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TODO LO QUE DEBE SABER UN AFICIONADO

 

Como cualquier espectáculo regulado por unas reglas, para disfrutar de una corrida de toros es necesario conocer al menos las normas básicas y el significado del vocabulario propio de la tauromaquia. Es habitual ver en los tendidos a aficionados explicar lo que ocurre en el ruedo a personas que acuden por primera vez a la plaza. A partir de las preguntas más comunes de los que desean aprender y las respuestas de los que saben elaboramos esta guía que facilitará la primera vez a los que se estrenan en Las Ventas en este San Isidro.

Durante la Feria se crea en torno a la plaza un ambiente especial que sólo se puede entender si se vive. A los aficionados madrileños se unen desde primera hora los llegados de fuera. La sensación de fiesta se percibe en cada calle, en cada restaurante. No es necesario ser taurino para disfrutar de esto -al final y al cabo, ¿a quién no le gusta el rabo de toro?- pero para que el día sea completo, hay que ver la corrida.

Resulta curioso acompañar a los toros a alguien que no sabe nada de esto. Vaya por delante que, para que la experiencia resulte satisfactoria, es necesario que el novato no acuda obligado. Difícilmente despertará su afición si tiene una predisposición negativa hacia la Fiesta. También el maestro influye en el aprendizaje. Es común escuchar a supuestos entendidos sentar cátedra mientras su alumno no se entera de nada. Una buena explicación inicia a futuros aficionados, la mala los echa.

¿Por qué hay dos líneas pintadas en el ruedo?

Entrar con tiempo a la plaza permite apreciar detalles que se escapan cuando se llega con la hora pegada y cientos de personas quieren ocupar su sitio antes de que salga el primer toro. Ya sentados, la primera visión del albero provoca una pregunta clásica. La función de esas rayas -blancas en Madrid, rojas en Sevilla-, pintadas a un tercio del espacio que separa el centro del ruedo de la barrera, es delimitar el espacio en el que deben situarse los picadores a la hora de citar al toro. Aquellos que lleven a su caballo más allá de la línea exterior serán rápidamente abroncados por el público.

 

El paseíllo

El nuevo aficionado debe saber que el 'cuando salen los toreros' tiene nombre. Es el paseíllo, y en él están presentes todas las personas -y los caballos y mulillas- que van a participar en la corrida. Si el debutante en el tendido lo fuera en esa plaza, realizaría los 68 pasos que dura el paseíllo, según José Pedro Prados 'El Fundi', con la montera en la mano. El torero con más años de alternativa se sitúa a la izquierda y el de menos en el centro.

El paseíllo se inicia por orden del presidente -que muestra por primera vez un pañuelo blanco- y tras sonar clarines y timbales. Lo encabezan los alguacilillos, montados a caballo, que además entregan las llaves de los toriles al torilero. La corrida está a punto de empezar.

En ocasiones, justo antes de que salga el toro el público ovaciona al torero. Esto puede ocurrir por varias razones: un triunfo reciente en esa plaza, regreso después de mucho tiempo, reaparición tras una cogida o mostrar respeto antes de, por ejemplo, enfrentarse en solitario a seis astados.

 

¿Quién torea primero?

 

Cuando los tres comparecientes son ya matadores de toros el orden lo establecerá la fecha de toma de alternativa, que no la edad. El de mayor antigüedad abrirá plaza y estoqueará al cuarto de la tarde; el tercero y el sexto serán para el de menor; quedando el segundo y el quinto para el diestro restante. 

La cosa cambia cuando uno de ellos toma la alternativa. En ese caso, el torero más veterano cede el primer toro al novillero que se enfrenta por primera vez a un animal de más de cuatro años -la 'vida útil' del toro de lidia es muy breve, pues el reglamento sólo permite su muerte en la plaza hasta que cumple los seis-.

El nuevo matador adquiere su nueva categoría al recibir una muleta y una espada de manos del más veterano, que ejerce de esta forma de padrino, después del tercio de banderillas. El siguiente torero en antigüedad ejerce de testigo. Después de intercambiar unas palabras y abrazarse, el ya torero inicia la faena. En el mismo momento de la lidia del segundo astado, la ceremonia se repite a la inversa: el confirmante devuelve los trastos a su padrino. El tercer toro corresponderá al testigo. En la segunda mitad de la corrida se recuperará el orden habitual de lidia.

