No es raro tener ganaderías bravas con una eficiencia reproductiva cercana al 90%. Esto posiblemente se deba a su gran rusticidad. Pero, si se descuida la nutrición y no se tiene una adecuada asesoría veterinaria los parámetros reproductivos pueden ser menos alentadores.

Es importante mencionar que algunas ganaderías de lidia, en Venezuela y España, han utilizado con éxito técnicas reproductivas como la inseminación artificial y los trasplantes de embriones, tanto frescos como congelados. El semen congelado importado de España está siendo utilizado para cruzar con la vacada brava venezolana y se han obtenido resultados muy buenos en la plaza de toros. Los trasplantes de embriones congelados de España se han utilizado en menor cuantía, debido a lo más complicado de ésta técnica, pero son la única alternativa para importar, a relativamente bajos costos, animales completos de ganaderías españolas: Los costos de importación de vacas y toros sementales en pie son altos.


El toro en el campo

Las fincas dedicadas a la cría de ganado bravo suelen ser de secano o estar próximas a las marismas y siempre con abundantes pastizales. Se denominan dehesas y en ellas pastan, en zonas distintas y diferenciadas de la misma, los animales que componen la ganadería: los sementales, toros dedicados en exclusiva a la monta y la reproducción; las vacas de vientre, dedicadas a la cría de bravo, cuyo conjunto constituye la vacada; los recentales y los añojos, crías de distintas edades, apartados o no de sus respectivas madres; y los toros de plaza o de muerte, que conforman la torada. Los cabestros o bueyes, toros castrados y domesticados, acompañan al ganado bravo y ayudan al personal de la ganadería en las conducciones, encierros, apartados y enchiqueramientos. Del personal de la ganadería destaca el mayoral, o jefe de todos los demás: vaqueros, novilleros, cabestreros, pastores y zagales (mozos que ayudan al mayoral arreando las caballerías). Los vaqueros y novilleros se sirven para realizar sus trabajos, que se realizan a caballo, de la garrocha, una vara de unos tres metros de longitud, con una pequeña puya en su extremo, útil para dirigir y manejar al ganado. Los ganaderos llevan un registro genealógico en el que consta cada res con su fecha de nacimiento, nombre de la vaca y el semental de que proceden, su nombre, la pinta, el número, los datos del herradero y de la tienta y por último, si es semental o vaca de vientre, su descendencia y si fue toro de muerte, su comportamiento en la plaza.

 

El herradero


Herrar es la operación mediante la que se procede a marcar y numerar cada animal con el hierro de la ganadería y también a señalarle en las orejas. Hierro y señal individualizan cada ganadería. El número, cada uno de los animales de la misma. El hierro y la señal son marcas acostumbradas en las ganaderías desde muchos años antes de que se conformaran las específicas de ganado bravo. La numeración de los animales data, sin embargo, de mediados del siglo XIX, en concreto cuando se formaron las ganaderías de bravo consideradas fundacionales. El reconocimiento y distinción de cada uno de los animales es imprescindible no sólo para el destino propio de cada uno de ellos, sino también para las labores de selección necesarias en cada camada. Los hierros de los que se sirve el herrador son 20: dos con el signo de la casa y los otros con los 10 dígitos repetidos, excepto el seis y el nueve. La operación se desarrolla, por lo general, en los corrales de la dehesa. En uno de ellos esperan los becerros de un año de edad, y pasan de uno en uno a otro en el que, sujetos contra el suelo por cuatro o cinco hombres, pues tal es su fuerza, se procede a aplicarle el hierro caliente, no al rojo. El de la marca en la parte externa y plana de la nalga, denominada llana, y la del número se imponen en el costillar derecho.
La señal es un corte o marca de distintas formas que se realiza en las orejas. La maniobra se denomina fañar.

 

La tienta

 

Es la prueba más importante de cuantas se hacen a los animales para medir su resistencia y bravura. Procede, como otras labores camperas, de finales del siglo XIX y se generaliza desde principios del siglo XX. Se realiza en una plaza que lleva su nombre, plaza de tientas, cuadrada o redonda y de tamaño mucho menor que el de las plazas de lidia y es un remedo de la suerte de varas o pica, en la que se emplea una puya mucho más pequeña que la reglamentada para las corridas. La respuesta del animal al dolor, su reiteración en la embestida y su resistencia bajo el caballo permiten al ganadero prever las cualidades de cada uno. Los becerros o erales no deben ser toreados jamás, sino tan sólo ser llevados al caballo. De lo contrario quedarían inútiles para la lidia, pues una de las características de los toros bravos es que aprenden, es decir, una vez que toman un capote no lo olvidan jamás y en el caso de salir luego al ruedo distinguen con precisión al torero del engaño, con el consiguiente peligro para la vida de aquel. Las vacas, sin embargo, es más que conveniente que sean toreadas, y mucho, a fin de medir la calidad y la cantidad de sus embestidas.

 

Acoso y derribo


Es una de las prácticas de campo inevitables para la mejor selección del ganado. Su origen se remonta a los primeros ejercicios cinegéticos del hombre con el toro. Acosar y derribar es una forma de caza no sangrienta del animal. La operación la realizan dos garrochistas a caballo, que primero separan la res del resto de la torada o vacada, luego la acosan en campo abierto hasta alcanzarla y con la garrocha —que no tiene más de 15 milímetros de puya, para no dañar la piel del animal— tendida por completo, procuran agarrarla en lo más alto y trasero de las ancas para, empujándola más con la fuerza y carrera del caballo que con la del brazo, desequilibrarla y hacerla caer.

 

Embarque y desembarque


Aunque el ganado de las corridas era conducido en la antigüedad desde la dehesa a la plaza mediante sucesivas operaciones que tenían como protagonistas principales a los cabestros, en la actualidad, salvo rarísima excepción, se realiza encajonando y desencajonando los toros. Los cajones en los que se encierra una por una a cada res son lo bastante angostos para que éstas no puedan moverse ni dañarse en su interior y están provistos de trampas correderas.
El embarque es la maniobra que permite, luego de aislados, meterlos en los cajones y subirlos al camión de transporte. El desembarque es la operación contraria, realizada por lo general en los corrales de la plaza.

 

Encierros


En muchos pueblos y capitales de España es costumbre conducir los toros desde unos corrales de recepción hasta la plaza donde han de ser lidiados con un encierro, una larga carrera en la que los mozos y otros participantes corren delante de las reses bravas, escoltadas por los inevitables cabestros. Los encierros más antiguos, y también internacionalmente más famosos, son los de Pamplona, cuyo origen se remonta a los inicios del siglo XVIII, el año 1717.

 

 

El Toro Bravo en el campo.

Por ALFONSO NAVALÓN.

 

Introducción


Desde hoy vamos a poner manos a la obra y contar en cada número eso que no ven en las plazas los que pagan dos mil duros por una barrera.

El toro en la plaza es un animal totalmente distinto a la soberbia tranquilidad de verlo pisar el trébol y las margaritas como dueño y señor de la dehesa. Y la fiereza que asusta a los toreros no es nada comparándola cuando un toro se enfada en medio de un cercado. O surgen esas peleas a muerte entre los gallitos de la camada. Sobre todo de noche cuando los bramidos y el chocar de los pitones son como un desgarro dramático de la plaza de los valles.

Vamos a contar historias montaraces desde que nace el becerrito y después de llenar las barriguita de calostros se queda dormido las horas muertas en una solanera, hasta que el viejo semental, con los pitones carcomidos, busque el abrigo de un zarcerón para que lo dejen morir en paz.

Me toca ser ahora el mayoral de este cuadernillo sincero y sentido donde vamos a rendir un homenaje montaraz al verdadero rey de la fiesta. Sin la seria presencia del toro en los ruedos esto sólo sería un circo o un ballet. A veces, a fuerza de atropellar la integridad del toro y de crear sucedáneos mansos cornigachos, esto no es más que una bufonada para públicos frívolos o ignorantes. Pero eso no nos importa ahora. Vamos a entrar en la entraña de la vida del toro y de la vaca. Quizá alguno piense que ahora que vivo en el campo constantemente, es el mejor momento para escribir de estas cosas, pero a veces la rutina resta grandeza a lo que estas haciendo.

A veces también la distancia y las nostalgia te hacen ver las cosas más cercanas y mas reales que cuando estás encima. Pasa un poco como con un gran amor a distancia. Que el sueño es más bonito que la realidad.

Del toro en el campo están escribiendo muchos que ni conocen el toro ni el campo. Y a lo mejor cambiando la admiración por la sabiduría le sale más bonito que a los que nos han nacido los dientes ahijando y desahijando, pero ahí queda el reto. Vamos a entrar en las parcelas privadas del toro bravo, Y vamos a entrar con cariño y con respeto.

 

El Rey del campo.  Capitulo Primero

 

 

No te cruces nunca en la querencia natural del toro, porque te llevará por delante aunque no tenga intención de embestir. Cuando una vaca recién parida anda buscando el becerro que dejó escondido entre unas matas, trata de encontrarlo sin que ella se dé cuenta. Si la vaca se entera que buscas la cría inmediatamente empecerá a caminar en sentido opuesto, fingiendo que tiene la cría escondida en el sitio contrario donde está.

 

No se te ocurra separar o pegarle a un semental cuando está cubriendo una vaca porque despertarás en él un odio concreto hacia ti y tratará de vengarse en la primera ocasión que se presente. A veces se le pasa y se olvida después de unos días. Otras, la fijación del odio será tan obsesiva, que te perseguirá mientras viva. Y solo a ti, aunque vayas en un grupo el semental despreciará todos los demás y se irá directamente a por quien le moleste.

Cuando vayas a marcar un becerro en el campo lo primero que debes hacer es taparle la boca para que no berree. Si no lo haces, la madre vendrá hecha una fiera, aunque esté muy lejos y date por cogido.

