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Nº 3/2005 REVISTA DEL INSTITUTO DE ESTUDIOS ECONÓMICOS - D. Antonio Purroy Unanua et al. INTRODUCCIÓN
I. ANTECEDENTES El toro de lidia actual es una creación relativamente reciente, fruto de la cuidadosa labor llevada a cabo por una pléyade de ganaderos a lo largo de la historia. El proceso a través del cual se ha ido configurando la empresa ganadera, tal y como la conocemos hoy, ha pasado por diversas etapas, según pone de manifiesto el profesor Antonio Luis López Martínez: una primera etapa, de proveedores ocasionales de toros para festejos taurinos (desde el siglo XV), al margen de los circuitos comerciales, que está relacionada con los privilegios que disfrutaban ciertos estamentos e instituciones, y que da lugar a la cría de toros en los lugares próximos a las localidades donde se celebraban los festejos; y una segunda etapa, de vinculación de la ganadería de lidia a las explotaciones agrarias (a partir de finales del siglo XVII y durante todo el siglo XVIII), que coincide en el tiempo con la institucionalización de las temporadas taurinas y con el levantamiento de plazas de toros, lo que aumenta la demanda y el precio de estos (que se multiplicó por cinco entre 1730 y 1800), contribuyendo a que la cría de toros se convirtiera en una actividad rentable para los propietarios de ganadería vacuna. Al finalizar el proceso desamortizador la cría de toros de lidia quedó arrinconada a las tierras marginales, lo que supuso uno de los cambios más importantes de la época en relación con este tipo de ganadería: el inicio de la desvinculación entre las actividades agrícolas y ganaderas, y la aparición del ganadero de lidia puro, es decir, aquel que no comparte la actividad con otras explotaciones agrícolas u otras especies ganaderas. El desarrollo del transporte de los toros en cajones por ferrocarril fue clave para configurar un mercado nacional del toro de lidia, pues posibilitó la mayor especialización geográfica de la cría de toros de lidia, que tiende a concentrarse en un reducido número de provincias (solamente once, y cerca de las dos terceras partes se localizaban en sólo tres provincias: Sevilla, Salamanca y Madrid). Así, la profesionalización de la cría de toros de lidia coincide en el tiempo con la aparición de una nueva clase de ganaderos, vinculada a la burguesía rural, que comienza a entender la cría de toros como un negocio para aumentar sus beneficios. Destacan ganaderos como José Rafael Cabrera y Angulo, José Arias de Saavedra o Juan Domínguez Ortiz, entre otros, pero ninguno lo hizo como gran propietario de tierras, lo que hace pensar que utilizaban las tierras comunales perfeccionando las técnicas de selección de animales reproductores y comenzando a diferenciar entre ganadería brava y mansa. El último paso del proceso de profesionalización de ganaderos de toros de lidia es la creación de una asociación patronal que defendiera sus intereses; esto tiene lugar en el año 1905 con la fundación de la U.C.T.L.
Los ganaderos de bravo son los responsables de que exista el toro de lidia tal y como se concibe en la actualidad, porque durante estos últimos siglos han conseguido transformar un toro semisalvaje en el toro doméstico que hoy conocemos. Este cambio espectacular sólo se puede conseguir con una correcta metodología, mediante la selección y la mejora genética que han cambiado la fiereza indómita del animal antiguo por la bravura controlada del toro moderno; de esta forma los ganaderos han mejorado con brillantez el comportamiento del toro de lidia, consiguiendo un animal actual más bravo y más noble que el antiguo. Los ganaderos de lidia tienen, hoy en día, la obligación de criar un toro que, además de movilidad y fuerza, sea bravo y noble; y los animales verdaderamente bravos son los que tienen en su código genético la orden de luchar con denuedo y que se crecen ante el castigo y las dificultades de la lidia, dando una apariencia de falta de sufrimiento, e incluso de disfrute en los diferentes lances de la prueba, tal y como señala el profesor Antonio Purroy. Pero a lo largo del siglo XX hemos asistido a una dulcificación del temperamento de los toros, que ha sido más acusada en las tres o cuatro últimas décadas, pero, como afirma el profesor Purroy, esto no debería ser a costa de la bravura, ya que no es cierto que si un toro es bravo no puede ser noble o viceversa, porque científicamente se ha demostrado que se pueden seleccionar y mejorar en la misma dirección, la bravura y la nobleza, y existen muchos toros en la historia que han gozado de esta doble condición; además, el verdadero aficionado demanda el auténtico toro bravo con la pujanza y la agresividad que consiguen trasladar la emoción y el riesgo a los tendidos.
