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CASTAS FUNDACIONALES

Las castas que han dado origen al toro de lidia actual son cinco : Casta Cabrera, Casta Jijona, Casta Navarra, Casta Vazqueña y Casta Vistahermosa.  el enfoque histórico.

I.- Casta Cabrera : Se ignora de donde procedían estos toros, aunque distintas fuentes apuntan a los campos de Tarifa. Los toros de Cabrera eran de gran alzada, largos, agalgados y por lo tanto de mucho peso; con defensas desarrolladas, ágiles en la lidia y de mucha bravura.
El fundador de la vacada de estas reses cabrereñas fue D. Luis Antonio Cabrera, en Utrera (Sevilla) hacia el año 1730. En 1850 D. Juan Miura adquirió un gran numero de vacas y machos cabrereños. Es por esto que donde hoy se conserva con más pureza la Casta Cabrera es en la ganadería de Miura, donde siguen predominando los toros agalgados, de cuello largo y flexible, y gran alzada.

II.- Casta Jijona : Dicen los historiadores que en La Mancha, en los agrestes Montes de Toledo, pastaban manadas de ganado vacuno en estado salvaje, y que al comienzo del siglo XVII, D. Juan Sánchez Jijón trasladó muchas de estas reses a Villarubia de Ojos, de donde era vecino, y que mediante una esmerada selección consiguió hacer una ganadería brava, la que llegó a gozar de gran renombre. Eran toros de gran tamaño y astas muy desarrolladas, pero su principal característica era el pelo colorado encendido, por lo que a los toros de esta pinta se les denomina jijones. Fue muy famosa esta casta hasta finales del siglo XIX, en que empezó a declinar debido a sus numerosos cruces.

III.- Casta Navarra : La procedencia de estas reses, que en siglo pasado gozaron de un merecidísimo prestigio, se pierde en la más remota antiguedad, aunque parece claro que provenía de las distintas vacadas que pastaban en las montañas de Navarra. De todas las vacadas navarras, ninguna llegó a igualar a la del banquero D. Nazario Carriquiri. Eran toros de pequeño tamaño, colorados, ágiles, duros como rocas y de una bravura indomable. Tienen la cabeza pequeña , son chatos, tienen los ojos grandes y saltones, cuello corto y ancho y cuerpo pequeño.
Daza describe al toro navarro de la siguiente manera : " Aunque son pequeños, en bravura y astucia son demasiado grandes; que los picadores que sin experiencia los ven tan menudos, les llaman torillos de Navarra, pero que después, con el escarmiento llaman señores toros".
En la actualidad existe un numero muy reducido de vacas de esta casta.

IV.- Casta Vazqueña : Con reses de procedencia desconocida, fundó esta casta allá por 1750, D. Gregorio Vázquez, en Utrera (Sevilla). Años después se agregaron reses de Cabrera, que le proporcionaron tamaño y peso. A la muerte de D. Gregorio, su hijo se da cuenta que a su ganadería le faltan las características que debe tener un toro de lidia : bravura y nobleza. Tras numerosas odiseas, decide mezclar su ganadería con la del Conde de Vistahermosa, ganadería de reciente creación pero poseedora de las características que le faltaban a la suya. El señor Vázquez logró que el Conde de Vistahermosa le entregase vacas y machos , que proporcionaron el fruto apetecido. Así, la Vazqueña, junto con la Cabrera y Vistahermosa formaron el trio de castas que acapararon la atención del público.
Los pelos y tipos de la vacada son variados, debido a la cantidad de sangres que participaron en su formación. En general son toros anchos, de muy bonitas hechuras y muy bien encornados. En 1830, a la muerte de D. Vicente José Vázquez, la ganadería se disgrega, adquiriendo el rey Fernando VII la parte más numerosa, que trasladó desde Utrera (Sevilla) hasta Aranjuez (Madrid). Al fallecer el rey en 1833, la real vacada es cedida al Duque de Veragua, quien efectuó cruces con toros jijones. El resto de la ganadería de Vázquez fue adquirida por otros ganaderos y dieron lugar a varias de gran renombre.

