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Anecdotario Taurino recopilado por D. Antonio Díaz
Cañabate
Fuente: El Cossio
(Los Toros, Tratado Técnico e Histórico)

Las cosas del
“Gallo”
Toreaba Rafael el “Gallo” en Madrid. En su primer toro hizo, además de su
conocida “espantá”, una de las peores faenas de su vida torera. Llovieron
almohadillas, y el público se hartó de gritarle.
Cuando el “Gallo” decaído por su suerte, volvió junto a la barrera, Vicente
Pastor, que lo apreciaba mucho, se creyó obligado a consolarle. Y así, le dijo,
con tal fin:
- ¡Hay que ver cómo está el público esta tarde, Rafael!... A lo que el “Gallo”
le respondió con viveza:
- Para vosotros, colosal. ¡Ya los he “dejao” a “tos” roncos”
La sinceridad de Curro El cochero
Curro El cochero fue un popular aficionado, de los que acudían a todas las
ferias importantes. Este célebre personaje era conocido por su cambiante actitud
a la hora de juzgar y definir a los toreros. Es por ello, que en cierta ocasión
alababa a un torero, y un amigo le interrumpió:
- Pero, Curro, si hace poco tu decías que era un pelele...
Y Curro respondió sorprendido:
- ¿ Es cierto eso?
- Sí, Curro. No te acordarás, pero es cierto.
- Pues ese día- sentenció Curro- era yo un embustero.
División de
opiniones
Acababan de celebrarse las corridas de la feria de Córdoba. Rafael el “Gallo”
regresaba en el tren a Sevilla. Durante el trayecto, en el pasillo del
coche-vagón tropezó con un amigo que, desde Madrid, se dirigía también a
Sevilla.
Tras saludarse efusivamente, recayó la conversación sobre las corridas de
Córdoba. Fue el amigo preguntando al “Gallo” por la actuación de todos los
diestros que en ellas tomaron parte, así como el juego que había dado el ganado.
Al fin le dijo:
- Y tú, ¿qué tal has estado? ¿Qué opinaba el público de tu actuación? A lo que
el “Gallo” contestó con seguridad:
- Pues, mira, de mí sólo sé decirte que las opiniones quedaron divididas.
- ¿Entre tú y el “Bomba”? – preguntó el amigo.
- No –respondió Rafael--. Que unos se metían con mi madre y otros con mi padre.
Tres glorias
El nombre de “Lagartijo” llena, junto con el de “Frascuelo”, toda una época del
toreo. Dejó en los anales taurinos clasificada con su nombre una media estocada,
porque nadie hubo que la ejecutara con tamaño valor y limpieza.
Se distinguía por
su amistad con el matador, don Francisco Romero Robledo, el famoso político
antequerano. A pesar de la diferencia de posiciones, cultura y educación, los
dos sentían un recíproco sentimiento de afecto.
A menudo el político sentaba a su mesa al ídolo de los toros. Un día, llegada la
sobremesa, don Francisco, arrebatado por el entusiasmo que sentía por el torero,
le dijo:
- Rafael, eres una gloria. ¡Una verdadera gloria! ? ¿Yo una gloria? (replicó el
diestro) ¿Una gloria de qué, don Francisco?
- Del toreo y de Córdoba, Rafael. En tu tierra hay dos glorias indiscutibles: tú
y Gonzalo Fernández de Córdoba.
“Lagartijo” se quedó mirando fijamente sin atreverse a rectificar, y después de
una breve pausa manifestó convencido:
- ¿Yo y Gonzalo Fernández de Córdoba? Usted perdone, don Francisco, pero somos
tres. ¿A dónde me deja usted “ar” Gran Capitán?
¡ Enviadlo a la cárcel!
Las reacciones de los públicos presentes en una
plaza de toros son muy dispares y en ellas influyen una gran cantidad de
factores: las faenas, el tiempo, el ganado...Por ello, a menudo se producen
grandes manifestaciones de fervor popular en una plaza, tanto a favor como en
contra.
En esta ocasión, pasamos a relatar una anécdota
sucedida a Rafael Gómez El Gallo en Valladolid. Antiguamente, se tenía por
práctica habitual anunciar seis toros para dos toreros.
Habiendo matado El Gallo el primero de su lote, no
había tenido el ilustre torero mucha suerte y su actuación había sido más bien
gris. En esto que un espectador comenzó a increparle duramente a la muerte del
toro y gritaba:
- A la cárcel, a
la cárcel con El Gallo...
A lo que Rafael, consciente de que aún le quedaban dos toros encerrados,
respondió:
- A la cárcel...¡ qué más quiesese yo con lo que me queda ahí dentro!
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