II. LA ECONOMÍA DE LA PRODUCCIÓN DEL GANADO DE LIDIA
La explotación del ganado de lidia ha sufrido cambios sustanciales en las últimas décadas, evolucionando desde los sistemas de explotación tradicionales, heredados de padres a hijos, hacia los sistemas de producción que se benefician de las técnicas más modernas de la producción animal actual. La paradoja del cambio es que este tipo de ganaderías suelen ser, con cierta frecuencia, económicamente deficitarias cuando se consideran la totalidad de sus costes económicos reales, en especial el coste de oportunidad de los capitales invertidos y la retribución de la mano de obra propia. A este respecto, el profesor Ruiz Abad analiza los puntos críticos de la rentabilidad de las ganaderías de lidia. Entre los factores de producción destacan el ganado de lidia propiamente dicho, así como la tierra y sus recursos naturales; esta última de importancia relevante, pues la ganadería de lidia precisa de gran superficie per cápita (entre 1-6 hectáreas por animal). El segundo factor de producción es el trabajo o capital humano, que debe estar formado por un personal altamente cualificado y que sepa montar a caballo, con gran afición y dedicación; además, la cantidad de mano de obra es superior a la del resto de las explotaciones animales de características similares (el doble que en el vacuno de carne extensivo), siendo también significativos los empleos eventuales que se generan para determinadas tareas. Por último, habría que considerar las instalaciones para la explotación y el manejo del ganado. Los factores de producción son explotados por la figura
del empresario-ganadero, que suele tener una idiosincrasia muy particular,
pues el manejo de reses bravas exige mucha experiencia, intuición y
sensibilidad para tratar de Dentro del capítulo de los costes, el profesor José Ramón Cabal1ero de la Calle distingue entre los relativos al capital fijo y los del capital circulante. Respecto a los primeros, destaca la amortización, el mantenimiento y la financiación de las construcciones, de las infraestructuras y del rebaño. Por su parte, entre los gastos vinculados con el circulante señala la alimentación, los pastos y las rastrojeras, la mano de obra, la Seguridad Social, los gastos de veterinario y de farmacia, así como los intereses del capital circulante (más del 90 por 100 de estos costes se deben a los capítulos de alimentación y de mano de obra). A estos costes contables habría que añadir los costes económicos equivalentes a la gerencia propiamente dicha y los costes de oportunidad del capital invertido, es decir, los posibles ingresos que se obtendrían si se produjera la venta de la explotación y si el capital obtenido se invirtiera en una entidad financiera. Del conjunto de todos ellos, el profesor Caballero destaca la excesiva influencia de los costes de oportunidad del capital invertido, que se debe, fundamentalmente, al gran valor que en la actualidad tiene el entorno medioambiental en el que se cría y se desarrolla nuestra raza de lidia. La otra cara del análisis de rentabilidad son los ingresos; el ingreso principal procede de la venta de animales de lidia (del orden de la mitad) y de las subvenciones de la Política Agrícola Común (PAC), ya que la venta de animales de desecho sólo supone ingresos marginales. Si se establece la diferencia entre los ingresos brutos y los costes totales de la producción, se puede decir que la rentabilidad económica de la ganadería de lidia, en principio, sería negativa; o, en el mejor de los casos, nula si se incluyen las subvenciones que recibe este tipo de producción, aunque en muchos casos el hecho de no considerar como tales los costes de gerencia y los costes de oportunidad del capital invertido, podría dar lugar a una ficticia rentabilidad contable de la explotación.