V.- Casta Vistahermosa : Fundada por el Conde de Vistahermosa, quien compró a unos ricos labradores de Dos Hermanas (Sevilla) en 1772 el ganado que poseían. Es la casta que mayores y mejores resultados ha dado. De ella proceden la casi totalidad de las ganaderías de toros bravos actuales, con las que se han llegado a formar distintas estirpes (cosa que no ha pasado con ninguna otra) como son las de Murube, Saltillo, Parladé y Santa Coloma, que si bien proceden de la misma rama son morfológicamente diferentes entre sí.
Estos toros daban excelentes resultados en todos los tercios de la lidia. Finos de hechuras, de buena y proporcionada cornamenta, bravísimos, ligeros y de gran nobleza.
En 1821 esta ganadería fue vendida en cinco lotes.

El origen del toro de lidia: las castas fundacionales

 

Todas las ganaderías de ganado bravo de Europa y América tienen su raíz en las conocidas como castas fundacionales.
Lógicamente se ha producido una evolución en esta especie: algunas de las castas se han extinguido con el pasar del tiempo, esencialmente por sus características físicas, y han dado paso a que la crianza de otras se generalice

Cinco son las castas fundamentales, coinciden la mayoría de investigadores, en las cuales tienen su raíz todas las demás. Jorge Laverón, en su libro "Historia del Toreo", recoge las principales características de cada una:

JIJONA.
  Fundada por José Sánchez Jijón. Tuvo sus asentamientos en la provincia de Ciudad Real (Villa Rubio de los Ojos), a orillas del río Guadiana, y en Madrid, en Colmenar Viejo y en la ribera del río Jarama.

CABRERA. Es de origen andaluz, una creación de Rafael José Cabrera. Dio origen a las ganaderías más legendarias de la historia: los Miura. Los herederos de Cabrera, enajenaron la ganadería a Juan Miura, el 4 de noviembre de 1852. El toro de Cabrera era de gran alzada y bravura, de constitución agalgada, de gran poder y dureza de patas. De variadísima capa; iba desde la negra, cárdena, "colorá", hasta la jabonera.

 

 

 



VAZQUEÑA.  Fue fundada por don Gregorio Vázquez. Con estos toros, Fernando VII funda una ganadería a nombre de su cuarta esposa, María Cristina de Nápoles. Fue vendida luego al Conde de Veragua. Estos toros son de tamaño medio, tienen una gran variedad de capas: zardos, jaboneros, negros, cárdenos y castaños. De esta casta procede la Real Vacada de Portugal.
 

 

 

 

 


VISTAHERMOSA.  Es preponderante en la actualidad. El fundador de esta ganadería fue Don Pedro Luís de Ulloa, primer conde de Vistahermosa, en la mitad del siglo XVIII. Está considerada como el prototipo del toro de lidia. Este encaste, después de más de dos siglos de existencia, ha renovado con su sangre, casi la totalidad de las ganaderías españolas y americanas, y por su puesto, las ecuatorianas.
Es de talla mediana, de constitución robusta, de cabeza pequeña y cola y patas finas. Su conjunto es armonioso y extremadamente bello. En el pelaje abunda el negro, el cárdeno y el castaño.
Descendiente de esta casta es la ganadería Ibarra, la cual, a principios de siglo, se dividió en Parladé y Santa Coloma. Parladé se divide en Juan Pedro Domecq y Conde de la Corte. De Juan Pedro Domecq se originan alrededor de 80 ganaderías y del Conde la Corte se derivan 20 ganaderías más.
Del brazo de Santa Coloma se derivan cuatro castas: Victorino Martín, Celestino Cuadri, Lorenzo Fraile y Joaquín Buendía. De este último se derivan a su vez 30 ganaderías más.
 

 

 


NAVARRA.  Se criaban en las Bárdenas Reales. Se distinguen por su pequeña talla, de mucha cabeza, ligero, nervioso, bravo, de embestida incansable. Su pelaje de color castaño, retinto, colorado y negro. Los fundadores fueron Don Francisco Gündulain, de Tudela y Don Joaquín Zalduendo, de Caparroso.