Cuando llega el Verano y el Otoño se separan los sementales de las vacas para que descanse. Suelen quitarse el día de Santiago, 25 de julio, y se le vuelve a echar a primeros de enero o el día de la Virgen de las Candelas. Ocho días antes de Santiago y sin que los mande nadie los sementales buscan la portera para que les abran. Saben mejor que ningún calendario cuando llega el día del descanso. O será que como muchos maridos, están tan hartos de sus mujeres, que buscan una disculpa para quitarse de en medio y tomarse un respiro.

En cambio, ocho días antes de las Candelas ya está el toro semental pidiendo que le abran las portera para irse a cubrir las vacas.

Antiguamente cuando una vaca se espaldillaba, quiero decir, cuando sufría un desgarro muscular o se dislocaba en la paletilla o en la cadera, o se le salía un hueso de su sitio, se la obligaba a entrar en una charca honda o atravesar un caozo para que nadara un rato. Al nadar, el músculo o el hueso volvía a su sitio y el animal salía curado de la charca sin avisar ni molestar al veterinario.

Si al caballo le roza la cincha y se le hace una herida, échale sal y vinagre o manteca, bien cubierta la herida para que no le anden las moscas. Y no se te ocurra como algunos ponerle un trapo en el mullico. Déjale ocho días sin montar y con la herida al aire para que cicatrice antes.

Cuando pare una vaca en un corral donde hay muchas, hay que tener cuidado especial. Hay veces que en los barullos de las vacunaciones, cuando no acabas en la tarde y tienes que quedar en el corral con veinte o treinta para terminar al día siguiente, se han dado casos de parir una vaca. Hay que saca el becerro inmediatamente y no solo por el riesgo que lo pateen los demás o que le den una cornada. Hay que sacar a la madre y a la cría para que la lama. Si una vaca no lame a la cría y se encariña con ella lejos de criarla la abandona, lo primero que debe hacer un buen ganadero es cerciorarse que el becerro está bien lamido. Su madre, aunque esté flaca y vieja ya no lo abandonará nunca.

Podríamos estar hasta mañana contando estas cosas del campo. El viejo oficio de vaquero es algo sumamente sencillo cuando el sujeto se ha criado entre ganado y conoce los secretos del campo. Y tan difícil, que ningún extraño podrá entender esos misterios y esos secretos que encierra cada animal a cada hora del día y en cada época del año. En invierno es sencillísimo dominar un ciento de vacas simplemente llevando un saco de pienso al hombro. Las llevaras donde quieras. En verano, cuando están gordas y gozalonas, necesitas otras habilidades para manejarlas sin que peguen una estampida y te lleven por delante.

 

El Semental: El modo de elegirlo.   Capitulo segundo

 

Lógicamente, esta serie dedicada a la vida del toro bravo debería iniciarse con el nacimiento de los becerros. Pero es todavía más lógico considerar que sin semental no puede haber becerros ni existir la ganadería. Para llegar a ese acto fugaz de la cubrición de la vaca hacen falta muchas horas de selección en las que el ganadero debe tener presentes muchas cosas decisivas. Para empezar, hay que elegir entre los candidatos los que tengan unas condiciones especiales antes de meterlos a probar en la plaza. El macho debe tener buenas hechuras, cuello largo, pitones armónicos, pata corta, lomo recto que no sea silleto y sobre todo finura en la penca del rabo, el hocico, las pezuñas y una serie de detalles más, para completar está luego el tipo de la ganadería, donde por ejemplo un macho con badana es inconcebible en la línea Graciliano pero puede disculparse en algunas ganaderías de Parladé, donde al tratarse de una casta "fría" que va a mas, hay toros bastos que envisten muy bien. Pero esto son excepciones en casos de familias o reatas buenas y muy fijadas que dan bien, aunque no sean bonitos.

 

Después de elegido el tipo hay que irse a los libros. Mirar la parentela y las notas de sus antepasados. Se me dirá que esto debe ser lo primero, pero mal se puede elegir un semental con malas hechuras que lógicamente trasmitirá a sus hijos. Malamente pueden embestir bien los hijos de un toro corto de cuello, levantado y alto de agujas, por muy buena nota que tengan padres o abuelos. Normalmente los hijos de buenas reatas suelen ser prototipos y tener formas armónicas. Pero los misterios del salto a tras dan a veces sorpresas desagradables. Después en el campo hay que observar día a día el comportamiento y el carácter. Un futuro semental no debe ser brusco, ni alborotador, ni espantadizo. El bueno es el que pasa desapercibido porque tiene costumbres normales y es muy importante fijarse en los andares cuando va calmado o en la forma de correr cuando se les obliga a hacerlo.

Los andares son muy significativos y revelan detalles importantes de su manera de ser y de lo que llevan dentro. Un novillo de andares pausados, seguros, casi majestuosos, es ya una nota alta en cuanto a carácter, si además toma las porteras sin recelo y para colmo es fácil de manejar en los apartados, hay muchas posibilidades de estar ante una fuente de nobleza. Hay que fijarse también en la forma de ir al pienso y si al comer va a lo suyo y no se dedica a importunar a los otros recorriendo cuatro o cinco morriles. También en la observación del pienso se nota si es un animal sano y "agradecido" que va aumentando y creciendo de forma razonable. Esto es muy importante. Un futuro semental debe ser sano y fuerte. Los que "no hacen" seguramente tendrán también crías poco agradecidas. Poco "mantenidas", que se dice, porque dentro de una misma ganadería y en la misma camada se dan animales que comiendo lo mismo unos desarrollan y otros se quedan atrasados.

Los pitones requieren una atención especial. Hay que huir de los erales excesivamente cornicortos o brochos, tanto como de los destartalados. Un semental brocho, gacho o cornicorto, puede cerrarte las puertas a las plazas serias, donde están los grandes éxitos y el buen dinero. Echar una camada pobre de cabeza es resignarse de antemano a lidiar en plazas de segunda o tercera. Los pitones deben estar colocados de tal forma que tengan seriedad sin aterrorizar a los sensibles apoderados que todos le parecen "agresivos", ni tan cómodos que despierten la indiferencia del publico el rechazo de los veterinarios. Últimamente hay que tener un cuidado especial en esto de las cornamentas. Por una serie de razones, como puede ser la falta de calcio o de sales en las fincas o en la alimentación, se dan casos de fragilidad en las astas, siendo frecuentes los escobillados o roturas de las puntas cuando rematan en cualquier parte. Un toro normal y bien armado debe sacar virutas de los burladeros sin que se lastime el pitón.

Luego esta la historia esa del hormiguillo, una especie de polilla o carcoma que hace desmoronarse las puntas hasta quedar mogón y por lo tanto ya no sirven mas que para rejones o festivales. Lo malo del hormiguillo es que se transmite y se contagia con facilidad y tiene muy mal remedio. O por lo menos un remedio a largo plazo muy latoso.

Tomadas esta serie de medidas preliminares vamos a apartar los tres o cuatro erales de mejores hechuras y llevarlos a la plaza donde se hará la prueba definitiva. Ya han aprobado la "educación física". Están bien hechos y sanos. Ahora vamos a ver lo que llevan dentro. A ver cómo reaccionan en la plaza cuando se sienten solos y los llama el picador.

 

El tentadero de machos.  Capitulo tercero

 

En Andalucía se llama tentadero de machos al acoso y derribo a campo abierto, donde los garrochistas lo ponen en suerte al picador entre la querencia natural. Esta modalidad tiene sus partidarios y sus detractores. Actualmente se hace solo en unas cuantas ganaderías andaluzas. No es frecuente en el "resto de España" y únicamente se hace entre los que sin ser andaluces, se dedican a imitarlos servilmente, algún nuevo rico que tiene hijos aficionados a la garrocha y pare Vd. de contar.

Lógicamente, la tienta a campo abierto debería servir para ver los mansos antes de echarlos a una corrida de responsabilidad. Lógicamente, debería servir para evitarle al ganadero el bochorno de las banderillas negras. No cabe duda que hay datos mucho más precisos con esta faena, que para los ganaderos que nos dedicamos simplemente a observar su comportamiento cotidiano en el careo. En la prueba a campo abierto, deberían salir los desechos para lidiarlos en novilladas o echarlos por los pueblos y los cuatro o cinco de comportamiento excepcional que son los candidatos a sementales.

Pero algo debe fallar en este divertimento de señoritos con la garrocha, porque los hechos no corresponden a lo que predican. Si a un ganadero le indultan un toro en una corrida normal por su excepcional comportamiento de bravura y nobleza, es que no lo han visto o no se ha manifestado en el tentadero a campo abierto. De lo contrario estaría de semental. Un toro indultado en la plaza, no deja de ser un fracaso del ganadero, que no se ha dado cuenta de lo que tenia en el campo. O por lo menos no lo ha sabido ver.

Cuando a los numerosos Domecq, desde "Donalvaro" a Juanpedrito, que acosan hasta las vacas suizas, se les hecha un toro de manso en plazas como Madrid, Sevilla o Jerez, o tiene un colectivo fracaso como el de las corridas falleras de Valencia y Sevilla, es evidente que la tienta de machos a campo abierto no sirve para casi nada. Porque esa mansedumbre, esa forma de cobardear, esa envestida corta y violenta, o esa forma descarada de mansear yéndose a tablas o a la mismísima puerta de chiqueros, deberían haberla previsto en la prueba a campo abierto.

Y no creo que los numerosos Domecq, por muy gitanos y muy embaucadores que sean, cometan la insensatez de echar a una feria de postín (y con la televisión por medio) un eral que se ha embrocado con la collera, que se ha salido del corredero, o que se ha defendido o negado a ir al peto. Estos mansos que se les han visto en plazas de responsabilidad. Esos otros toros con peligro cobardón que llevan la marca de los vinateros "artistas" no debieron salir al ruedo si de verdad el tentadero a campo abierto fuera una prueba seria en vez de una diversión de señoritos donde los machos aprenden resabios o sufren roturas de pata o de pitones, por mucho arte y mucho temple que derrochen en la "echá".