Muy pocos novilleros tienen la oportunidad de tomar la alternativa en Las Ventas. En 2015, sin ir más lejos, no habrá ninguna. En esos casos excepcionales, los toreros no deberán confirmar alternativa, ritual que cumplen todos en su primer paso por Madrid después de recibir su nueva graduación. La ceremonia de confirmación es similar a la de la toma.

 

¿Qué pasa si llueve? ¿Nos devolverán el dinero?

Los espectáculos taurinos en España se celebran en la mayoría de las ocasiones al aire libre y en los meses en que las condiciones meteorológicas son más favorables -de marzo a octubre, aunque algunas localidades programan festejos en febrero y noviembre-. Esto, evidentemente, no garantiza el buen tiempo, por lo que existen unas reglas que prevén la devolución del importe de las entradas si, por culpa de la lluvia o el viento, se decide la suspensión del festejo antes de su inicio. Una vez el primer toro está en la arena, los espectadores no tendrán derecho a que le reembolsen el dinero que hubieran pagado. Si empieza a llover durante la corrida se continuará con normalidad a no ser que el agua deje impracticable el piso.

 

¿Por qué se aplaude al toro cuando sale?

El buen aficionado no espera a que el toro embista para analizar su comportamiento. Es el público de Madrid uno de los más exigentes, no sólo con lo que el animal haga en cada uno de los tercios sino también con su presencia. Si se entiende que el peso, las formas y la cornamenta del toro están a la altura de la primera plaza del mundo -lo que se conoce como el 'tipo de Madrid'- se le ovacionará cuando salga de toriles.

 

La salida del toro

Lo habitual es que el toro pise el ruedo con brío. Su salida natural es hacia la derecha -si es hacia la izquierda se dice que ha sido contraria-. Los subalternos del matador al que corresponde la lidia llaman desde el burladero al morlaco, lo hacen correr. Es muy importante, y está muy 'vigilado' desde el tendido, que el animal no choque contra las tablas, pues debido al ímpetu se puede lesionar.

Mientras observa a su oponente, el torero se va haciendo una idea de lo que se va a encontrar. Capote en mano, llega el primer contacto, en el que prueba por ambos lados -o por ambos pitones- la embestida. Si en estos lances de recibo considera que el toro tiene cualidades intentará el lucimiento, generalmente a la verónica.

 

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Es una de las suertes más complicadas de ejecutar y que más emoción despierta en el público. El torero se sitúa de rodillas enfrente de la puerta de toriles y cita de rodillas al toro. Lo normal es que éste acuda como una flecha, ante lo que el diestro responderá con una larga cambiada. Mejor o peor ejecutada, salir entero del envite ya es un logro.

Si el morlaco no responde al engaño, la cogida es casi inevitable. David Mora fue corneado de manera dramática el 20 de mayo de 2014 y a día de hoy sigue sin poder reaparecer.

 

¿Por qué hay dos picadores si sólo 'trabaja' uno?

 

Con un pañuelo blanco, y el consiguiente toque de clarines y timbales, el presidente ordena la entrada en el ruedo de los picadores. La curiosidad del futuro aficionado no se despertará ahora, sino cuando vea que en cada toro sólo ejerce uno de ellos. El que debe picar al animal se sitúa en el lado opuesto de la puerta de toriles, en lo que se conoce como contraquerencia. El otro, enfrente. Su labor, presencial en la mayoría de las ocasiones, será intervenir si el toro, en su mansedumbre, rehuye el otro caballo y regresa al lugar del que ha salido, su querencia. Junto a él se sitúa un banderillero que debe, con su capote, evitar la embestida.

 

¿Por qué los caballos llevan los ojos tapados?