No podemos cerrar esta parte de la economía de la ganadería de lidia sin hacer referencia al régimen tributario de la cría del toro de lidia. Si se analiza el trabajo del profesor Javier Martín Fernández, podemos concluir que no existe un régimen fiscal propio de la cría de este tipo de ganadería que la diferencie del resto de las actividades. Entre las disfunciones señaladas hay que destacar que, en el Impuesto sobre el Valor Añadido (IVA), tributan al tipo del 16 por 100 las entregas de ganado no destinado al consumo humano, como es el caso de los toros de lidia, salvo que vayan dirigidos al matadero, con el consiguiente perjuicio para el sector, ya que, en la mayor parte de las producciones ganaderas, el tipo suele ser del 7 por ciento, cuando no inferior por la aplicación de los regímenes especiales de la agricultura en el IVA; y en los espectáculos culturales están sujetos al tipo reducido del 4 por 100. El ganado de lidia no dispone de ningún sistema de apoyo específico dentro de la PAC, pero, como es natural, está incluido en las disposiciones de la OMC vigentes para la carne de vacuno, como señala la profesora Isabel Bardají Azcárate en su artículo. Desde la década de los noventa, la política de apoyo a la agricultura ha ido evolucionando desde un sistema basado en la intervención (vía precios y protección del exterior) hacia otro de ayudas directas (bien por hectárea de cultivo o bien por cabeza de ganado). Este cambio de orientación ha podido beneficiar a las explotaciones de ganado de lidia, ya que siendo sus ingresos menos dependientes del mercado de la carne, se les ha permitido, por un lado, percibir ayudas directas que han ido aumentando, y, por otro, mantener costes de producción más reducidos debido al descenso de los precios de los cereales. En el trabajo de los profesores Francisco Pulido García, Francisco Javier Mesías Díaz y César del Solar Llansó se analiza todo el cambio en el proceso regulatorio desde sus comienzos hasta nuestros días. En este sentido, la regulación actualmente vigente nace con la Agenda 2000, que se basó en la reducción de los precios de mercado, compensando parcialmente a los productores con sustanciales incrementos de las primas, cuya estructura se articula, entre otros, por medio de los siguientes instrumentos: prima por vaca nodriza, prima especial por bovino macho, prima al sacrificio de bovinos y un pago por extensificación de 100 euros por cabeza. En definitiva, existe, en la actualidad, un complejo sistema de primas del que, en su mayoría, pueden beneficiarse las explotaciones de vacuno de lidia por su carácter de sistemas extensivos de producción y en ciclo cerrado, y que, en su conjunto, pueden suponer una parte significativa de los ingresos percibidos por dichas explotaciones: de un orden del 40 por 100, en media, según los cálculos del profesor Caballero. La PAC ha sido recientemente reformada en el año 2003, y en el pasado mes de junio la Comisión Europea aprobó la introducción del pago único (totalmente desconectado de la producción) y que sustituye a la mayoría de los pagos directos concedidos actualmente. Este pago único quedará vinculado, exclusivamente, a que los ganaderos mantengan en buenas condiciones la superficie que deben poseer para percibir dichos pagos: la denominada «condicionalidad». El riesgo implícito de este nuevo sistema de ayudas es el abandono de la producción, sobre todo en las zonas menos productivas (que suelen coincidir con las más desfavorecidas), con los consiguientes efectos perjudiciales sobre el medio ambiente, la ordenación del espacio y el desarrollo rural; por lo que, para evitar esto, se permite a los Estados Miembros la aplicación parcial del régimen de pago único. En España se mantendrán en su totalidad las primas a las vacas nodrizas y al sacrificio de animales jóvenes, y en el 40 por 100 la de sacrificio de animales adultos, comenzando a aplicarse el régimen en enero de 2006. De esta forma, una explotación de ganado de lidia podría beneficiarse de las primas a las vacas nodrizas (en las mismas condiciones que en la actualidad), y al sacrificio de animales en una cuantía próxima al 40 por 100 de los niveles actuales, pasando el resto a un pago único, para el que no será necesario mantener animales, sino tan solo una superficie equivalente al número de hectáreas declaradas en su momento (número de derechos); además, se pueden transmitir esos derechos, e incluso, si se dispone de la superficie necesaria para hacerlos efectivos, adquirir más derechos de pago en el mercado libre. Según la profesora Bardají, estas disposiciones harán que desciendan las ayudas percibidas bajo el nuevo régimen, estimándose reducciones del orden del 10-15 por 100 respecto a los niveles actuales, que pueden -e- incluso superiores en el futuro. III. LA ECOLOGÍA DE LA PRODUCCIÓN DEL GANADO DE LIDIA EN LAS DEHESAS