También es de sentido común que el que se ha comportado de bandera en una prueba donde tiene todo el campo para huir si de verdad no es bueno lógico seria que al meterlo en la plaza, para hacer lo que ellos llaman la retienta fuera un semental cantado, porque al estar encerrado en una plaza tiene mas posibilidades de disimular sus defectos a de exagerar sus virtudes que en el campo, donde el manso se puede descubrir mucho mas fácilmente que en la plaza y el que de verdad es bravo tiene mas mérito serlo sin tapias ni burladeros.

La práctica nos dice que no es así. A la hora de la verdad, de los cuatro o cinco erales encerrados, solo sirve uno. O como mucho se torean dos. Hay por lo menos tres que se desechan de entrada a las primeras acometidas al caballo, donde ya hacen cosas feas que recomienda darle puerta. Es decir, que toda esa parafernalia de caballistas lanceros a la hora de la verdad no sirve para nada. Lo que cuenta de verdad es la tienta en la plaza, donde el que es bravo hecha el rabo arriba y se deja matar en el caballo. Luego respira, se rehace y toma cien pases en la muleta. He dicho toma la muleta, es decir se la come. Cosa bien distinta a ese dicho entre los ganaderos de ahora: "se dejó dar cien pases".

Eso de se dejó no me vale. Es una situación humillante. No es lo mismo embestir cien veces, pronto, al cite y sin permitir al torero posturitas ni pausas, que dejarse". El toro bravo no puede ni debe ser un sujeto pasivo, dejando la iniciativa al torero. Pero de esto ya hablaremos en el tentadero en la plaza, donde ahora la mayoría prefieren la bondad a la bravura.

 

El Semental, la prueba en la plaza.  Capitulo cuarto.

 

 

El tentadero de machos es lo más serio que se hace en una ganadería. De lo bien o lo mal que se haga depende el futuro de muchas cosas. Por eso hay que organizarlo todo muy bien, empezando por el tiempo que es muy importante para que los erales se comporten con la mayor naturalidad posible evitando disculpas del aire, el agua o el frío. Las fechas aconsejables son los días sosegados del otoño, al terminar la temporada. Así el que se aprueba tiene tiempo sobrado de curarse, reponerse y estar dispuesto a primeros de enero para cubrir las primeras 20 vacas de prueba para ver como liga.

No debe invitarse a extraños o profanos, y no porque esto pueda influir en el juego de los muchachos, sino porque el ganadero y sus allegados deben estar concentrados con los cinco sentidos en lo que pasa en el ruedo. Y no es permisible que alguien se mueva o dé una voz a destiempo. Tradicionalmente se hace la tienta en silencio y sin público. La gente justa que debe estar. Los que tengan alguna responsabilidad, y si acaso media docena de invitados que saben comportarse y no opinan hasta el final.

Particularmente, estoy de acuerdo con esta seriedad y este silencio, Pero no deja de ser un contrasentido que si la lidia del toro se hace ante una ruidosa muchedumbre con música y griterío, Lógico seria que los futuros sementales soportaran la prueba de la forma mas real posible. Lo mas parecido al toro en la plaza. Sin embargo el ganadero arriesga tanto que no son aconsejables los tumultos.

Tampoco cualquier torero sirve para hacer una tienta de machos. Como en todo hacen falta especialistas, profesionales que sepan. Casi los menos indicados son las figuras, entre otras razones porque van contra la idea de torear uno o dos machos y a la menor oportunidad dejan las ramas para echar mano del capote y liarse a dar lances. Antes de torear un macho, hay que sopesar serenamente todo lo que hace de salida y la forma de tomar los puyazos. Hay novillos que salen muy espectaculares y crean un clima triunfalista. Van con brío y alegría al caballo. Pero a partir del tercer o cuarto puyazo bajan el tono o empiezan a hacer cosillas feas, como sonar el estribo, tardear, salirse de la suerte al llegar al peto. Con la figura que ya esta pensando en coger la muleta, es difícil desecharlo y se sigue a ver que pasa, a ver si mejora. Y eso no es. El futuro semental debe de ir de menos a más. Cada vez hay que ponerlo más lejos del caballo y que tenga temple y fijeza y codicia, porque si tiene esas tres cosas en el caballo es casi seguro que las tendrá en la muleta. Torear a un futuro semental después de aprobarle en el caballo es muy distinto a la faena que se le hace a los toros en la plaza.

El torero en la plaza de tientas debe buscar algo más que ligar pases bonitos y cuajar una faena. El torero debe descubrir lo que el novillo lleva dentro. Darle sitio para ver el estilo de la envestida, llevarlo largo en los primeros muletazos para ver el recorrido que tiene. Torearlo de entrada por ambos pitones con una tanda de pases por cada uno, y ya vistas estas condiciones preliminares, comprobar si va "a romper". Es decir, que además de admitir pases aislados tome la muleta con continuidad, codicia y fijeza. Y para eso, es muy importante plantear la faena en los medios, para que no haya querencias ni pases a favor de obra. Así, obligándole a estar en los medios se sabrá si realmente es bravo y aguanta allí la pelea o se raja y va poco a poco abriéndose de la muleta y buscando las tablas donde los de poca casta se sienten mas a gusto y en vez de embestir lo que hacen es ir y venir. A un futuro semental no se le debe torear nunca cerca de las tapias de la plaza. Si tiene bondad y nobleza se dejará torear y puede parecer bueno, paro la verdadera bravura busca los medios y no las tablas.

Superadas las pruebas, queda ya la nota suprema: Abrir la puerta. Y puede ocurrir que se niegue a salir, o lo que es mejor, que después de salir vuelva en busca de la puerta. Si entonces lo vuelve a citar el picador y acude a tomar ese puyazo fuera de todas las previsiones, es que estamos ante un ejemplar fuera de serie. Pero no acaba ahí la prueba del semental. Hace falta que ligue. La mejor tienta es la nota de las crías. Si da un porcentaje alto de aprobadas ya no hay ninguna duda. Si después de haber sido superior en la tienta, luego hecha becerras de desecho es que no vale nada. Lo dicho la mejor tienta son sus productos. Que ligue bien. Como veréis la vida del ganadero está llena de sorpresas apasionantes.

El semental y las vacas

En toda ganadería de bravo estos dos elementos son los dos pilares fundamentales en lo que se basa. Por una parte, están los sementales -el numero de los cuales depende de la ganadería-, son los encargados de mantener la línea de la ganadería, definiendo su tipo y hechuras, y transmitiendo sus características de bravura. Son elegidos, antes de tentaderos, por hechuras y reata, ya que su físico es tan importante como su bravura.
Por otra parte están las vacas de vientre, es decir, las que han pasado la prueba de la tienta, que representan el verdadero patrimonio de una ganadería, ya que cuando queremos calibrar la importancia de una ganadería, no nos fijaremos en el número de toros de saca que tiene, sino en el número de vacas bravas de que dispone. Es criterio generalizado entre los ganaderos que los sementales trasmiten su aspecto físico, mientras que las vaca transmite principalmente las características de bravura: genero, raza, nobleza...
Los sementales son echados a las vacas del uno de enero al veinticuatro de junio, San Juan, cubriendo cada semental de quince a veinte vacas, dependiendo de su edad y los resultados que vayan dando, siendo la cubrición tanto más rápida, cuanto mayor es la edad del macho. El semental tiene vida reproductora plena hasta los diez-doce años, y la vaca hasta los ocho-diez, pasados los cuales se sacrifican o destinan a capeas, y los sementales se lidian en una plaza a puerta cerrada, o se dejan morir de viejo.

Las curas de un toro indultado:

Esta imagen, poco frecuente, corresponde a la cura de un toro indultado en la plaza, que es el toro que por extraordinaria bravura se le perdona la vida, y es llevado a la finca de la que procede para que sea semental. Se realiza una primera cura de urgencia en los corrales de la plaza por los veterinarios, y posteriormente, una vez trasladado a la finca, se realizan cuantas sean necesarias hasta la total recuperación del toro.
No siempre el toro consigue salvar la vida, pues a parte de la perdida de sangre, en ocasiones sufren destrozos en órganos vitales producidos por los puyazos en la suerte de varas principalmente, y que a veces, son irreparables.

 

Vida y costumbres de los sementales.  Capitulo quinto.

 

Lo normal es que cada semental tenga que cumplir con cincuenta vacas. Hay fincas con muchos cercados que se distribuyen en lotes de cuarenta. Son las menos. En otras más modestas y con menos acomodos, al toro le toca cubrir sesenta y hasta ochenta vacas. Hay ganaderos que las tienen todas juntas y echan un semental hasta mayo y otro hasta el día de Santiago que es cuando suelen retirarse. No hay normas generales. Cada cual se arregla con lo que tiene o con lo que puede. Repito que lo habitual son lotes de medio ciento de hembras por cada macho.

A los sementales nuevos se les prueba el primer año con veinte vacas y luego están tres sin cubrir hasta que se comprueba el resultado de las crías. Cuando el toro va viejo, también se le pone un grupo reducido. Normalmente, a los quince años ya están prácticamente agotados. Hay excepciones como "Tejedor" de Arranz que se murió a los 22 años y estuvo cubriendo hasta las últimas. Pero es poco frecuente. Como norma general cuando el toro empieza a envejecer, flojean ya la calidad de sus productos. Por el lógico desgaste, liga peor y sus crías empiezan a sacar más defectos. Un buen semental puede servir desde los cinco o seis años en que se echa definitivamente, después de probar las crías hasta los quince, pero dos o tres años mas en plan residual.

El comportamiento de estos machos como auténticos reyes de la ganadería, es distinto al de cualquier toro de camada, que como sabemos, mueren vírgenes porque no se les deja cubrir a ninguna hembra. Estos toros de la camada que van a morir en la plaza se desahogan masturbándose o montando a los dos o tres más débiles, que hacen de maricones pasivos y suelen dar muy buen juego en la plaza. En cambio, el semental tiene plena conciencia de su rango como si supiera que tiene derecho a un cuidado especial. Y así es. Todos los años antes de ir a sus deberes se les desparasita del pulmón, intestinos, e hígado, luego un choque de vitaminas y ya está listo para los siete meses de "trabajo". Al terminar, a finales de julio, se repite el tratamiento y queda libre para los cinco mese de descanso, en que vive en un cercado separado de los demás "compañeros" o en la cerca de los becerros destetados por aquello de que los viejos y los niños hacen buenas migas.