La suerte de varas puede ser espectacular. No lo será si se enfoca el primer castigo que recibe el toro como un trámite. Es verdad que la vistosidad sólo será posible si el toro se presta a ello pero en muchas ocasiones los matadores abrevian colocando al astado tan cerca del caballo que no se puede apreciar si acude con 'alegría' o si aprieta con toda su fuerza al peto.  El picador siempre ejecuta la suerte desde su derecha y, según el reglamento, queda prohibido "barrenar, tapar la salida de la res, girar alrededor de la misma, insistir o mantener el castigo incorrectamente aplicado". En las plazas de primera es obligatorio infligir al menos dos puyazos, que no son cualquier cosa, pues es complicado acertar en un punto tan pequeño -en todo lo alto- de un objetivo móvil que en el momento crucial arremete contra tu montura. Ah, y los caballos llevan los ojos vendados para que no vean lo que se les viene encima.

 

¿Qué le 'ha dicho' el torero al presidente?

Si el novato está muy atento quizá identifique un gesto que el torero realiza al presidente después de que se pique al toro. Con la mano le pide que ordene el cambio de tercio.

 

Pero... ¿qué es un tercio?

Durante el aprendizaje, el futuro aficionado escuchará palabras que no le suenan a chino pero de las que tampoco conoce su 'significado taurino'. Es comprensible que el entendido que intenta iniciarle en este mundo no caiga en que, además de explicar lo que va sucediendo en el ruedo, debe aclarar algunos términos, como por ejemplo tercio, que es cada una de las tres partes en las que se divide la lidia del toro. Del tercio de varas ya hemos dado cuenta, queda el de banderillas y el de muerte, pero antes hay que responder a otra pregunta.

 

¿Y un quite?

Después del segundo puyazo, el diestro que toreará el siguiente astado al que se está lidiando en ese momento tiene el derecho de realizar una tanda de pases. A veces, si el toro acompaña y el quite ha sido de calidad, éste recibe la réplica del torero al que le corresponde la muerte del animal. Este duelo con el capote genera un clima de rivalidad muy del gusto del aficionado. En la memoria del público de Madrid está la tarde del 23 de mayo de 1996, cuando José Miguel Arroyo Joselito y Enrique Ponce, en la conocida como 'La corrida de los quites', dieron una lección de lo que debería ser este pique cada vez mas inusual.

 

Banderillas

Una vez los caballos se retiran del ruedo llega el turno de los banderilleros. Su labor es una de las más vistosas y puede que también la más peligrosa debido a que son los únicos que se enfrentan con el toro a cuerpo limpio. El objetivo de esta suerte sigue siendo minar la fuerza del animal pero al torero también le servirá para ver por qué lado embiste mejor. Sus tres subalternos se alternarán en los pares -entre los dos toros pondrán dos cada uno- y en el lado por el que entrar, izquierda o derecha.

Lo correcto es que el banderillero cite de frente al toro -previamente colocado en suerte por uno de sus compañeros- y sitúe los palos, al igual que el puyazo, en todo lo alto. En el mismo momento en que comienza la carrera, el resto de peones -o de toreros- estará listo para socorrerle en caso de percance o echarle un capote si después de ejecutar el par el toro le pone en aprietos durante la huida.

Algunos toreros -El Fandi, Juan José Padilla, Manuel Escribano o Antonio Ferrera, por poner algunos ejemplos actuales- se encargan ellos mismos de banderillear. La espectacularidad con la que realizan la suerte hacen que este tercio sea a veces el más aplaudido en los tendidos. Esto no es del todo deseable y hace recelar a los aficionados más puros, que creen que estos matadores ponen las banderillas abusando de su físico y sin ceñirse al patrón clásico de la suerte.

  

¿Qué significan esos aplausos?

La tauromaquia es un espectáculo tan especial que dentro de la plaza puede suceder que algo signifique todo lo contrario que fuera. El 'triple aplauso' de Las Ventas es un buen ejemplo de ello. Desde el mismo momento en que el toro pisa la arena y hasta que finaliza el tercio de banderillas el público expresa su disconformidad con su trapío -apariencia externa, en la que no sólo influye el tamaño, sino también la armonía en las formas y la cornamenta- y/o su comportamiento durante la lidia de esta manera. Por lo tanto, son palmas, no aplausos, y su objetivo final es que el presidente devuelva el toro a los corrales.

