por Juan Mouríen
Plaza de Toros de Arles
Estaba escuchando Amina
Alaouí y la Orquesta Andalusí de Tánger, cuando sonó el teléfono: Maestro,
estamos haciendo la programación de la feria de Pascua, y hemos pensado en una
corrida goyesca para el viernes, usted no tendría alguna idea para adornar un
poco la plaza, darle un toque muy especial? Claro Doctor, tal vez le pueda
proponer un fresco para decorar la pista... ¿que le parece? Si, contestó Hubert
Yonnet que era en ese entonces el empresario de la plaza de Arles, pero tendría
que hacer algo que no perjudique a la lidia, es que no quiero que a la hora del
paseíllo, José Tomás, que es algo caprichoso, diga que no se puede torear... No
se preocupe, que yo le voy a preparar algo que quedará para la historia.
Inmediatamente me puse a buscar una idea, es que tenía que
entregar el proyecto el lunes, y éramos a viernes. El disco de música árabe que
estaba escuchando me llevó a través de las arenas rojas del desierto y del
tiempo, mi mente viajó por Andalucía, pasando por Ronda que quise unir con el
pasado romano del coliseo de Arles. De pronto tuve claro cuales eran los colores
que tenía que utilizar, las materias y el toque oriental que quería dar a mi
obra. Curiosamente no me costó ningún esfuerzo concebir la idea, llegó así,
repentinamente, sin que me lo pensara demasiado, creo que porque había llegado
el momento de sacar esto que llevaba muy adentro, y hacer algo con los colores
de mi tierra, los óxidos y los ocres con los cuales pintan las casas desde los
tiempos remotos.
Empecé a pensar que tenía que hacer la obra con materiales
naturales, que se iban
a mezclar con la arena de la plaza, iba a hacer un trabajo en la madre tierra,
donde iban a morir seis toros, en un coliseo dos veces milenario, y lo iba a
hacer con los mismos colores que entrega la tierra, sombra tostada, ocre rojo,
ocre amarillo, negro óxido de hierro. En mi cabeza estaba todo claro, la colonia
romana que fue Arles y cuyo coliseo es mas antiguo que el de Nîmes, ósea el
lugar donde se dan espectáculos taurinos, el más viejo del mundo, encajaba
perfectamente con la idea de corrida goyesca. Ronda por ser la plaza de toros
mas vieja de España me proporcionaba el lazo con España, y la idea de mezclar el
pasado árabe de "Al Andaluz" con la ciudad del emperador Constantino, había
nacido. Solo me faltaba encontrar la idea para crear el fresco.
Primero tuve que pensar en que los toros, están acostumbrados
a un entorno, que cambia radicalmente cuando entran en la plaza, no quería hacer
nada que llamara su atención ni que modificara su comportamiento. Los pigmentos
naturales que elegí no iban a modificar en nada la contextura del terreno. Luego
tuve que pensar en el carácter de los toreros, su tradicionalismo y que estos
tal vez se asombrarían más que los toros al pisar un suelo pintado. Las
zapatillas tampoco tenían que notar la diferencia.
El motivo lo encontré en mi memoria, había visitado con la
edad de siete años la Alhambra de Granada, los colores se habían quedado
grabados en mi mente, 'al hambra' en árabe significa "la roja", solo iba a
reproducir un motivo de sus azulejos, "zelige" en árabe, para llevarla en la
arena de la plaza de mi ciudad.
Definitivamente decidí quedarme con colores de tierra que
recordarían cuan bien encaja la sublime Alhambra en su entorno, con la sierra
nevada en el fondo.
El lunes comenté el proyecto al empresario de la plaza y
este, aunque un poco asustado, aceptó el desafío. Empezaría en crear el motivo
en azulejos de Alhambra, mi obra monumental, con tierras de colores, dos días
antes de la corrida. Llegó el día, y con la ayuda de los amigos de siempre, me
puse mano a la obra, Paco Manuel preparó, bajo mi estricta vigilancia, la
pintura en unos barriles de plástico de cien litros, uno para cada color,
revolviendo constantemente el líquido, cuyo secreto de fabricación aquí no
revelaré, y trayendo la mixtura con regaderas, en el lugar donde nos
encontrábamos
trabajando, mi padre, uno de mis tíos y Banane, otro compañero de infancia. En
dos días habíamos creado el motivo, lo rematamos con rayas rojas y con unos
motivos inspirados en los trajes de torero de la época de Goya. Me subí en todo
lo alto de la plaza, era espectacular! Allí mismo pensé: Ahora te toca la parte
mas difícil... cobrar.
Bien se sabe que el mundo del toro es un mundo sin piedad,
sobre todo a la hora
de pagar, iba a tener que hacerle recordar a la empresa la suma antes
presupuestada, y más difícil aún pedírsela en el acto. Dije a mis ayudantes que
me iba para la oficina del señor y que se prepararan, por si las moscas, con
rastrillos, para deshacer la obra que habíamos tardado dos días en crear. No
hubo necesidad, el señor encantado por nuestro trabajo pagó inmediatamente y ni
el aguacero que cayó sobre Arles aquella noche logró estorbar nuestro prodigioso
trabajo. Habíamos imaginado lo peor, y la pista había sido cubierta con un forro
de plástico.
Al día siguiente aparecí en la portada de los periódicos que
titulaban "La Alhambra de Granada en la plaza de Arles", "Juan Mouiren...
Torero", "El fresco de Mouiren, un trabajo de romano" y decían que un joven
artista, salido de un barrio pobre había convertido la plaza en una obra de arte
efímera, obra que a lo largo de la corrida se iba a transformar con las huellas
de los toros muertos arrastrados y de los pases de los toreros.
Unos días antes, José Guirao poeta arlesino exiliado en
Paris, había escrito el texto mas hermoso:
Juan Mouíren realizará un fresco llamado "Alhambra" en el suelo del ruedo de la
plaza de toros de Arles, poblándolo de estrellas multicolores, reflejos de un
cielo andaluz.
Hace mucho tiempo en Ronda, cuna de la tauromaquia moderna,
se concretó una de las expresiones artísticas más emocionantes que los hombres
hayan jamás inventado; la corrida, que en la tarde del 11 de Abril de 1998
tomará la forma de un poema de fuego y sangre, de vida y muerte, escrito sobre
la arena tatuada de arabescos con óxidos negros y rojos, con ocres rojos y
amarillos.
Con "Alhambra", Juan Mouíren habrá sabido transportar toda
Andalucía en el ruedo arlesino y durante este tiempo de la corrida, los toros y
los toreros van a desplazar, borrar, y volver a dibujar el fresco.
También ellos serán los artistas, recreando un arte
espontáneo y evolutivo.
Ustedes podrán ver unas anchas huellas en las estrellas
andaluces, y hacerse unas nuevas mezclas de colores, y aparecerán algunas formas
sorprendentes.
Cuando todo esté terminado, solo quedarán en sus memorias,
las huellas de un enfrentamiento entre unos toros misteriosos y bellos, y unos
toreros orgullosos y valientes, además de la sangre mezclada a la luz de las
estrellas explotadas.
Se quedará en sus memorias el recuerdo de una pintura bella
como el pase profundo de un torero calmado e inmóvil.
Lastimosamente el público tiene corta la memoria, y en el año
2005, mi idea fue "reinventada" por el costurero Christian Lacroix, usando el
mismo propósito, la misma técnica y el nuevo empresa de la plaza de toros de
Arles, vendió la idea del fresco en una corrida goyesca, como algo nuevo y jamás
visto antes en ninguna parte.
Nadie es profeta en su país.