Es curioso, cómo sin tener calendario, unos días antes de los primeros de enero ya está el semental buscando la portera del cercado de las hembras, impaciente para que le abran y marcharse con su harén. Lo mismo ocurre al final de la cubrición el toro, presintiendo su descanso, empieza también a buscar la portera para que lo separen de las vacas. Como un marido aburrido.

El comportamiento de los sementales con las hembras también tiene sus rarezas, por ejemplo, cuando le echan el pienso no deja comer a la vaca que está cubriendo y sin embargo hay casos excepcionales en que el toro, por galantería, deja una parte del pienso para que como su compañera que casi siempre suele ser una vaca joven. En el celo pasa lo mismo. El toro va en busca de las eralas y las utreras, pero a las viejas ni le hace caso. Las espera. Tienen que ir a buscarlo y a provocarlo. Si en el mismo día salen dos vacas a macho, se da por descontado que se va con la mas joven y desdeña a la otra, que tarda 21 días a volver a tener el celo.

En algunas ganaderías se usa el "recela" que es un eral cuya misión es "provocar" los celos a un semental perezoso o algo frío. Cuando el toro ve al novillo detrás de una vaca se la quita rápidamente. De otro modo a lo peor se quedaba sin cubrir. Pero esto apenas se hace ya. El celo de la vaca puede durar dos días escasos. Suele empezar al atardecer y dura hasta el anochecer del día siguiente. El toro es monógamo a pesar de estar con tantas, nunca cubre dos en el mismo día. Se dedica enteramente a una y cuando se le pasa el celo se va con otra. No va con dos a la vez. Nunca se te ocurra interrumpir a un toro cuando esté haciendo el amor. No lo olvidará fácilmente y aunque los sementales no suelen ser agresivos ni arrancarse en el campo, se le despierta una fijación de odio hacia la persona concreta que le interrumpió el coito y lo perseguirá allí donde lo vea. Sólo a él, aunque con el resto del personal de la finca tenga un comportamiento pacifico.

Historias de sementales pueden contarse miles, pero hay una común a todos. Se vuelven locos cuando ven a una vaca suiza de las que sirven de nodrizas para un becerro huérfano o atrasado o una mansa de pelaje claro. Lo de las suizas es asombroso, deben encontrarlas más atractivas al verlas más opulentas. O será el color blanco. Es el mismo caso de los negros que sienten una atracción especial por las rubias y las nórdicas. Y al parecer éstas por los morenos. El racismo que también se da en los animales, tiene sus excepciones cuando surge el sexo. En eso y en la predilección por las jovencitas se parecen a muchos hombres.

Añojo:
Denominación utilizada para indicar la edad de la res, la cual se le da al becerro cuando deja de ser recental, es decir, cuando ha dejado de mamar, momento en el que es herrado y hasta cumplir los dos años de vida.

 

El Toro bravo en el campo. Nacimiento y ahijado.  Capitulo sexto.

 

De la misma forma que carecen de pudor o de intimidad para el acto sexual y cuando le viene el celo no se esconden de nadie, las vacas eligen cuidadosamente el sitio más recóndito o más abrigado para parir. Como la mayoría de mujeres lo tiene de noche. Coinciden también con las mujeres en los nueve meses de embarazo aunque ya está dicho que en el celo no se parecen en nada. Las vacas soportan la castidad con mas naturalidad que Isabel la Católica en la toma de Granada.

Poco más de un día les dura el celo. Comprenderéis que encontrar una mujer que salga solo un día a al año a machos es imposible. Pero dejemos las "comparanzas" y digamos que las vacas solo paren de pie cuando barruntan algo extraño a su alrededor. Lo primero que hacen es lamer la cría hasta que torpemente se va poniendo en pie. Si una vaca no lame el becerro es casi seguro que se muere si no acude al ahijador a tiempo y le frota la piel con un saco y lo lleva a la lumbre para darle leche o calostros hasta que se endereza.

El becerro lamido busca instintivamente la teta y bebe la leche a tirones hasta saciarse. Después se queda dormido como muerto completamente inmóvil. Puede estar cinco o seis horas seguidas así.

Es entonces cuando mayor peligro corre y cuando más celo pone la vaca en esconderlo. La madre aprovecha ese momento para comer porque no lo hizo en toda la noche y lógicamente está exhausta. Pero lo hace vigilando constantemente el sitio donde ha escondido la cría. Un buen ahijador debe estar pendiente para localizarlo cuando está dormido y colocarle el crotal con el número que va a identificarlo hasta el día del herradero. Y evitar que se metan con él los perros, sobre todo si son extraños en la finca.

Un buen ahijador no debe fiarse nunca de la vaca para localizar al recién nacido. La vaca siempre tratará de engañarlo caminado o señalando en sentido contrario donde lo tiene escondido. El vaquero imita perfectamente el berreito del becerro y esto de resultado con las primerizas que acuden donde lo dejaron a carrera tendida. Pero con las viejas la imitación no vale. Y además hay que andar con mucho cuidado porque cuando la madre sabe que el becerro ha sido descubierto se arranca como una fiera a por el hombre. Sin embargo la vaca brava es quizá el animal más tonto para defender a las crías. Los perros o los lobos se los quitan con mas facilidad que a las mansas.

Sabido es que las yeguas cuando sienten al lobo hacen un corro y ponen en el centro a los potrillos, vuelven ancas y se defienden a coces. Cómo serán de temibles las coces caballares que hasta los toros cinqueños se dejan comer el pienso de los caballos.

Los primeros días de su vida el becerro se pasa las horas durmiendo. La primera semana en solitario donde lo tiene escondido la madre. Después forman tropas y se van todos juntos buscando el abrigo de la solana y allí se desperezan en sus interminables siestas colectivas. Y allí los van a buscar las madres para darles de mamar como iban las madres antiguas a llevarle el bocadillo a la hora del recreo en la escuela.

Afortunadamente las ganaderías todavía no se han inventado las guarderías infantiles y es emocionante ver a una vaca buscando a su hijo cuando este se pierde. Recorre todo el cercado buscando en los sitios más recónditos y berreando lastimeramente. Hay también madres flacas o viejas que apenas les prestan atención porque bastante tienen con sobrevivir.

Cuando a un becerro se le muere la madre hay tres soluciones. O echárselo a la vaca suiza que hay para estos casos. O criarlo a biberón encerrado en un pajar o "doblárselo" a una vaca que se le ha muerto la cría. Aquí es donde se pone a prueba toda la pericia del ahijador. Porque la madre del huérfano rechaza al intruso, salvo las tontas que nunca faltan, el ahijador tiene un buen remedio, desuella el becerro muerto y le coloca la piel bien atada al adoptado. Solo identificando el olor de la piel de su hijo la madre se dejará engañar y aceptará como suyo al extraño.

Normalmente un becerro no necesita mayores cuidados si esta sano y bien ahijado. Pero nunca faltan contratiempos que requieren una minuciosa vigilancia cada mañana y cada tarde. Para ver como van. Lo más frecuente son las diarreas y se da en vacas muy lecheras y becerros muy frágiles.
Hay que inyectarlos rápidamente o se mueren en una semana. Y sobre todo tenerlos a dieta unos días. Otro caso lamentable es el llamado "músculo blanco" que se nota porque anda con rigidez, con las patitas engarrotadas. Lo que llamamos "andares de maricón" y también tiene remedio inyectándolos al notar los primeros síntomas.

Sobre este particular hay puntos de vista contrarios. Por ejemplo al cronista José Antonio del Moral y al torero Ortega Cano son contrarios a todo tratamiento de estos becerros porque les encantaría que de toros salieran a la plaza con esos andares. Pero esto son actitudes minoritarias y los ganaderos siguen vacunando contra el músculo blanco. 

Y así y todo el porcentaje de toros gay es importante. Y son los preferidos de los toreros porque suelen ser muy nobles en la muleta. Ya referimos algunos casos. Aunque parezca mentira un gran numero de toros de bandera de vuelta al ruedo o incluso indultados son maricones.


Recental:
Dicese de la res, macho o hembra, que aun no ha pastado, y por tanto, salvo circunstancias anómalas, se mantiene todavía mamando de la madre. Esta época del recién nacido es aproximadamente durante los ocho meses primeros de vida.

 

 

El destete.  Capitulo séptimo.

 

El acto de separar a los hijos de las madres se llama desahíjo o destete. Cuando el becerro está ya desarrollado, cuando se ve que puede sobrevivir por si mismo, o que la madre esta vieja o agotada, se hace esta faena. Generalmente de dos tandas. Primero, con las crías tempranas y finalmente con las que nacieron más tarde, cuando unos y otros llegan a los siete u ocho meses. Para hacer menos dañina la separación de la leche materna, es aconsejable ponerles una tolva con pienso para que al separarlos sigan comiendo con normalidad.

El apartado se hacia a la manera antigua en varios corrales donde quedaban las madres en una cerca y las crías en otra. A caballo o a pie era muy importante el sabio manejo de las puertas. Ahora casi todo se hace en los cómodos corrales con puertas correderas donde es muy sencillo separar a las madres sin darles una brega innecesaria.

La noche de la separación es quizá la más triste y emocionante de la vida de una finca. Hijos y madre se pasan la noche bramando llamándose unos a otros, como si supieran que ya vivirán separados. Si los corrales están cerca de las casas esa noche no puede dormir nadie. Para mayor seguridad, se dejan en corrales de tapias altas porque esa noche las vacas saltan todo lo que se les pone por delante.