 

Cómo identificar a un toro manso

Desde su salida al albero el buen aficionado, al igual que los toreros, escudriña al morlaco. Un toro impecablemente presentado puede ser el más manso de su camada pero eso el ganadero no puede saberlo en el campo. El toro no tiene ningún contacto con los elementos de la lidia hasta el final de su vida. Si lo tuviera recordaría la experiencia y desarrollaría aún más peligro en la plaza. Es algo que ocurre de forma muy excepcional, pero el reglamento permite al "espada de turno" denunciar que "la res que le corresponde ha sido toreada"; en ese caso, "el presidente podrá disponer la retirada de la misma y su sustitución por otra".

 

Hay conductas fácilmente reconocibles en el toro que mansea, como la de buscar las tablas -incluso llegando a saltar al callejón-, rehuir cualquier tipo de pelea, ya sea con el capote o en el caballo, dolerse al sentir el puyazo o las banderillas, o escarbar, conducta que en los dibujos animados precedía a la embestida pero que en la realidad no presagia nada bueno.

Es una obligación del torero saber enfrentarse a este tipo de astado. Un manso, lidiado correctamente, puede desarrollar una buena embestida en la muleta y acabar siendo un toro de triunfo.

 

El significado de los pañuelos

Cuando un toro es tan manso que hace imposible el normal desarrollo de la lidia o sufre un problema físico -que no ha sido detectado por los veterinarios o que se ha producido ya en el ruedo- el presidente debe ordenar su regreso a los corrales. En este caso, la decisión no será transmitida mediante el pañuelo blanco sino con otro de color verde.

 

Rojo: con este pañuelo el presidente decreta que al toro, por no querer embestir al caballo y por tanto no haber sido picado, se le pondrán banderillas negras. La diferencia respecto a la banderilla habitual es que el tamaño del arpón es superior, con lo que se consigue castigar más al toro que ha salido sin picar. 

 

Azul: el astado, después de su muerte, será arrastrado a los corrales por las mulillas después de haber dado una vuelta al ruedo.

 

Naranja: premia la bravura del toro concediéndole el indulto. Para ello debe pedirlo el público y estar de acuerdo el torero y el ganadero.

 

El brindis

Analizadas las aptitudes del toro en los dos primeros tercios, el matador decide brindar o no la muerte del animal. Si considera que se va a emplear en la muleta, se dirigirá hacia donde se encuentra la persona a la que quiere dedicar la faena y le entregará la montera. Cuando el torero desee brindar al público, sus subalternos se llevarán al toro a las tablas mientras él recibe el aplauso de los tendidos desde los medios. La mayoría de toreros tira la montera tras el brindis y se preocupa de que quede boca abajo.

 

¿Por qué en mi pueblo suena la música?

En la inmensa mayoría de plazas de toros hay una banda de música que ameniza el último tercio, siempre y cuando lo que ocurra en el ruedo sea merecedor de ello. En Madrid también la hay y antes de cada corrida y entre toro y toro interpreta pasodobles, pero nunca durante la faena. El motivo es la polémica que surgió entre partidarios de Domingo Ortega y Marcial Lalanda, enfadados los primeros porque durante la actuación de su torero la banda no tocó, cosa que sí había hecho cuando le correspondía el turno a Lalanda. Esto ocurrió en 1939. Desde entonces sólo ha sonado una vez música en una faena en Las Ventas, el 16 de noviembre de 1966, en el último toro de la despedida de los ruedos de Antonio Bienvenida.

 

El natural

Es el pase clave en una faena. Se realiza con la mano izquierda, con el estoque simulado en la derecha. Cuando el pase es ejecutado con la derecha se llama derechazo. La faena no tiene una pauta a seguir y es potestad del torero decidir cómo estructurarla y cuánto alargarla.

Sí hay, sin embargo, un patrón clásico. Lo más común es iniciar con un trasteo de tanteo antes de comenzar una serie al natural o con la derecha. Después de cuatro o cinco pases se remata con un pase de pecho.