La dehesa como sistema no es una superposición de elementos independientes: constituye un todo, de tal forma que cualquier actuación sobre alguno de sus componentes tiene repercusión en los demás. La dehesa es un sistema en continuo proceso de cambio y su comportamiento no necesariamente puede deducirse del procedente de los organismos que lo componen, pues dentro del sistema se dan interacciones de muchas clases a través de flujos de energía, materia o información que condicionan la respuesta; como señala el profesor Carlos Hernández Díaz-Ambrona, estos elementos han de tenerse en cuenta para entender y gestionar correctamente este tipo de explotaciones. La dehesa se puede definir como un ecosistema agroforestal (constituido a partir de la vegetación natural por cultivos o herbazales con arbolado) formado a partir del bosque mediterráneo y que constituye la base física de la mayor parte de las ganaderías de lidia, que así se configuran como sujetos activos de la misma. Se estima que en la Península Ibérica hay un área de unos nueve millones de hectáreas de pastizales, de las que alrededor de 300.000 hectáreas están dedicadas a la producción de ganado de lidia por parte de criadores de lidia, siendo las zonas más abundantes el centro de las provincias castellanas y extremeñas, y las occidentales de Andalucía y Castilla-La Mancha. En general, las dehesas se encuadran dentro del clima mediterráneo y se vinculan con suelos pobres, de poco espesor, ácidos o con tendencia a la acidez, y oligotrofos (poco fértiles), donde la escasez de nutrientes implica unas particulares prácticas de manejo, tales como la concentración de recursos escasos, la fijación de nitrógeno o el aporte externo de nutrientes (fósforo, potasio, micro nutrientes, etc.). En una dehesa las operaciones que se destinan a la cría
del ganado bravo se distribuyen en los ámbitos ganadero, Un enfoque complementario nos lo ofrece Pablo Campos Palacín, investigador del CSIC, que introduce el concepto de renta ambiental, señalando que más del 50 por 100 del precio de mercado de una dehesa de toros bravos se puede deber a su renta ambiental auto consumida. En este sentido, un propietario de dehesa suele ser un inversor-consumidor que busca obtener, con su capital inmovilizado, una cantidad de renta de capital en dinero (con origen en las transacciones de los bienes y servicios comerciales) y otra cantidad de renta ambiental auto consumida, no sólo a través del posible disfrute personal, familiar y de otras personas invitadas a la dehesa, sino también a través de la revalorización mayor que puedan alcanzar las fincas con valores ambientales superiores, ya que el toro bravo que pasta en las dehesas tiene una aportación al mantenimiento de las mismas superior al de la ganadería mansa, por lo que sus dehesas muestran un valor ambiental en el mercado superior al precio ambiental de la ganadería mansa. Según Campos Palacín los beneficios comerciales en las dehesas de ganado bravo dan un valor a la hectárea que no llegan a los dos tercios del valor alcanzado por las dehesas de ganado manso; en cambio, sucede lo contrario con los beneficios ambientales de las dehesas de ganado bravo, ya que éstas últimas multiplican por tres el precio de la hectárea de la dehesa con ganado manso. Este proceso se ve favorecido por el hecho de que el precio de la dehesa depende cada día más de sus características como finca de ocio, en la cual un potencial comprador pagaría por disfrutar de la ganadería y de otros aprovechamientos de la dehesa, y por lo tanto, su propietario confía en que si llegara el día en que no tuviera necesidad de realizar el valor de su explotación, previsiblemente habría un comprador que sí estaría dispuesto a pagar por su valor capital ambiental, ya que éste es un bien superior cuya demanda aumenta más según aumenta la renta del país. IV. EL TORO DE LIDIA Y LA SOCIEDAD A lo largo de la historia de España, los argumentos con los que se ha venido combatiendo la fiesta de toros procedían de diferentes ámbitos, y cada etapa de esa historia ha tenido su caballo de batalla, característico y concreto, sobre la conveniencia o no de su permanencia. En los tiempos actuales, según la opinión de Emilio Esteban Gordo, para algunas personas de distintos sectores de la sociedad resulta de gran importancia, como símbolo de falsa modernidad e inconformismo, el hecho de declararse abiertamente anti-taurinos, aludiendo razones de moralidad y de sensibilidad para con los animales. Pero estas críticas son fácilmente refutadas por la fuerte aceptación y seguimiento que tienen los festejos taurinos, en general, y los populares, en particular, por parte de la sociedad española, cuyas fiestas y tradiciones difícilmente se pueden explicar al margen del toro de lidia. Estos festejos populares constituyen uno de de los principales focos de demanda de la producción ganadera, tal y como describe Esteban Gordo en su análisis de los encierros de toros de lidia, sueltas de reses, toros embolados o de fuego y toros enmaromados o ensogados. En esta época, y más concretamente en los tres últimos lustros, la tauromaquia popular ha tomado un impulso relevante, movida por el indudable interés que despierta en la sociedad tanto de los innumerables aficionados practicantes como de los cada vez más numerosos espectadores que acuden a las plazas pagando una entrada para presenciarlos.