 

 

 

 

 

 

 

 

Casta y castas - (el enfoque técnico-veterinario)


La casta corresponde al genotipo del toro, es decir, a la constitución orgánica, la estructura y la funcionalidad de cada animal y comprende todos los factores hereditarios de sus ascendientes. Se dice que un toro tiene casta cuando posee o demuestra procedencia brava reconocida. Se dice de un torero que tiene casta cuando destaca por su pundonor profesional y se enfrenta con resolución a las dificultades que plantean los animales y a los intentos de superación de sus compañeros de terna. Las labores de cruza y selección de los ganaderos del siglo XVIII permitió establecer un reducido número de castas bravas de características definidas, que son las denominadas castas fundacionales. En la actualidad, el 90% de la divisas existentes proceden todas de una sola casta, la andaluza de Vistahermosa. Las restantes fueron:


Casta navarra. Los toros navarros, hoy inexistentes como tales, fueron toros de sierra, pequeños de tamaño, pero de temperamento tan bronco y casta tan señalada que suplían su falta de trapío con una portentosa acometividad y bravura.
Casta jijona. Reconocible por sus muchos ejemplares de pelo colorao. Todavía hoy se denomina a los animales de este pelaje como toros jijones.
Casta castellana o morucha-castellana, de toros grandes, hermosos y muy duros de lidiar.
Casta andaluza. Según José María de Cossío debería ocupar el primer lugar en consideración por haber sido la que ha logrado el prototipo y epítome del toro de lidia.
Casta cabrera. De gran alzada, cuerpo largo y agalgado, con defensas muy desarrolladas, de la que proceden, entre otros, los ejemplares de Miura.
Casta vazqueña. Fundada hacia 1780 por don Gregorio Vázquez reuniendo los mejores ejemplares de ganaderías castellanas y andaluzas. Adquirida por el rey Fernando VII y, después, por el duque de Veragua, en cuyas manos cobró fama imperecedera.
Casta Vistahermosa. Fundada por el conde del mismo nombre en 1772 es, como hemos dicho, la estirpe de la que proceden la mayoría de las reses que se lidian en la actualidad.

 

Tipos, hechuras, capas y pintas

 

Los toros bravos se clasifican de acuerdo a constantes muy diferentes y a baremos que afectan a muchas de sus características zootécnicas, que han dado origen a una riquísima nomenclatura creada, a lo largo de los siglos, por los vaqueros y mayorales de las ganaderías. Así por su tamaño, por su estampa, por la forma y disposición de la cabeza y la cuerna o por la disposición y tamaño de la cola. Asimismo se reconocen distintos pelos denominados capas o pintas que nombran los pelajes simples o mixtos, así como las particularidades en la cabeza, los ojos y las extremidades.

La apreciación del tamaño del toro, y no de su trapío, es algo relativo y subjetivo porque depende de muchos factores y no se puede medir como en otro animal cualquiera.

Antes de comentar algunos de los factores que intervienen en la apreciación del tamaño, es preciso decir que es ciertamente difícil preparar una corrida para que los espectadores y aficionados no pongan reparos a su presentación. Es muy difícil preparar una corrida pareja, igualada, porque el toro en el campo tiene muchas vistas, muchas actitudes que dependen de los factores anunciados y que a continuación vamos a analizar.

 

El toro en el campo

 

1.- El pelo. Los pelos, las capas negras hacen que los toros parezcan más pequeños porque no rompen su silueta contra la luz del sol. En cambio, las capas claras hacen que los toros parezcan mayores de lo que son por el efecto óptico al difuminarse su color con la luz del sol.

2.- La gordura. Los toros gordos parecen más grandes porque, inconscientemente, las personas que los ven confunden la gordura con el tamaño.

3.- La cara. Este factor es el que más confunde, el que más interesa y más se relaciona. Cuando un toro infunde respeto, da la impresión de estar más cuajado, más hecho, de ser más toro y en definitiva de ser más grande. El respeto de un toro está en función y deriva de tres factores: la forma de la cara, su expresión y la encornadura.

Los que más aparentan son los de cara corta y ancha, de forma triangular y acarnerada, con el hocico remetido hacia adentro. Infunden menos respeto los de cara larga y estrecha.

La expresión la da la mirada, que puede ser agresiva, dulce, apacible. Cuando la mirada es seria hace aparentar más edad.

La encornadura tiene una importancia excepcional y no hay mejor adorno para el toro que una buena cabeza. Aunque el toro sea bonito, si la encornadura es fea, el conjunto se desgracia y afea completamente. Aparentan más los veletos, cornivueltos, apretados arriba o los brochos. Y aparentan menos los muy abiertos, los gachos y los bizcos.