Se llevan las madres lo más lejos posible a una cerca que tenga buena comida para que se entretengan. Pero da lo mismo. Las he visto atravesar dos o tres cercados hasta llegar al corral de los becerros y pasarse la noche entera llamando al hijo. Este dolor de la orfandad dura, casi siempre, alrededor de ocho días. Los becerros no pueden salir del corral, donde comen y beben hasta que se tranquilizan y salen a otra cerca bien tapada donde ya hacen el careo normal.

Sin embargo en todas las ganaderías hay siempre dos o tres casos imposibles, de becerros que se las arreglan para colarse por donde sea y volver con su madre o de vacas que no hay paredes ni alambradas que las detengan. Hay crías que tardan mas de un año en destetarse, prácticamente hasta que a la madre se le seca la leche.

Las vacas sufren más porque tienen que soportar la calentura de las ubres que al no vaciarse se les agolpa la leche y a las más abundantes le sale a chorros de la hinchazón que tienen. Pero no hay mal que por bien no venga porque con esa calentura de la leche salen a toro las que todavía no estaban cubiertas.

Normalizada la ruptura materno-filial, los machos jamás volverán a ver a sus madres, a no ser el que saldrá elegido para semental, que lógicamente se evitará que monte a la madre por los problemas de consanguinidad que acarrea el complejo de Edipo.

Son las crías las que nos dan una desoladora lección del desarraigo de los hijos porque superada la faena de herradero, las añojitas vuelven al cercado de sus madres. Y no les hacen ni caso. Nunca pastorean juntas. Las añojas hacen pandilla con sus hermanas de camada. Con ellas carean, con ellas juegan y con ellas discuten. Si me apuráis creo que no saben cuál es la madre que las crió, y esto se da a lo largo de la vida de todas las hembras. Van en grupos distintos. Por años, por camadas. Veréis juntas a las eralas, a las utreras todas en otro grupo. Hasta que ya se hacen mayores y vuelven a mezclarse, aunque también hasta en esto hay distingos.

Las vacas golosas van siempre aparte. Están a la que salta. Aprovechan la menor oportunidad para brincar a otro cercado que tenga mejor comida. También las mas pastueñas, las mas docilonas las veréis juntas. Como las personas buscan la compañía más adecuada a su carácter.

Pero no deja de ser curioso y decepcionante, que siendo un ganado con una memoria prodigiosa, no se acuerdan de sus madres cuando ya, hechas unas señoritas, vuelven al cercado después de ese acto de presentación en sociedad que es el herradero.

Hablaremos en otro capitulo de la memoria, ya que la hemos mencionado de pasada. Hay ejemplos increíbles de cómo en un momento fugaz en la vida de una becerra se le queda grabado para toda la vida. Os contaré una cosa que me pasó con una vaca de Domingo Ortega en un tentadero, o de la reacción de una becerra criada en la caseta del vaquero que al salir loca del dolor del herradero, tuvo un comportamiento tan lleno de gratitud y de ternura como para emocionar a cualquiera.

En contrapartida y como excepciones inexplicables se dan casos de vacas "olvidadas" que al retentarlas se comportan como si jamás hubieran visto un capote. Inocentonas, siguen el capote y la muleta como si estuvieran vírgenes. Recuerdo una vaca de Garci-Grande que la toreamos tres veces en la plaza de Baltasar Iban y seguía tan tontona como el primer día.


Eral:
Se denomina así al becerro que ha cumplido dos años de vida. A esta edad en los pitones tienen una especie de cáscara denominada "bellota" que entre los dos y los tres años se le desprenden para que se les puedan desarrollar y crecer. A esta edad se lidian en novilladas sin picadores.

 

La vida del Toro Bravo en el campo. Las notas del herradero.  Capitulo octavo.

 

Ya es sabido que el herradero es una de las faenas que requiere mayor atención paciencia. Y riñones. Porque antes cuando se hacia a manso eran necesarias dos cuadrillas de gente brava y con una destreza especial para no acabar molido a golpes.

 

            Ahora todo se ha simplificado y con media docena de hombres bien compenetrados se hace en un santiamén. Los becerros por un lado y las hembras por otro van pasando por los chiqueros hasta llegar a la manga que con una puerta corredera de paso al mueco, al que se le cambia de cabecera y dos poleas con cuerdas para inmovilizar el cuerpo. Así de sencillo.

           El herradero se implantó en 1969. Hace casi treinta años. Fue el resultado de una campaña de prensa contra el fraude de la edad, cuando se lidiaban utreros por cuatreños. Era la época en que algunos críticos defendían la integridad del toro y los derechos del público, no como ahora, que se dedican a crear figuras falsas, y desorientar al público y a consentir el afeitado a mansalva. Fue un mal negocio para los ganaderos que desde entonces tienen que mantenerlos un año más. Pero sale de ojo que cuando salieron los toros con el guarismo del 9 en el codillo y los cuatro años legales, se retiraron "casualmente", a ver que pasaba nada menos que Antonio Ordoñez, El Viti y el Cordobes. Luego ya es sabido que no pasó nada. Que se evitó la trampa de los años, pero al toro se le siguen haciendo perrerías de todo tipo para que sea "menos" toro.

              No vamos a describir por sabidas las labores del herradero. Se le pone la marca de la ganadería, el numero de identificación "personal" en el costillar, el guarismo del año en la paletilla y la señal en las orejas. Además, por si el animalito le quedaban algún trozo de la piel sin quemar, se le coloca la paparruchada del hierro de la Unión o de la asociación, como si no estuviera ya suficientemente identificado con la marca del ganadero, el numero y el año.

              Ya de paso, se aprovecha y se desparasitan, añadiendo además otra inyección a las hembras contra el aborto. Huelga decir que la colocación de los hierros tiene que ser cuidadosa y clara, sobre todo con las hembras cuyo numero debe quedar bien clarito porque hay que bregar con ellas toda la vida y no puede haber confusiones ni en la nota de la tienta, ni en los nacimientos cuando sea madre. Con el pelo del invierno, muchas veces es casi imposible averiguar el que lleva si no se las conoce bien a golpe de vista, porque un buen ganadero no debe necesitar mirar el número para conocer cada vaca.

             Al margen de la faena de ponerle el número, si el ganadero es observador y tiene afición, puede y debe tomar notas que le serán muy provechosas de cara al futuro. Sobre todo con los machos. El comportamiento de cada animal al sentir el fuego o la inmovilidad proporciona suficientes datos para tener una idea aproximada de su posterior comportamiento. Sobre todo en lo bueno y en lo malo que lleva dentro. No es lo mismo un becerro que al sentirse solo en la corraleta, escarba, berrea y recula cobardeando, al que se le arranca contra todo lo que se mueve o al que permanece tranquilo. Las hembras ya se verán con detalle en la tienta, pero con los machos hay que afinar todo lo posible, para ver luego la nota de la madre y saber si puede ir a una plaza importante o a otra de medio pelo.

           Si el becerro toma las puertas sin recelos, si acepta con entereza la chamusquina y sobre todo si sale arrancándose a los perros o se revuelve en busca de los que lo han martirizado, es muy buena señal. Lo bueno es un herradero sin estridencias, sin berreos lastimeros de manso y sin exceso de alborotadores que se meten de patas en la lumbre y forman un guirigay con los hierros para luego liarse as topetazos con todo lo que se les pone delante. Lo bueno es el becerro normal, que no hace cosas feas, que se da cuenta de las putaditas que le están haciendo y lo más que hace es el berreíto de bravo.

            El berreíto de rabia y el cabreo, completamente distinto al lamento del manso que llama a la madre. Luego que salga enterándose seriecito y se vaya al paso y muy fijo donde están sus hermanos con el cabestraje. No es frecuente que los ganaderos tomen nota de los herraderos. Yo lo vengo haciendo desde el primer año cuando herramos ¡cuatro! y se lidiaron en un festival en Burgos, donde actuaron Camino Puerta, Roberto Domínguez, Teruel, Manzanares, El Puno y el novillero Luis Reina. Ese día supe por primera vez en mi vida que un ganadero, aparentemente sereno, puede devolver de los nervios al terminar el festejo.


Herradero:

            Esta faena de campo tiene por finalidad marcar e identificar a cada becerro, mediante la colocación de unas señales en uno de sus costados. Estas marcas se realizan aplicando un hierro candente sobre la piel del becerro, quemándole el pelo, quedando de esta manera, indelebles para siempre. Las señales que se le colocan al becerro son cuatro: La primera es en el muslo, e indica el hierro identificativo de la ganadería; después, se le coloca otro hierro en la penca del rabo, significando si la ganadería es de primera , o sea, pertenece a la Unión de Criadores de Toros de Lidia, o si por el contrario, pertenece a la Asociación de Ganaderos de Reses Bravas, no se le coloca ninguna señal; en la tercera marca, que es aplicada en el costillar, indica el número de orden en que fue herrado, si bien hay ganaderos que tienen otros métodos o sistemas; por último, en la paletilla, se coloca el guarismo, es decir la última cifra del año de nacimiento del becerro.

            El herradero se realiza en invierno, cuando el becerro tiene ocho y doce meses de edad, siempre en presencia de dos representantes de la Guardia Civil y un veterinario, que al acabar el herradero levanta acta.

           Al soltar el becerro, éste va en busca de la madre, de la que fue separado anteriormente, quien le lamerá y hará cicatrizar las heridas, siendo éste el momento en que se produce la confirmación y anotación de lo que ya presentían el mayoral y el ganadero, o sea, de quien era hijo el becerro, pudiendo saber así la reata de éste, es decir, su familia.