El modelo de «tauromaquia de mercado» tiene que ver con un contexto en el que predominan los aspectos más comerciales y de consumo, y es en este sistema donde más deterioro han sufrido las posiciones tradicionales del ganadero de lidia clásico. Se ha pasado de producir el protagonista esencial de la lidia, un animal bravo, agresivo y encastado (en torno al que giraba tradicionalmente todo el negocio taurino) a constituir simplemente empresas de producción auxiliar, secundarias, que deben acomodar su producto a la demanda de un mercado dominado ahora por otros. Como señala el profesor Gómez Castañeda, si los elementos diferenciales con valor económico que ofertaba tradicionalmente a los mercados la empresa ganadera eran la bravura, la casta, la acometividad y la fuerza del toro de lidia, actualmente, en el nuevo contexto del negocio taurino, lo que más valor añade al toro de lidia en los mercados es su docilidad, su manejabilidad, su contribución al lucimiento del torero, su nobleza y su falta de peligro. Así, se podría establecer una doble denominación: los ganaderos clásicos, en sentido estricto, que serían exclusivamente los que hacen de la casta y la bravura del toro su valor profesional y económico fundamental; y los ganaderos comerciales, que serían los que se han adaptado a las exigencias del mercado actual, aceptando su papel subordinado de simples proveedores de toros que les exige el grupo dominante en la tauromaquia de mercado. Podríamos decir que en la actualidad, y desde la segunda mitad del siglo pasado, se ha producido una subversión en el orden económico de la ganadería de lidia en la que muy pocos ganaderos han subsistido empresarial y económicamente, y los que lo han hecho han sido aquellos que han conseguido mantener el prestigio de sus ganaderías en los carteles de las principales ferias españolas o que han sido capaces de soportar las pérdidas en las que este sector se ha acostumbrado desgraciadamente a operar. A modo de recapitulación final podemos citar que una de las propuestas obligadas de mejora ante la incertidumbre del futuro es la que propone el profesor Purroy de hacer permeables las ganaderías de lidia a los aficionados y a las personas interesadas en conocer cómo se cría un toro de lidia. Se trata de mostrar al mundo que la cría del ganado de lidia es una cría natural, en extensivo, y, por tanto, racional y ecológica, y que si esta actividad no existiera habría desaparecido una agrupación racial genuinamente española y, posiblemente, también amplias zonas de dehesa que se mantienen gracias a que en ellas se aloja el ganado bravo. El turismo rural se ha interesado por este tipo de ganaderías que, además de formar a los futuros aficionados, sirven para proporcionar un ingreso adicional a la maltrecha economía de las ganaderías de bravo. En definitiva, hay que huir del aislamiento y del oscurantismo en el que se desenvolvían las ganaderías de lidia hasta hace tan sólo unas pocas décadas para abrirse al mundo exterior y al progreso que todo sector ganadero se merece. El futuro de la ganadería brava se debe asociar al futuro de la Fiesta y el futuro de ésta va a depender fundamentalmente de la existencia del auténtico toro de lidia. Un factor muy interesante de cara a la supervivencia de las ganaderías de lidia es que se ha incorporado a las mismas un plantel de jóvenes ganaderos, muchos de ellos con formación universitaria dentro del campo de la agronomía y de la veterinaria, que están llevando a la gestión de las explotaciones de bravo un nuevo aire, más moderno y tecnificado; estos nuevos ganaderos únicamente pervivirán en esta noble y apasionante actividad si la rentabilidad de sus explotaciones es satisfactoria.
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