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ECONOMÍA TOROS

Cifras año 2.002

Economía de la Fiesta de los Toros:  

Contribución que la fiesta de los toros hace a la economía nacional, no sólo en el aspecto inmediato de la corrida, sino en todos los demás, que afectan a distintas instituciones, estamentos, obligaciones fiscales y personas.

Tres elementos fundamentales intervienen en la economía del mundo del toro: las ganaderías, los toreros —matadores, novilleros y subalternos— y las empresas que gestionan las plazas de toros.

A su alrededor, y no con menos importancia, intervienen también: las concesiones de los distintos servicios anejos a la plaza antes, durante y después de la corrida; los gastos que turistas u otros ciudadanos realizan en torno al hecho en sí de la corrida; aquellos otros dependientes del mundo de la información o de las artes y la cultura y, por último, inevitable, los impuestos de cada uno de los anteriormente citados.

Dejando este último punto en su mero enunciado, pues no es objeto de este artículo la legislación fiscal de distintos países, hay que analizar, al menos por implicados en el negocio que subyace al mundo del toro, quiénes intervienen.

El ganadero cría, indudablemente, en la dehesa ganado de reses bravas, en el que invierte no sólo la extensión de sus tierras, que le dedica, sino el pago de los distintos operarios asalariados de la finca —caporales, vaqueros, mayoral y otros empleados—, de otros profesionales ajenos a la misma, pero cuyos servicios son imprescindibles —veterinarios, en primer lugar, pero también artesanos, braceros y operarios de máquinas, básculas, etcétera, sin olvidar a cuantos intervienen en los herraderos y tientas— y, por último, realiza inversiones en maquinaria agrícola, alambradas, piensos y otros materiales precisos para la cría o explotación agrícola. Sus ingresos proceden de la lógica venta de los toros y novillos para la lidia, y también de la venta de ganado desechado para carne y de los productos de la tierra.  (Ver Economía de las Ganaderías de Lidia)

Los toreros, tanto el matador como los subalternos, dan trabajo a sastres, a quienes fabrican los útiles de torear —ya sean paños o hierros—, a chóferes, mozos de espada y, ¿cómo no?, al apoderado del primero, es decir, su representante. Reciben, lógicamente, a cambio de su trabajo, el matador el dinero que el apoderado ha acordado con la empresa, y los subalternos, según antigüedad, lo que cada cual haya pactado con éste.

El empresario, por su parte, tiene, por un lado, los ingresos por taquilla y, en los últimos años, los añadidos por las retransmisiones de televisión —que aumentan también los ingresos de los toreros— y, por otro, los pagos al ganadero y los toreros, en primer lugar, más el pago a todo el personal de plaza —cuya enumeración es imposible, pero que incluye desde los alguacilillos hasta los matarifes del desolladero, areneros, carpinteros, albañiles y electricistas, mayoral de plaza y un largo etcétera.

Ganaderos, toreros y empresarios contribuyen, también, a la economía de los transportes, tanto por lo que ellos mismos generan —traslado de los toros, de las cuadras de caballos y mulillas, de los mismos toreros y otros profesionales— como por el transporte público y privado que el hecho de una corrida mueve en la ciudad y ciudades más o menos lejanas de donde se celebra.

Antes, después y durante la corrida, los espectadores contribuyen a los ingresos de hoteles, restaurantes, bares y, así mismo, a los de los concesionarios de la plaza, almohadillas, bares, programas. Igualmente, las carnicerías se nutren y comercian con la carne de las reses.

Por último, periodistas, escritores, locutores de radio, fotógrafos, ilustradores, editoriales, periódicos, revistas, pintores, escultores, músicos, abogados y notarios hallan en el mundo del toro recursos e ingresos profesionales nada desdeñables.

No se puede dejar de señalar, además, la generosidad, tantísimas veces demostrada, del mundo del toro en su conjunto en su contribución a causas de beneficencia, ya sea pública, ya con quienes son o han sido sus compañeros.

LAS CIFRAS

El sector taurino en España supone un volumen de negocio total de 1.500 millones de euros anuales, de los que Hacienda recauda aproximadamente el 14%.  Existen 1.500 ganaderías dedicadas a la cria de ganado de lidia.  Y cerca de 12.000 reses mueren cada año en los ruedos españoles (cifras año 2.005).

El mundo del toro no siempre es un negocio de millonarios. Los empresarios que regentan las principales plazas (Madrid, Sevilla, Valencia, Barcelona y Bilbao), y toreros como “El Juli” o Enrique Ponce, representan tan sólo un pequeño grupo de afortunados que de verdad ganan dinero. Pero en España hay un total de 2.950 plazas de segunda y tercera categoría, y esto sin contar las plazas portátiles. La mayor parte de los espectáculos taurinos - cada año se celebra un total de 17.000 - dependen de los pequeños empresarios que regentan estas plazas. Ellos son los que organizan las corridas, las novilladas y los rejoneos en todos los pueblos y pequeñas capitales de España.  El volumen de negocio que manejan estos empresarios es mucho menor que el que se mueve en las grandes plazas, sin embargo, representan la mayoría del sector taurino.

 

Negocio poco rentable

 

Los gastos de un empresario taurino en una corrida en un pueblo oscilan entre los ocho y nueve millones. Los ayuntamientos suelen ofrecer una subvención de tres millones para que las entradas no cuesten más de 3.000 pesetas. Teniendo en cuenta que las plazas no se llenan, los ingresos por la venta de entradas no superan los cinco millones. Es suficiente sumar y restar para comprender lo que supone, en las circunstancias actuales, y en estos espectáculos el gasto añadido de transportar e incinerar los toros y el dejar de recibir medio millón por la venta de la carne.

Pero el negocio taurino no sólo afecta a estos empresarios. Más de 200.000 puestos de trabajo dependen directa o indirectamente de la fiesta nacional. Según explicaba Mariano Aguirre, presidente de la Real Federación de Peñas Taurinas de España, el Gobierno no es consciente de la cantidad de familias que mantiene el mundo del toro: “Hay que pensar que de lo que se está hablando es de miles de puestos de trabajo. Hablamos de los banderilleros, de los picadores..., no de los cuatro o cinco afortunados sino de los que necesitan esas 100.000 pesetas para dar de comer a sus críos.


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