 

Aquellos tentaderos.  Capitulo noveno

 

Se aprende mas en una tarde de tentaderos que en una feria entera. Me refiero a una tienta seria con un torero sabio que no tiene porqué ser un figura. A ser posible retirado, con esa madurez reposada de los toreros viejos que estudian la reacción de la vaca antes de dar un paso o un pase. Recuerdo una mañana de agosto donde solo estábamos en la plaza Manolo Escudero, el vaquero y yo. Retentamos unas vacas viejas cuando compramos una parte de la ganadería de Paco Belmonte de Carlos Núñez, cuando tener Núñez era un sueño de cualquier ganadero; y yo tarde un mes en deshacerme de esas vacas conservando solo dos por el simple detalle de ser coloradas. Porque teniendo lo bravo de Arranz no iba a caer en la estupidez de quedarme con una ganadería "de moda" cuando las modas son algo tan pasajero que a estas alturas de los innumerables ganaderos que compraron Núñez, ya no embisten ni los propios Núñez.

       Aquellas vacas viejas y astifinas parecían más grandes en la soledad de la plaza y sin el calor del publico. Pero algunas salieron tan inocentonas y tan olvidadas que el placer de torear era muy superior al que pueda sentirse ante una erala virgen. Hubo un momento que Escudero dio un respingo, tiró la muleta y salió corriendo despavorido. Ni la vaca ni el torero tenían nada que ver con aquella espantada. Es que en uno de los agujeros de la pared había un avispero y cuando estaba citando, Manolo sintió en un brazo el aguijón de una avispa que le produjo un pánico mucho mayor que enfrentarse a la vaca cornalona.

      Otro día en la sierra de Madrid, cerca de Colmenar, estrenaba su ganadería murubeña ese gran aficionado que es Antonio Méndez. Allí estaba nada menos que Gitanillo de Triana, retirado ya hacia muchos años y Rafael Ortega "Gallito". Gitanillo murió poco después, cuando volvía de una fiesta en casa de Luís Miguel. "Gallito sería años mas tarde el que le veía y afeitaba los toros (o así) de El Cordobés. Ver en el campo, en una incomoda plaza cuesta abajo, el embrujo de la gitanería de dos toreros viejos es de los recuerdos que perduran siempre. Como ver a Pepe Luís Vázquez enfadarse un día en Utrera y echarle las dos rodillas al suelo a una vaca de Guardiola. O estar dos días encerrado en la finca de Alfonso Lacave perdida en lo más agreste de los montes de jerez con el gordo, calvo y barrigón de Rafael Ortega que ha sido uno de los toreros más puro y auténtico de los últimos treinta años. Prototipo de lidiador clásico torero profundo al que no le hicieron justicia los críticos de la época (vendidos a Luís Miguel y a Ordóñez) pretendiendo que pasara a la historia como un gran estoqueador cuando siendo un maestro del volapié, tenía mucho más mérito su forma de hacer el toreo autentico. Pero Rafael era gordo, calvo, sin leyendas y sólo podía gustar a los verdaderos aficionados.

      Recuerdo otro tentadero con domingo Ortega y Antonio Bienvenida, cuando Domingo tenía ya cerca de setenta años y toreaba con guantes y los viejos zahones encima de un jersey azul asomando las puntas de una camisa blanca. Llevaba un lacio sombrero gris con las alas caídas y unas gafas de cegato como el culo de un baso. Antonio Bienvenida y yo lo mirábamos absortos como paraba las becerras sin mover más que los brazos y cómo las dejaba en suerte al caballo con un solo capotazo, templado y preciso. Luego le echaba "las bendiciones" que era el acto de supremo dominio, cuando al rematar el capotazo hacía un gesto con la mano y se marchaba andando de espaldas a la vaca, muy despacito, sabiendo que no iba a moverse hasta que no la citara el picador.

      Recuerdo cuando el tentadero era un rito solemne y se guardaban las formas y las normas, cuando llegaba al "Rual" de los Pachecos Parrita y Manolo, dos Santos que ya llevaba encima el sello de perfilerismo decadente que trajo Manolete y yo me escapaba de la escuela y cogía la yegua del prado de la Marquesa y me iba montado a pelo con un ronzal en vez del bocado para que no se enteraran en casa. Y luego los Pachecos no me dejaban torear si no llevaba un permiso de mi padre por escrito. Allí en aquella plaza chica y costanera perdida entre las encinas vi la primera vez a un venezolano desconocido que no llevaba encima más que un jersey raído por donde se colaban los aires helados de antaño. Era Cesar Girón, que esa misma temporada ya se hizo figura. Un torero de casta donde los haya, aunque no encajara en mis gustos.

Poco a poco, a medida que pasaban los años, el campo iba degenerando y las tientas se tomaban mas a chirigota. Sin la seriedad que deben tener estas cosas. Una Semana Santa nos fuimos a vivir a la finca de Manzaneda, un millonario solterón al que llamaban en Salamanca "El Gran Visir". Aquello fue una tormenta. Estaban El Tino de Alicante, El Turia, Rogelio Madrid que luego se hizo artista de cine, los dos Pirri, Parrita de Triana que murió en un accidente al tragarse la dentadura. Tentábamos la ganadería entera y cada vaca era una guerra porque todos queríamos salir a la vez.

      Recuerdo otro tentadero en una finca cercana a Palma del Río donde el ganadero tenia una corte de chavalillos que querían ser toreros y los tenia para todo, para mozo de comedor, para los recados... y decían las malas lenguas que para más cosas cuando se hacía de noche. Allí me llevó Luís Segura que se murió de un infarto toreando en un festival.

      Poco a poco van cambiando el sentido de las tientas. No es lo mismo ver a Pepe Luís o a Rafael Ortega o a Gitanillo que ir, como aquellos tres días en Huelva, con Tomás Prieto de la Cal en "La Ruiza" donde todos estábamos locos por tirarnos a una doncella preciosa y luego resulta que era una putilla que se había traído Tomas desde Madrid para que le calentara la cama.

      Pero de las tientas hay mucho que hablar. Ahí está el secreto de las buenas ganaderías y la verdadera técnica del toreo. Seguiré escribiendo de la técnica de poner a una vaca en suerte y de cuando un día en la finca de Felipe Laffita mis hijas y Julito Aparicio le rayaron con unos cristales el "Mercedes" de Colás Aparicio padre y había que ver y oír al maestro de la Fuente del Berro, invocando a Herodes.....


Tientas de hembras:

Esta faena de campo, dentro de la ganadería de bravo, es imprescindible y fundamental pues de ello depende en gran parte el buen resultado, funcionamiento y productos de la ganadería.
Consiste en "medir" a cada hembra, tanto en el caballo, -viendo la bravura y acometividad-, como en la muleta calibrando su embestida y nobleza.  Para picar siempre se pondrá el picador contraquerencia, es decir, en el punto diametralmente opuesto a la salida de la vaca, en esta situación se coloca a la hembra a la distancia que requiera su embestida, y tantas veces como cada ejemplar se estime oportuno.

 

El criterio de las tientas.  Capitulo décimo

 

 

 Cada maestrillo tiene su librillo, pero en general hay una serie de normas comunes para todos los ganaderos a la hora de aprobar o desechar una erala en el tentadero. Los hay que ya valoran poco la suerte de varas y mucho mas la nobleza en la muleta. Los hay siguiendo el rumbo comercial de los tiempos, buscan mas la suavidad que la bravura, pero cuarta arriba o cuarta abajo todos se mueven por parecidos cánones y lo contrario son ganas de equivocarse. Por muy brava que haya sido una vaca en el caballo no se puede aprobar si llega a la muleta echando la cara al suelo y quedándose corta.

           Del mismo modo, por muy noble y muy cómoda que haya sido para el torero en la muleta, esa vaca debe ir al matadero si le pega un par de coces al peto, si se duele, sale suelta y tardea tonteando en ir a cada puyazo. Se puede tener alguna tolerancia en el caballo si la falta no es grave y la calidad de la embestida es mucha. Porque un semental más alegre puede equilibrar la nota baja del caballo. Pero no es aconsejable tener debilidades que a la larga se pagan. El ganadero debe desechar sin duelo. Ser inflexible y dejar sólo las que superan con clase todas las pruebas.

            Es la única forma de que la ganadería mantenga una línea de regularidad sin caer en esos baches" tan frecuentes que tienen su origen en levantar la mano con las hembras y sobre todo con los sementales.

            Dicen algunos ganaderos que las hembras son sólo vasijas" y que el macho lo pone todo o casi todo. Y no hay tal. La base de la ganadería son las vacas aprobadas con rigor. El semental es el que debe dar el punto. El que debe subir la casta cuando la ganadería ande baja o el que debe suavizar el temperamento cuando hay el peligro de pasar de la bravura al genio peligroso. Pero las hembras son algo mas que una vasija, y no olvidemos que la vaca tiene que ser la madre de un semental. Ya sé que no es lo mismo tentar un Santacoloma que Parladé. Que con este último hay que tener en cuenta que es una casta "fría" que tarde un poco mas en fijarse y romper a embestir. Que muchas veces parecen mansas porque salen distraídas y hasta son abantas.

           Pero una cosa es la tolerancia y otra la norma. Un ganadero de sangre Parladé debe procurar que esas salidas sosotas vayan desapareciendo y que la selección rigurosa vaya ganando en fijeza y alegría desde salida para que tenga un comportamiento normal a medida que se van quitando los desechos. Esta es una labor paciente, como quitarle el vicio de escarbar. Y al cabo de cuatro o cinco años se empiezan a ver los resultados. Hay que ir sólo al aprobado de la vaca completa en todos los tercios. Y si ahora anda la moda de darle mayor importancia a la muleta, a la vista están los fracasos y la degeneración de muchas ganaderías famosas, donde se perdonaban muchos fallos en el caballo o en la envestida alegre que debe tener una res brava.

            La tienta hay que hacerla con seriedad, silencio, con un torero que sepa obedecer lo que se le ordena y sin dejarse influir por nadie a la hora de calificar. Las vacas hay que verlas sin prisas. Darle los puyazos que hagan falta, para ver hasta donde puede ser buena, y si es mala seguirle pegando para comprobar hasta que punto es mala. Hasta donde puede llegar la frontera de los defectos de esa ganadería. Para saber luego que cuando un toro salga malo en la plaza, conocer sus límites. Un toro te puede salir deslucido o mansote, pero no un barrabas ilidiable y cobardón. Y eso se sabe apurando el juego de las vacas malas hasta todo lo que den de sí. No vale eso de ¡puerta vista! para evitar la vergüenza del mal juego.