Los toros delgados, o muy delgados, aparentan más cuerna. Y aparentan más cuanto más delgados son; en cambio los gordos aparentan al revés, y por supuesto los cornicortos.

4.- Las hechuras. Están relacionadas con la gordura y con el tamaño; o sea, con la conformación muscular y con la localización de las adiposidades. Llena más el ojo el toro aleonado, aunque sea almendrado, o "culipollo".

5.- La longitud de las extremidades. Es un carácter interesantísimo para calificar el tamaño de un toro; hay que fijarse muy bien si un toro es pequeño porque efectivamente lo es, o porque lo parece al ser más bajo de agujas. Aquí están los murubes y santacolomas. El tipo y la finura suelen corresponder a toros terciados, o que son francamente pequeños, pero esto no es raro porque significa una depuración de la especie.

6. El temperamento. También influye en la apreciación del tamaño, generalmente para confundir, porque no es igual el toro que se alegra, que se estira, que se engalla, que amaga, que ese otro que está tranquilo, que anda despacioso, que no hace caso, que anda encogido. El primero parecerá siempre más toro que el segundo.

Todo esto referido al toro en el campo y aún hay que decir que el ganadero también tiene sus trucos para que los toros abulten más, como es el colocarlos en un lugar más alto, en un lugar despejado, sin hierba alta, sin ningún objeto que sirva de referencia. También prefieren enseñarlos cuando están bien comidos, después de beber, cuando les da el sol de lleno_ y como cada maestrillo tiene su librillo, pues además de lo dicho cada ganadero tiene su cartilla, sus maneras, sus formas y... su retranca.

 

El toro en los corrales

 

En los corrales también influye el pelo, el tipo, el respeto, las hechuras, la alegría, la gordura...

Aquí influyen las circunstancias del lugar, porque en los corrales los toros aparentan mucho menos que en el campo. Y esto ocurre porque como en los corrales se ven con mucha más comodidad que en el campo, pues parecen una manada de burros. Además en los corrales han perdido la prestancia que tienen en el campo, porque se le ve encogidos, acobardados, y además de esto el viaje les influye muchísimo y los estropea a pesar, o quizá por eso mismo, de los tranquilizantes.

En los corrales se aprecia muy bien si la corrida está igualada porque es fácil entrever cuáles son los más grandes, pero siempre dentro de la dificultad que entraña calificar a un toro de grande o pequeño.

Pasan mejor seis toritos iguales que no algunos más pequeños al lado de otros más grandes.

 

EL TORO EN EL RUEDO

 

También influyen, y mucho, la capa, el tipo, las hechuras, la seriedad, la encornadura y el ser más o menos zancudo.  En la plaza también se producen cambios en la estimación del tamaño del toro, porque no es lo mismo la estimación que hacemos a su salida que la estimación que hacemos más adelante en el transcurso de la lidia. Aunque no lo queramos reconocer, es así de cierto: hay varias estimaciones y sobre todo al barbear las tablas se nos hace más pequeño. Y es que, efectivamente, el toro se nos va achicando a lo largo de la lidia porque va humillando y perdiendo prestancia, pero no tamaño.

Todas estas apreciaciones se olvidan y se absuelve al toro de escasa presencia si es bravo y se mueve. Y además es lógico que así sea, porque en la bravura se apoya la razón de ser de la Fiesta, aunque para que la bravura se manifieste en toda su intensidad debe ir soportada por el poder, que es lo primero que debemos exigir al toro, y que es la característica por la cual el toro resiste la lucha hasta el final y que se adquiere con la edad, con la alimentación y con la gimnástica funcional.

Porque a pesar de todo hoy el toro sigue siendo bravo y además se mueve. Lo que esta pasando es el cambio de la conjugación de tres verbos regulares terminados en "ar", o sea de la primera conjugación, que son: parar, templar y mandar por otros tres de la segunda conjugación, por lo tanto terminados en "er", que son: saber, querer y poder. El que sea cofrade que tome vela porque, a pesar de todo, yo sigo en mis trece: ¡¡Siempre sobra toro!!

 

 

José Mª Cruz Ruiz es veterinario y socio fundador de la Asociación Nacional de Veterinarios de Espectáculos Taurinos (ANVET).

 

 

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