La actuación de Juan Mora el 2 de octubre de 2010 en la Feria de Otoño de Madrid es un ejemplo de faena clásica, brillante y breve. El torero madrileño incluso empleó un recurso en total desuso, como es entrar a matar justo al finalizar el último pase.

 

¿Qué suena?

Es un aviso, y es la señal que recibe el torero cuando se cumplen 10 minutos desde que cogió la muleta. Si después de otros tres minutos el diestro sigue sin dar muerte al toro sonará un segundo aviso. Entonces sólo tendrá dos minutos para terminar con su vida. Si no lo lograra, el tercer aviso ordenará la devolución del toro a los corrales.

 

La suerte suprema

Finalizada la faena de muleta es el momento de acabar con la vida del toro. La grandeza del toreo hace que el trabajo realizado hasta el momento sólo sirva si se confirma con la espada. La ejecución de esta suerte es de una dificultad y un riesgo extremo. El torero estará durante unas décimas de segundos a merced de la imprevisibilidad de un animal muy mermado físicamente pero que no ha perdido su instinto salvaje.

Si es prendido o desequilibrado, el matador se encontrará en serios problemas, sin defensa y en manos de la rapidez y la pericia de sus compañeros para quitarle de encima al toro.

Existen varias formas de entrar a matar. La más utilizada es al encuentro, también llamada al tiempo, que consiste en citar al toro y a la vez acudir hacia él. Parecida a esta es el volapié, sólo que el morlaco no se arranca sino que es el torero el que se lanza sobre el animal. En los últimos tiempos José María Manzanares ha recuperado la estocada recibiendo, una suerte que cada vez utilizaban menos matadores y que requiere mucha técnica y un toro que embista bajando mucho la cara, pues es el propio astado el que acude hacia la espada.

 

Diferencias entre apuntillar y descabellar

Cuando el toro no muere de forma más o menos instantánea después de ser estoqueado es el momento de utilizar descabello o la puntilla. El primero lo empuña el torero cuando el morlaco sigue en pie. Con la muleta, y el apoyo de un subalterno con el capote, hace que humille y se lo clava en la nuca. Ejecutar bien la suerte suprema pero errar con este recurso hace perder trofeos. La labor de apuntillar, por su parte, la ejecuta el puntillero, que puede ser cualquier miembro de la cuadrilla, cuando el toro se encuentra echado pero sin terminar de rodar.

 

Trofeos

Lo peculiar del toreo hace de la petición de oreja un momento en el que la unanimidad es complicada. Cada espectador ve las cosas desde su prisma y sus conocimientos. Cuando florecen los pañuelos las miradas se vuelven al palco. Se dice que "la primera oreja es del público" porque si hay mayoría de pañuelos el presidente está obligado a conceder la oreja. La segunda, por mucha presión que reciba, sí que es su potestad. 

 

Para salir por la Puerta Grande de Las Ventas es necesario cortar dos orejas, sirve con que sea una en cada toro. En Sevilla, sin embargo, eso no basta y hay que sumar tres.

El 22 de mayo se cumplirán 43 años del último rabo que se cortó en Las Ventas. Lo consiguió Sebastián Palomo Linares.

Es lo más lógico del mundo que a alguien que nunca ha visto morir a un animal le impresione el final del toro. Ver cómo una agonía se prolonga no es de buen gusto tampoco para el aficionado que lleva toda la vida viendo corridas, por eso se celebra que el torero sepa darle una muerte rápida y digna al oponente con el que se ha enfrentado.

La muerte del toro es algo de lo que no puede prescindir la tauromaquia. En Portugal se celebran las llamadas 'corridas sin muerte', aunque realmente se deberían llamar 'corridas sin muerte en el ruedo', pues el ganado es sacrificado en los corrales de la plaza en un acto sin sentido y que sólo demuestra complejos y cobardía. Es el toro el único animal destinado al consumo humano al que se le da, no sólo la oportunidad de defenderse y de salvar su vida, sino también una existencia de lujo y tranquilidad que ya querrían para sí los pollos, cerdos o vacas que se pueden comprar en cualquier carnicería.


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