            La técnica del tentadero es diferente a torear en la plaza. El torero debe comportarse con eficacia y sobriedad en la primera parte de la faena de muleta. Esos seis pases por cada pitón llevándola larga y sometida para que el ganadero sepa como va. Luego ya puede torear a su manera. Mucha mayor importancia tiene ponerla y quitarla en el caballo, donde el picador jamás debe taparle la salida como se hace en las corridas. Soy partidario de que tome lo dos primeros puyazos sin torearla de capa. Luego pararla y fijarla con un mínimo de lances, buscando en cada uno el sitio donde debe quedar. Se coloca en el primer puyazo a una distancia prudencial para que la vaca se entere y sepa lo que le espera en el peto, después se va abriendo y colocando mas lejos hasta que "diga" todo lo que lleva dentro. Es importantísimo colocarla siempre de frente al picador y no de espaldas o atravesada, y sobre todo el torero a partir del segundo puyazo debe estar muy colocado para dejarla en suerte con un solo capotazo. Es muy sencillo, pero casi ninguno sabe hacerlo.

             Cuando la vaca está en el peto, el torero se coloca detrás, la llama y se la lleva andándole hacia atrás sin darle el lance. Cuando llega al sitio indicado por el ganadero le da un capotazo y se marcha al burladero contrario, donde puede estar la querencia de la vaca. Esto de saberse ir es importantísimo, porque si el torero no deja fija la vaca, se la lleva detrás y hay que volver a ponerla en suerte. El capotazo debe ser un recorte por abajo para que la vaca quede "clavada" en el sitio donde debe ir. Y además no hay que precipitarse en sacarla del peto. Cuando mete la cabeza y aprieta hay que dejarla por si se duele o quiere irse. Tentando así, viendo las vacas a conciencia y aprobando solo las buenas, es muy difícil que una ganadería no vaya a mejor en muy pocos años. Hace falta mucha afición, mucha seriedad y no dolerse a la cartera de los desechos. Conozco un ganadero que comenzó con 20 vacas de desecho y al cabo de cinco años ni escarbaban, ni berreaba, ni se iban de la muleta buscando las paredes. La ganadería es lo que quiera el ganadero. El que tiene que empezar por "arrancarse" es el dueño. Mal puede tener casta una ganadería si el ganadero es manso.


Tienta de hembras:

          Una vez visto todo lo necesario en el caballo, se pasa a la muleta y en la cual se analiza su embestida en todos sus matices: fijeza, recorrido, acometividad, repetición, nobleza, etc. En suma raza, casta y clase, en una palabra bravura. Cuando el ganadero la da por "vista" llega la selección y analizando éste sus notas, la hembra queda en el campo como "vaca de Vientre" si su comportamiento ha sido bravo y futura madre del "Toro Bravo" o, por el contrario se desecha y se sacrifica en el matadero.  Esta bella faena campera se realiza cuando la vaca tiene dos o tres años, es decir, de erala a utrera, según el criterio del ganadero. La labor muleteril generalmente la realiza un profesional del toro, en sus distintas categorías de matador o novillero y a su vez sirve a éstos para su entrenamiento y puesta a punto, pues se realiza siempre en época invernal.

 

 

La brega en el campo I. Capitulo once.

 

 

 Cuando veo esos reportajes en el campo con los caballistas (y las garrochas) a galope tendido detrás de una punta de toros, llevándolos de un cordado a otro para que los saquen las cámaras, pasando como un rayo por charcas, regatos, peñas y atajos, pienso que nada más lejos de la realidad campera que esta forma alocada de andar con los toros, con las vacas y los becerros. Precisamente, cuando me pongo a escribir estas líneas, recién anochecido, acabo de comprobar por tercer día consecutivo que tres becerras recién erradas pueden volverte loco si no recurres a la astucia. Mañana habrá que discurrir algo para poderlas encerrar. Hace unas noches, alguien dejó abierta la portera y las tres penitentas cruzaron la carretera de Aldea del Obispo y se metieron en Portugal. En unas tierras de avena de un amigo. Por la mañana, intentaron regresar solas a su querencia natural pero ya había tráfico y después de darle un par de sustos a los coches, atravesaron otra vez la carretera y enfilaron la portera. Detrás de la portera había una furgoneta, una hormigonera y un montón de tubos para las obras de ampliación de la carretera. Las becerras pegaron un espanto y se volvieron a Portugal. Allí están todo el día, enfrente del cercado de las vacas pero sin atreverse a entrar. Tres días seguidos hemos intentado rescatarlas. En cuanto se acercan a la portera y ven el montón de tubos se echan a correr y se refugian en lo más espeso del escobar. Parece como si quisieran hacerse portuguesas, pero sin separarse de sus madres y sus hermanas. Mañana habrá quitar el montón de tubos, echarle dos vacas mansas y no molestarlas más. Basta con dejar la portera abierta y en cuanto se haga de noche volverán solas.

      Échale a esas tres becerras media docena de caballistas con garrochas y todo y no pararan de correr hasta Lisboa. En el campo hay que tener sobre todo calma, todo hay que hacerlo muy despacito. A lo bruto el ganado es mucho más bruto que tú. A la brava son mucho más bravos que tú. Vale más maña que fuerza. Si no discurres, si no eres capaz de engañarlos por las buenas, date por perdido. Hace unos días se puso hecho una fiera Nacho Corvo, el picador de Andrés Sánchez porque venía a embarcar dos toros y no fuimos capaces de encerrarlos. Uno era una malva. Pero el otro tenía siete años, Había hecho ya un viaje y lo desecharon porque tenía una cornada detrás del brazuelo. Lo habíamos metido varias veces en el mueco para curarlo. Y después ya no pudo lidiarse porque nunca fuimos capaces de encerrarlo. Así que notaba el menor movimiento extraño se daba cuenta que íbamos a por él y se perdía. No había paredes ni alambradas capaces de sujetarlo. La última vez se llevó por delante una cerca de malla reforzada con tres filas de alambre de espino. Una de las veces me arrancó de cuajo una puerta del todo terreno. Dentro del coche estaba Pedro Cazas con dos operaciones a corazón abierto. Pedro ya no acabará de un infarto, porque si ese día no se murió del susto ya no se muere nunca. Hace poco, habíamos reforzado la manga de palos y espinos. Pero cuando ya lo teníamos dentro volvió ancas y si no nos quitamos nos lleva por delante. Era media tarde y sobre la marcha discurrimos cerrar la manga para que no volviera a escaparse. En tres horas y media pusimos cincuenta metros de cerca, los palos bien espesos. El toro estaba ya acostumbrado a comer todos los días dentro de la manga. Así que entró con las cabestras, cegado por la gula, sin ver a nadie, y cuando estuvo dentro, cerramos la portera y quedó atrapado. Rápidamente le fuimos haciendo un embudo arreándolo con el tractor y dos jeeps. Se asustó de lo que no esperaba y en un periquete entró en el corral de detener como una exhalación.

 

      Si no hubiéramos discurrido esta argucia, seguiría a sus anchas por esos campos. Si hubiéramos tenido que encerrarlo como en los reportajes de televisión o con la vieja costumbre de los caballos y los bueyes, habría despanzurrado los caballos y arrollando a los bueyes. Hubo que engañarlo. Cuando llegó Nacho el picador, se quedó asombrado de que hubiéramos puesto aquella cerca en tan poco tiempo y tensando las últimas alambres con los focos del coche. Se asombró todavía más de que el toro estuviera encerrado en los chiqueros. Claro que algunos picadores de cubata y cafetería no saben las cosas que pueden pasar en el campo.

      A un toro listo se le puede engañar como a los políticos, echándole de comer, jamás con amenazas, ni a la brava. Mucha paciencia y mucha maña. Y a la menor violencia, es mejor dejarlo para otro rato o para otro día. A un toro cuando se le alborota la chimenea le pasa lo mismo que a las mujeres. Lo mejor es dejarlo en paz. Ni se te ocurra llevarle la contraria. Lo mismo que a las mujeres. Hay que tener una paciencia infinita para que se crean que están haciendo lo que ellos quieren. Que no se sientan dominados, porque el campo no tiene puertas y revientan por donde menos lo esperas.

 

La brega en el campo II. Capitulo duodécimo.

 

  En todas las camadas hay algún animal rebelde y de trato difícil. Son los que no atropan con los demás. Los solitarios. Los huidizos que abandonan la finca y viven ensotados entre la maleza, que comen a salto de mata, que cubren las vacas mansas de los modestos ganaderos vecinos. Hay toros peligrosos que se arrancan cuando menos lo esperes y como en el campo no hay burladeros, puedes estar dos horas encima de una encina o de un fresno hasta que te lo vienen a quitar o hasta que le da la gana marcharse. Toros tontos que no van a comer cuando los demás y cuando acuden ya han barrido el pienso.

      Hay también toros dóciles. La mayoría lo son, en el campo si no les llevas la contraria y mucha gente se admira de ver que te metes entre los pesebres sin hacerte un extraño. Pero siempre hay alguno excepcionalmente manejable que haces con él lo que quieres.

     Hace unos quince años tuve un "Agareno" nº 21, que desde becerro se comportaba con nobleza extraordinaria como si fuera un corderillo. Era el más aventajado, el que nació primero y edemas era el más glotón. A parte de la edad le llevaba a sus hermanos una considerable delantera en cuanto a volumen y trapío. Era el gallito de la camada. Los gallitos suelen ser unos tiranos. Se atraviesan en las porteras, no dejan comer a los demás y están siempre haciendo valer su poder. Hasta que un mal día se confabulan todos y lo matan o lo derrotan. Raro es el año que el llamado "capitán de la manada" no aparece una mañana cosido a cornadas.

      Pero "Agareno" era bondadoso y paciente hasta en el ejercicio de su supremacía. Desde becerro recién destetado se dio cuenta de lo importante que era el saco que llevaba el vaquero cuando iba a echarles el pienso. Y en cuanto lo veía aparecer en el cercado lo seguía como un perrito y hasta le daba hocicazos en la espalda. Descubrimos que no nos hacían falta los cabestros para manejar la tropa de novillos. El vaquero se echaba el saco al hombro, llamaba al Agareno y el novillo lo seguía hasta el fin del mundo. Los demás iban detrás de él, que por algo era el jefe. Aquello era como una pintoresca procesión montaraz. Salía el vaquero con el saco, y Agareno detrás llevándose a toda la camada. Cambiarlos de cercado ya era coser y cantar. Ni un ruido, ni un sobresalto. En un periquete estaba hecho el oficio. Y para desparasitarlos lo mismo, entraban por la calleja en fila, pasaban al corral de retener y tomaban las puertas de los chiqueros sin el menor recelo.

 

      Cuando hubo que embarcar los seis primeros para un festival con picadores estábamos merendando tan ricamente cuando llegó el del camión con las prisas y se puso por ahí arriba cuando le dijimos que todavía no habíamos encerrado. "Y por lo que veo tampoco piensan encerrar porque no veo ni los caballos ni los cabestros preparados".... Déjese de monsergas y vaya colocando el camión que los novillos van a entrar antes de que llegue al embarcadero. Cuando el camionero vio entrar en los corrales al vaquero con el saco y los seis novillos detrás sin dar un ruido se echó las manos a la cabeza, y según supe después se lo iba contando a todo el mundo como lo nunca visto. "Agareno" nº 21 se lidió en Eibar en un festival donde actuaron Ruiz Miguel, Esplá, Campuzano, El pobre Yiyo, Luis Reina, y un novillero de por allí. El novillo fue por última vez cabestro de sí mismo, y encerró sin novedad a sus hermanos. Como era tan dócil creíamos que en la plaza se iba a comportar como un borrico. Una vez mas se demostró que los toros más tranquilos en el campo luego son los más bravos en la plaza. Agareno fue bravo y fijo desde que pisó el ruedo. Le tocó a Luis Reina que le dio tres largas de salida y luego en la muleta tenía tanta nobleza que de buenas a primeras le dio dos tandas de naturales ¡de rodillas! Reina le cortó las dos orejas y el rabo. El rabo me lo traje de recuerdo junto a otro que cortó el Yiyo y estuvieron mucho tiempo colgados en la puerta de la casa del vaquero.

Desde entonces no hemos vuelto a tener un "cabestro" tan bueno y tan manejable como aquel bravísimo novillo que acabó en Eibar.

 

Historias de un ganadero nuevo.  Capitulo decimotercero

 

Cuando el vaquero, dio las mismas voces de todas las tardes, los novillos empezaron a caminar perezosamente. Iba delante "el Revoltoso" como pasaba siempre. Venían de largo, apenas se les veían los pitones o el morrillo al pasar entre los escobares. Siempre era lo mismo: arrancaban desde el Prado del Puente de la Alameda y, al cruzar el regato, se espantaban del agua que les sacaba un brillo azabache a la piel. Y trotaban la cuesta arriba: ¡Presidente, guapo! ¡Extremeño, bonito!.... y ellos, al sentirse nombrados, levantaban el testuz y aligeraban el trote que terminaba en seco al llegar a los "morriles" del pienso.

      Todas las tardes llegaba primero el "Revoltoso", se hundía glotonamente el belfo entre la harina y levantaba el testuz desafiante armando una polvareda fina con el resoplido. Era su manifestación diaria de dictador, de gallito, de la pequeña piara. Al entrar el último, José cogía el saco del pienso y el carretillo, y se iba a sacar las vacas de la Ribera de Valdevillares para que pasaran la noche en el Cercado de la Mora y no estropearan la hierba del valle. Y me quedaba todas las tardes a verlos comer hasta que, aburridos, empezaban a tontear unos con otros, retozones y se iban casi oscurecido hasta el charco de Valdelas-Corralizas a beber el agua templada del anochecer cuando ya empezaban a cantar las ranas.

    Todas las tardes desde que acabo la Feria de Bilbao, los he visto uno por uno. Al principio tenía que esconderme detrás de la tapia para que no se espantaran. Luego perdieron el recelo, menos el numero 12, que es hijo de la "Fallera", y bien tiene a quien parecerse porque vaca mas arisca no la ha parido madre. Por menos de nada te pega un espanto y se mete en lo más espeso del monte. El hijo ya sabe que si se espanta no come y ha terminado por aceptarme cerca, pero sin dejar de echar la cara arriba y estirar las orejas como las zorras.

     Esta tarde cuando el vaquero dio las mismas voces, ellos no sabían que el trotecillo de la merienda iba a terminar tan lejos de los "morriles" del pienso. Se abrió una puerta distinta y entraron en la Calleja de las Matas, pero el camino y la querencia eran la misma de todas las tardes. Y no recelaron nada hasta que sonó el portazo del corral de retener y se vieron encerrados entre cuatro paredes con burladeros. Luego pasaron a los chiqueros, la trampilla del camión, la carretera y, al final una estocada apuntando entre las paletillas....Los habíamos estado engañando cuatro días para que se quedaran asombrados al ver cómo se puede encerrar sin caballos ni cabestros.

     Pero yo sentía un desasosiego infinito desde la noche anterior, desde que supe que el camión llegaría a las siete en punto y ninguno de estos novillos volvería a pisar el "Berrocal". Esta mañana estuve más cerca de ellos que otras veces. Nos hemos quedado a comer carne asada con taramas de fresno en el cauce seco de la ribera por miedo al fuego que ahora arranca al menor descuido. Y mi niño se puso a sacar agua del fondo de la arena. Hizo una charca chiquitita y sacaba la tierra con un camión de plástico que le compramos en el mercadillo de Portugal. Me tumbe debajo del fresno grande a sabiendas que no iba a ser capaz de dormir la siesta, y eso que no hay moscas debajo de los fresnos. Y estaba como tonto mirando el cielo cuando llegó el niño a decirme que le estaba mirando un "toro". Era "el Carabinero", que se puso burlón al borde del barranco como si quisiera también jugar con el camión de plástico rojo. Me daba tanta pena de este último día del animal que ni pensé en el miedo del niño. "Vamos a verlo verás como no te hace nada". Le cogí de la mano y nos acercamos hasta unos pasos del novillo: <<"Carabinero", guapo, pobrecito. ¿Ves como no te hace nada?>>. Y el "Carabinero" nos miró serenamente y se fue al paso en busca de sus hermanos.     El chofer dijo que a las ocho de la mañana estaría en los corrales de Oviedo. He querido que viajen de noche con la fresca para evitarles el sofoco de este agostadero y que estén tranquilos ocho días en los corrales hasta que salgan a la playa de Candas a que los saquen los de la Televisión Francesa con toreros de fama. La última vez salieron del camión a la plaza y eso no deja de ser una crueldad. A estas horas, cuando van por Benavente o León, los estoy recordando uno a uno en la soledad de esta madrugada junto a la vieja chimenea de la cocina labradora donde me enseñaron a querer a las vacas.     Cuando salga a la plaza "Pinturero" nadie sabrá que de chico estuvo a punto de morir de una zurreta y estuvo cinco días en el corral grande echándole bolicas y dejándole con su madre el tiempo justo para descargarle las ubres. Ni que al "Agareno" le falta un cacho de rabo porque si no llegamos a tiempo se lo come un lobo al día siguiente del herradero. Nadie sabrá la historia de estos ocho novillos. Ni el disgusto que me ha dado el número 4 cuando se puso a berrear dentro del camión, pensando que iba a salir manso. Sólo sé que esta noche a "El Berrocal" le falta algo. El vaquero dice que estaba deseando perderlos de vista, porque así queda más terreno para las vacas paridas. Pero yo sé que dentro de unos días cuando los vean en los corrales de Oviedo, me miraran con reproche preguntando por la fuente y los tesos. Y tendré que agachar la cabeza. En el embarcadero estaban unos amigos alemanes que jamás habían visto estas cosas. Y cuando estaban juntos los novillos, antes de subir al camión, me ha preguntado cuál de ellos había elegido para matarlo en el festival.

     Hasta entonces no me había hecho ala idea que el día 8 tendría que montar la espada para acabar con la vida de un animal que he visto crecer día a día como algo de mis entrañas. Es como si te mandaran matar el pájaro que tienes en la jaula del salón desgranando trinos como parte de la familia. Es la primera vez que voy a matar un novillo mío y me ha entrado una congoja que no puedo explicarla.

     Estoy pensando que a lo mejor no soy capaz de salir a torear esa tarde.  Ojala tuviera la suerte que me tocara uno tan bravo como para que le perdonaran la vida. Sería hermoso volverlo a traer al fresno, al regato y la encina. Para que les contara a sus otros hermanos que estuvo una vez con los toreros en una plaza que es puerto y que es playa. Seguramente los primeros días se volvería loco buscando al "Presumido" y al "Revoltoso" y a los que no volverán jamás al regato y la encina, ni a tirarle cornadas vírgenes a los cardos que empuja el aire de abajo.

     Ojala supiera contar las cosas que siento esta noche. Pero me da mucha pena ser ganadero.

     Nota para curiosos: El día del festival no me atreví a hacer sorteo. Que me dejaran el que no quisiera nadie. Y Fue el número 4, hijo de la "Deliciosa", que pensaba que iba a salir manso porque berreaba dentro del camión. Salió tan Bueno que a media faena le di la muleta a Roberto Domínguez y a Julio Robles. Luego lo toreo Ruiz Miguel y al final, todavía le dio unos pases Antonio de Jesús. Se me olvidó pedir el indulto. Pero, como suponía a la hora de matar sentí mucha pena. Me puse tan nervioso que lo pinché dos veces y cuando entró una media delanterilla me fui a la barca de Pepin el de la Rizosa para no mirarlo a los ojos.

 

Alfonso Navalón   

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